Malas ideas, el nuevo libro de Carlota Juncosa sobre la historia del grafiti, de la mano de Reservoir Books
Carlota Juncosa publica su nuevo cómic sobre su experiencia con el grafiti, entrevistando a varios artistas de este campo y hablando de una forma más personal e íntima de su experiencia con este mundo.
Malas ideas
En Malas ideas, Carlota Juncosa mezcla su experiencia personal en el mundo del grafiti, viajando a su adolescencia y a esa forma rebelde de ver el mundo. Además, a través de sus dibujos, presenta a diferentes artistas del mundo del grafiti que le marcaron.

Mediante entrevistas a estos grafiteros y su propia vida, Carlota habla desde una voz íntima, visible y reivindicativa sobre una parte de la historia que teníamos olvidada. Todo a través de unos dibujos con una personalidad propia y rebelde.
Pregunta: ¿Cómo y cuándo surgió la idea de crear Malas ideas?
Respuesta: Cuando saqué mi primer libro, en 2017, que eran unas entrevistas a Carmen de Mairena, yo a lo que estaba acostumbrada era a hacer fanzines. Eso lo veían cuatro gatos y ya está.
Con ese libro tuve mucha exposición mediática, que no me esperaba tanto. Después sentí la necesidad de volver a mi historia, de dónde salgo yo. El hecho de verme tan expuesta me hizo sentir muy cuestionada en muchas cosas. Entonces necesite ir para atrás y verme a mí misma.
El mundo del grafiti
P: ¿Qué significa para ti el mundo del grafiti?
R: Es un mundo muy lejano ahora mismo. Fue una vivencia que tuve hace tantos años que ahora ya se ha quedado como una idea que a veces puedo romantizar un poco más o menos. Pero sí que fue mi palanca de salida de la niñez, de la adolescencia. De vamos a ver qué es esto de estar en el mundo con otras personas que no sea mi familia.
Ese momento en el que te enfocas más en amistades. Para mí, ese momento fue importante porque me sentí identificada con algo, sentí que pertenecía a algo más grande que yo, que no era mi familia.
Ahora lo veo más como una expresión artística que está en el límite de lo que es legal y lo que no.
Más como un objeto de estudio y de reflexión de qué es lo que está tocando el grafiti para que sea ilegal después de tanta versión, más que algo personal. Por eso creo que Malas ideas está dividido en esta parte más autobiográfica del choque con el grafiti, de entrada con el grafiti, después tiene esta parte de entrevistas para comprender más el fenómeno, y una parte en la que yo siempre reflexiono sobre él.
La historia del grafiti
P: En esta parte de las entrevistas, también cuentas la historia del grafiti. ¿Cómo querías enfocar esto en Malas ideas?
R: Fue un periplo. Esto fue en el 2017 que empecé y ya estamos a 2026, ha llovido mucho. Al principio, lo que hacía era muy ensayo puro y duro, pero al final tengo la idea de que lo que pensamos o lo que creamos, lo que producimos o cómo estamos en el mundo, viene mucho por nuestras vivencias. Para mí era muy importante revisar el tema autobiográfico para entender también de dónde vienen estos pensamientos, de dónde vienen los cuestionamientos que tengo.
P: En el mundo del grafiti también hay un sentimiento de colectividad, de pertenencia a un grupo. ¿Cómo quisiste enfocar esto en el libro?
R: Sí, porque cuando eres adolescente creo que todo el mundo necesitamos pertenecer a algo. Cuando eres niña ni te lo cuestionas, ya sabes quién es el grupo, es la familia. Pero en el momento este de crisis con la familia es importante poder encontrar un lugar con el que te identifiques, al que pertenezcas.
En mi caso, tenía mala relación con la autoridad porque era una figura que siempre tenía la sensación de que me estaba diciendo “lo tuyo es provisional, pienses lo que pienses estará mal”. Porque tienes que crecer para entender cosas o tienes que estudiar para algo. Una mirada muy exigente.
Entrar en el grafiti para mí supuso tener una base fija y, desde ahí, poder empezar a vivir, a experimentar las cosas como un yo entero. Eso me daba una sensación de seguridad muy grande. Luego vi que no era así, que es igual que en todas partes.
Reivindicación
P: Como vemos en Malas ideas, este sector está muy masculinizado, hay pocas mujeres. ¿Crees que esto ha cambiado con los años o sigue parecido?
