El musical aterriza en el Teatro Albéniz con una propuesta picante e inmersiva
«¡Willkommen, bienvenue, welcome, bienvenidos!». Así recibe la flamante maestra de ceremonias, Abril Zamora, al público que acude al UMusic Hotel Teatro Albéniz, completamente transformado en un espectacular cabaret: el Kit Kat Klub.
«Querida, ¿tu vida es un asco? Olvídate», insiste con voz juguetona la maestra de ceremonias. En el Kit Kat Klub, el público se adentra en un cabaret del Berlín de los años 30. El patio de butacas se difumina para dar lugar a una serie de mesas en las que reír y beber mientras los actores pasean y bromean con los asistentes.
La antesala del desastre
Cabaret es «uno de los mejores musicales jamás escritos», según Federico Bellone, director de esta nueva versión. Su libreto cuenta la historia de Sally Bowles (Amanda Digón), la estrella del Kit Kat Klub, y su relación con Cliff Bradshaw (Pepe Nufrio), un escritor estadounidense.
Enmarcado en el Berlín de 1929, en el que el nazismo va tomando fuerza, cuenta también la historia de amor entre Fräulein Schneider (Carmen Conesa), la dueña de la pensión, y Herr Schultz (Tony River), un frutero judío.
El escenario del club y la mirada de su maestra de ceremonias sirven para contraponer la magia y la sensualidad del cabaret con los terribles sucesos que antecedieron la llegada de Hitler a la cancillería.
«Cosas que pasan de verdad»
«El teatro es entretenimiento, pero, al mismo tiempo, también es guay que tenga un poco de carga política», sostiene Abril Zamora para añadir que «Cabaret tiene todos los ingredientes adecuados para que la gente empatice y pueda ver los paralelismos que hay con el espectáculo».
En este musical, se hilvanan las conmovedoras historias de sus personajes con una sociedad que avanza sin frenos hacia un colapso moral. Para Zamora: «Tenemos la suerte de poder hablar de represión, de homofobia, de fascismo: de cosas que pasan de verdad. Entonces, eso ya te conecta emocionalmente con algo».

Actitud, picardía y seducción
A su vez, más allá del dramatismo de los sucesos políticos, el Kit Kat Klub se consagra como un templo en el que, con ayuda de vedettes y bailarines, es posible conjurar el desencanto.
«Tienes que sumarle una actitud, una picardía, una seducción; una boa, unos tacones, una escalera; un vestuario que es maravilloso, pero que es bastante escaso», dice la maestra de ceremonias del Cabaret y concluye: «Tienes que agarrarte lo que puedas para poder contar esa historia de la mejor manera posible».
El payaso triste
Y, ¿cuál es la mejor manera posible? Pues, la de un interprete comprometido al 100% con alejar a la audiencia de la áspera realidad. «Una de las cosas que tiene Cabaret es el concepto de payaso triste», señala Abril Zamora.
En un ejercicio fácilmente resumible bajo la consigna show must go on, Zamora explica que «de pronto estás triste, pero tienes que actuar». «A mí me ha pasado: temporadas largas en las que he tenido un conflicto, lo he dejado con mi pareja o ha fallecido alguien y he tenido que actuar igualmente y hacer una comedia», añade.
Cantando con «un corazón extraño»
Abril Zamora es consciente de que «pasan cosas muy terribles dentro de la obra» y se tratan temas muy duros, pero advierte un halito de esperanza: «Se cantan unas canciones súper icónicas, siempre buscando el lado positivo de las cosas».
En su opinión, el público «se va a ir a su casa tarareando canciones muy divertidas, pero con un corazón extraño». Algo que no es necesariamente negativo. Como ella misma afirma: «Me encanta, cuando voy a ver teatro, que me toque en algún lugar, que me dé conversación para después tomar una copa de vino».

Sin nada que esconder
En este tipo de espectáculos, estamos acostumbrados a que haya un revólver dentro de la americana o un puñal escondido en el liguero. Nada más lejos de la realidad. Con la propuesta inmersiva de este Cabaret, todo sucede ante la atenta mirada del público.
«Cuando estás tan cerca no puedes esconder absolutamente nada», reconoce la actriz catalana. Pocos trucos puede guardarse una bajo el corsé si tiene a la audiencia delante, al lado y detrás.
Una experiencia única
Algo que, para los intérpretes, es un lujo. Abril Zamora piensa que «esta versión tiene la esencia de lo que debe ser un cabaret: la cercanía, la emoción y estar participando de una manera súper directa del espectáculo».
Tal y como ella lo ve: «Ver a una actriz como Amanda o un actor como Pepe cantando y sufriendo las canciones a pocos centímetros de tu cara es una maravilla. Es un regalo y una experiencia única sentir que perteneces directamente al cabaret».
La ilusión del estreno
Al preguntarle qué es lo que más ilusión le hacía de estrenar la obra, Abril Zamora reconocía: «Haber superado todas las barreritas que he tenido dentro de todo el proceso».
Pese a ser una actriz de larguísima trayectoria con un dominio total de la comedia y el escenario, bailar y cantar eran un reto para ella. Un reto que, con total seguridad, ha superado con méritos.
Zamora se siente afortunada, cree que «estar en activo en un teatro como este, poder contar esta historia es un regalo». Una historia de intrigas y amores, sensualidad y pólvora, fascismo y libertad. Un irreverente y picante Cabaret que ha abierto sus puertas este pasado viernes en el Teatro Albéniz.


