Un joven poeta desafía la feria y las reglas del mercado editorial
En la Feria del Libro de Madrid 2025, entre casetas oficiales, apareció un chico, con mesa plegable y 150 ejemplares de un poemario. Meses después, su apuesta sigue resonando.
El Paseo de Coches del Retiro en mayo es un milimetrado escenario: casetas blancas, editoriales organizadas, escritores, firmas. Este año, 2025, ha existido una escena que no cabía en los planos de organización. Un chico, tras una mesa plegable, con 150 libros apilados y la urgencia de venderlos. Ni caseta, ni sello editorial poderoso detrás, ni permiso oficial. Sólo un título escrito a pulso: Diario de un Dios muy humano, publicado por la Talón de Aquiles.
Kevin Mochales Martín tenía entonces poco más que eso: la certeza de una herida y la convicción de que, para llegar a los lectores, a veces basta con sentarse en mitad del camino. Lo que entonces parecía un gesto desesperado hoy es también un retrato de época: un poeta joven, sin gran campaña, que observa directo al orden férreo de la industria del libro. Decidió que su espacio era, literalmente, la calle. Varios meses después, su poemario ya está en venta oficial. Y Kevin, igual que aquel día, sigue escribiendo desde un lugar incómodo: la intemperie.
Pregunta: Te plantaste en la feria, solo, en una mesa. Sin caseta, sin permiso, sin marca. ¿Fue una decisión pensada o más bien una necesidad?
Respuesta: Diría que fue una necesidad pensada; es decir, me vi en la obligación de tener que vender 150 libros y no tenía redes sociales ni alcance alguno, así que lo único que se me ocurrió fue ir directamente a las masas. Imagine que los lectores se verían atraídos por la idea de participar en la publicación de un libro amateur, y a la vez yo podría ver de forma directa el interés que generaba mi escritura. Lo que buscaba era crear conexiones más puras que no se vieran limitadas por la interacción que proponen las nuevas tecnologías. Las redes son útiles, pero se pierde humanidad en ellas.
P: Describes tu libro como un “refugio para emergencias emocionales”. ¿Qué tipo de emergencias emocionales hay en sus páginas?
R: El libro está escrito para todas las personas que hayan sufrido de crisis existenciales, es un refugio para aquellos que tienen una mentalidad pesimista y no ven sus sentimientos plasmados en ningún lugar. En la sociedad que vivimos se nos exige estar siempre dispuestos a la vida, pero la realidad es que muchas personas no tenemos el deseo de vivirla.
P: ¿Escribes desde la herida o desde la memoria de la herida?
R: Siempre desde la herida. La escritura no es más que el síntoma de una enfermedad. La mente recurre al lenguaje escrito para hacerse notar y dar voz al sufrimiento que experimenta en silencio. Cuando uno deja de escribir, es porque ya no queda herida que sanar.
P: ¿Crees que la manera en la que has vendido el libro es parte de la obra en sí? ¿Hay una dimensión performativa en ello?
R: En un principio pensé en hacer algo performativo, usando máscaras y elementos llamativos. Pero esa idea se desvaneció en cuanto llegué a la feria. Me di cuenta de que el libro tenía un valor intrínseco suficiente como para no necesitar llamar la atención de otras formas. Aun así, puedo ver que ese acto de acercarme a la humanidad de las personas es un reflejo del carácter humano del Dios que presento en mi libro: un Dios que no teme bajar a la tierra y abrazar el sufrimiento.
P: ¿Te ha cambiado como poeta esta experiencia?
R: Me ha cambiado como persona y como poeta. El hecho de ver a las personas interesadas en mi obra me hizo reconocer que tal vez podía ofrecer algo bueno a este mundo. Hasta ese momento siempre había escondido mi poesía por considerarla indigna.
P: ¿Qué papel juegan hoy el riesgo, la desobediencia o el gesto en la poesía joven?
R: Diría que la poesía joven ha sabido plasmar la esencia misma de la poesía: reflejar un instante. Ha entendido que no se trata de métrica ni de excelencia, sino de conectar con algo profundo. Que sea ‘mala’ no significa que no pueda ser bella.
P: ¿Sientes que la industria editorial entiende o acompaña la forma de escribir y publicar de tu generación?
R: Absolutamente no. Las editoriales siguen prefiriendo lo conocido y formal, antes que lo desconocido y rompedor.
P: ¿Qué ha pasado después de la Feria?
R: Después de la feria entendí que debo seguir escribiendo. Comprendí que, aunque no llegue al mayor número de lectores, me basta con que al menos uno lo lea para sentirme satisfecho.
P: ¿En qué estás ahora? ¿Hay un nuevo proyecto en camino?
R: Sí, hay un nuevo proyecto. Se titula En el sótano de Dios, en el que voy a seguir ahondando en la psyche de nuestro creador, para comprender si realmente nos ama o nos ha olvidado.
La imagen de aquel chico con una mesa en el Retiro funciona hoy como imagen de resistencia. Kevin Mochales Martín ha logrado lo que buscaba: vender 150 ejemplares y conseguir que Diario de un Dios muy humano tuviera su hueco en el catálogo de Talón de Aquiles. El gesto fue más grande que la venta y una afirmación de que la poesía todavía puede nacer de la herida, intemperie, desobediencia.