R: No tengo ni idea porque hace 20 años que no pinto. Esto fue desde los 17 hasta los 22 ahora tengo 41. Yo entiendo que sí, que se ha feminizado, porque ahora hay muchas más mujeres en todos lados.
Creo que el grafiti no es algo separado de lo social, sino que tiene que ver con la sociedad en la que nos encontramos.
El grafiti puede estar tan feminizado como otras áreas que en la sociedad no lo estuvieran antes y ahora sí. También es el momento. Si ves el cine de los 90 o los 2000, la mentalidad era otra absolutamente. Entonces la base de la que se partía era otra.
Una evolución
P: ¿Cómo fue tu evolución, el pasar de pintar grafiti a dibujar cómic?
R: Di muchos tumbos. Yo estudié diseño gráfico, después dejé de dibujar de todo absolutamente. Cuando acabé la carrera de diseño gráfico ya había dejado de pintar. Me pasé sin dibujar bastantes años. Me metí a estudiar filosofía y entonces, ya a mitad de carrera de filosofía, noté que me faltaba algo. En 2012, cuando ya tenía más de edad, empecé a dibujar, a darme permiso para dibujar. De ahí salieron los primeros fanzines.
De pequeña había leído cómics porque tenía unos vecinos que eran muy simpáticos y a veces me dejaban algún cómic, pero no volví como a leer más. Después, cuando empecé a hacer fanzines, volví a leer cómics. Las historias, la estética más indie, americana, alternativa japonesa que no es manga, sino que explican cosas más cotidianas, que explican cosas más reales. Eso me cuadraba más y me da espacio para contar lo que yo quiera, que es el final para qué hago esto, para tener una visión más amplia de lo que va pasando.
El proceso creativo
P: ¿Cómo fue el proceso creativo de este libro? ¿Hiciste primero la imagen o el texto? ¿Cómo lo juntaste?
R: Fue un dolor de cabeza porque al principio necesito mucho la interacción de otras personas. Por eso también tengo mi parte docente, antes estaba en la universidad, y ahora me he especializado en ayudar a personas a facilitar procesos creativos. Necesito hablar con otras personas. Es lo que me mueve, el tener relaciones que sean significativas.
Para mí, empezar con las entrevistas fue muy importante porque las personas que salen en Malas ideas tal vez no tienen una impresión de haber tenido la relación más intensa conmigo, pero yo sí tengo la impresión de los momentos más significativos del grafiti, tal vez no iba todo el rato con ellos, pero sí que son con ellos.
Empecé por ahí, por las entrevistas. Después empecé a pensar que qué raro que yo lo dejara a las 22, que me dedicara esos 5 años a pintar, y ellos tengan mi edad y lo sigan haciendo. Muchos de los personajes que salen lo siguen haciendo, por eso todos los nombres son cambiados. Y pensaba “¿qué me he perdido?, ¿qué es lo que hay ahí para que te puedes tirar tantos años haciéndolo?”. Eso me generó mucha curiosidad.
Después llegó lo biográfico, que hay temas más delicados. Eso fue lo que más me bloqueó porque tenía que escoger bien lo que quería explicar para no distorsionar la historia, pero sin desviarme de lo que quería contar y que otras cosas cogieran más protagonismo. También soy madre, y también pienso que mi hijo tiene 10 años y ya se quiere leer este libro.
Soy de la opinión de que no hay que endulzar las cosas
ni decir mentiras para proteger, porque eso nunca ayuda a nadie. Pero también decirlas en su justa medida. Para mí eso fue un reto y algo que tuve que digerir durante tiempo.
P: ¿Cómo la elección de colores y el orden de cómo ibas a seguir el libro?
R: Yo ya tengo mis colores, los que siempre uso cuando dibujo en digital. Eso es fácil porque no tengo que pensar demasiado.
En cuanto al orden de las entrevistas, se fue dando en orden perfecto. Tal y como está en Malas ideas fue como fue el orden de las entrevistas. Quedaba muy bien porque yo, desde dentro, notaba cómo una entrevista se complementaba con la siguiente, lo que había hablado con una persona lo ampliaba otra, y volvía a entrevistar a otra persona y era lo mismo.
