Una noche que brotó de lo más profundo por El Búho
El concierto de El Búho en Sala Villanos fue una celebración sonora que entretejió lo ancestral con lo electrónico, la raíz latinoamericana con la experimentación ambiental. En una sala completamente entregada, el productor británico construyó una narrativa musical envolvente, donde cada beat parecía brotar desde la tierra misma.
Desde el primer momento, el ambiente se tiñó de calidez y conexión. Entre luces cálidas y cruzadas en el ambiente, los visuales estarían a cargo de cada quién, casi una proyección individual de la naturaleza, aves en vuelo, ríos, selvas, montañas, muy hacía dentro.
El Búho apareció sonriente, con su característico gesto sereno y cercano. Saludó al público sin mucho que agregar y dejó que la música hablara. El viaje comenzaría.

El inicio del viaje, suave y expectante
El inicio fue suave, casi meditativo, y pronto nos condujo a su álbum Cumbias Imaginarias (2024), un proyecto que reimagina la cumbia desde una perspectiva electrónica, atmosférica y profundamente emocional.
Entre las piezas más celebradas de este tramo sonó La Cumbia del Sapo, Porro del Tucán, La Cumbia del Café Martínez, juegos efímeros y pegajosos que desataron los primeros movimientos colectivos de baile.
Puentes entre paisajes atemporales
Conectó, hizo puente y sobrevoló paisajes sonoros que habitan trabajos como Cenotes (2021), Ramas (2020), Camino de Flores (2018). Mirando el fuego alzó vuelo, donde la cumbia se tornó contemplativa, casi ritual, acompañada por texturas de sintetizadores que imitan el crujir de la madera y el eco de la montaña.
Otro momento clave fue Mar Profundo, una pieza densa y rítmica que encendió la pista con percusiones profundas y líneas de bajo que parecían salir del corazón del bosque del mar. Mañana Tepotzlan, una cumbia etérea y evocadora que suele servir como apertura o transición central.

La red de colaboraciones que cautivan
Más adelante, El Búho desplegó su red de colaboraciones, una parte esencial de su identidad sonora. Los inconfundibles beats de Cumbia Sobre el Mar hicieron poner los pelos de punta y congregar ese momento. También sonó Sierra del Mar junto Alex Serra, un paisaje delicado con cadencias introspectivas, muy a lo profundo.
Se escuchó el poderoso remix de Nada de Lido Pimienta, donde el beat onduló como una marea, sosteniendo la intensidad emocional de la voz de Lido. Se abraza con el explosivo Yo me voy de Son Palenque, que encendió la pista con energía afrocaribeña. La fiesta estalló con Xica Xica, colaboración con Barrio Lindo, que combinó groove electrónico y sabor latino con precisión y alegría.
Durante todo el show, El Búho no dejó de bailar. Lo hacía con una sonrisa serena, guiando al público con gestos suaves. La pista se transformó en una danza colectiva, en una ceremonia constante de celebración y presencia.
El cierre fue emotivo y envolvente, un paisaje entero y efímero, con cantos lejanos y ritmos que se deshacían en el aire. Casi como si todo el concierto hubiese sido un vuelo compartido. El Búho se despidió con gratitud y el público respondió con ovaciones, acababan de vivir algo más que un concierto. La experiencia misma de estar vivos.