La última entrevista, la de Conga, fue la guinda. Le está dando otra visión totalmente distinta a las que me han hablado hasta ahora. Es guay porque empezamos desde una visión más sencilla como puede ser la de Isis, que es más de compartir, de ir con los colegas y tomarme una tortilla los domingos; a cosas más de «yo quiero jugar en la calle y que sea con mi lienzo»; o «a mí me gustan las misiones y no tanto lo espontáneo en la calle, ir a pintar metros». Después él decía no lo veo como que sea un trabajo, yo lo veo como algo más espontáneo, más fresco. Me gustó mucho que fuera el final.
Rebeldía
P: ¿Cómo fue tanto la elección del título como de la cubierta?
R: Nunca es fácil. Las cubiertas me traen de cabeza y de verdad que pasé por muchos estados. Pero al final pensé que eso tenía sentido.
Porque aquí estamos hablando a nivel biográfico y también a nivel colectivo.
Cómo se construye una identidad, cómo evoluciona. Para mí esto era claro al final. Después de tantos años, yo lo veo como un poco una identidad impostada para mí porque era como algo muy circunstancial. Pensé en la típica de imagen de cómo te haces una fachada. Y me hacía gracia ver cómo se va desmontando y rompiendo esa fachada a lo largo del libro.
El título Malas ideas tiene que ver con esta cosa de rebeldía de la adolescencia, de romper reglas, de pensar mal de todo lo que viene dado, de la autoridad, de todas las figuras de autoridad, de los medios. Tenía esa necesidad de hacer algo que en principio no estuviera tan influenciado por todo, pero al final no es así.
Referentes e influencias
P: ¿Quiénes son como tus mayores referentes, tanto en el mundo del grafiti como en el mundo del cómic?
R: Es muy difícil esto. En cuanto al mundo del grafiti, perdidísima. No te puedo decir cuáles son mis referentes, pero sí que me gusta el estilo basura, el estilo que se entendía aquí por estilo Nueva York, que es más sucio. Porque para mí eso es más fresco, más espontáneo. También hay algunos grafitis de un tío polaco que vi cuando estuve investigando, que me gustaron bastante. Pero todo lo que puedo decir de esto está totalmente desfasado.
Y de cómic, a nivel nacional a mí me encanta Marlene Krause, una autora alemana que está afincada aquí hace muchos años, sobre todo su última historieta que sale en el Vinyetari del Diari ARA. A nivel internacional, de David Heatley me gusta mucho los libros que ha hecho, siempre me los leo todos, como My brain is hanging upside down.
Rokudenashiko con Obscenidad, Camille Vannier con Poulou y el resto de mi familia, Clara Lodevick con Merel, Masahiko Matsumoto con La chica de los cigarrillos o Nanna Johansson.
También La distinción de Tiphaine Riviere. Toda la obra de Liv Strömquist. Recientemente he descubierto un libro de hace 10 años, que se llama Mi amigo Dahmer, que es de un chico que fue amigo de un chaval que luego se descubrió que era asesino en serie. Me gusta mucho cómo usó el cómic para procesar y no meterse en el morbo, sino en lo que fue su amistad en la juventud. También Kate Beaton, la escritora de Patos.
He descubierto un mundo en el que amo mucho a la gente que hace cosas, donde hay mucha variedad.
Colectivo y personal
P:¿Con qué quieres que se queden los lectores cuando lean Malas ideas?
R: Depende del lector. Si es alguien joven que lee esto porque tiene curiosidad por el grafiti, que entienda un poco más qué es, más en profundidad. También aquí hay un tema muy importante, que es la responsabilidad de contar mi propia historia, es muy importante que esto se pueda estar dando. También que se vean desde puntos de vista distintos porque así se ven las narrativas, se educa la realidad.
Para mí es muy importante que nuestras historias la contemos nosotras.
Que eso también no es solo para nosotras, sino para, por ejemplo, mi hijo. No quiero esconderle nada porque creo que esconder cosas hace que eso sea un tabú que no se puede hablar.
He vuelto a mi intento de lo que quiero: hacer esta historia, hacer una nueva narrativa. Lo que creo que quiero que se quede la gente es con una visión más allá del grafiti sí o no, sino que lo puedan ver como un fenómeno que nos pertenece a nivel social. Y a nivel personal y de procesos, que haya más conciencia. También que se rían. Malas ideas también está hecho muy en clave de humor.


