Eva Mir es la autora de Pródigo, una obra que reinventa la parábola bíblica para adaptarla a la contemporaneidad
Ganadora del premio Calderón de la Barca en 2019, y tras haber escrito y dirigido multitud de obras, llega a Nave 10 con Pródigo, una producción de La Negra Produce. La obra se representa hasta el domingo 19 en Matadero y, posteriormente, girará por diferentes ciudades de España.
Origen
Pregunta: ¿Cómo surgió la fascinación por el tema bíblico?
Respuesta: Pues es curioso, porque no viene tanto de un impulso individual, sino que en conversación con uno de los actores del reparto, como Pablo Justo, que me habló de su experiencia personal de divorcio con su padre, me habló de ello apoyándose en una adaptación que había encontrado. Investigando encontramos que había un corpus muy grande de obras del siglo de oro y del barroco, así como de autosacramentales que rezaban sobre la parábola. Estuvimos leyendo mucho, analizando y se centraban sobre todo en el viaje del hijo. En cambio, muy poco en la psicología, en las circunstancias que pueden hacer a un hijo irse o volver o a un padre mantener el silencio y si vuelve el hijo a perdonarle o recibirle.
Y entonces me di cuenta de que me gustaría trabajar con la parte original, de dramaturgia, ponerme yo con un texto y a partir de esa premisa, pero poder hacer una creación nueva, contemporánea y adaptarla. Poco a poco, vino la parte de experiencia personal, pero ligada a la investigación. Para mí siempre es muy estimulante partir de un material que ya existe.
Ruptura
P: ¿Hasta qué punto es darle la vuelta al concepto de familia tradicional?
R: Intentamos plantearnos si es posible que un hijo se divorcie de un padre. En la obra, se dicen, en muchos momentos, “un padre es un padre”, y el hijo hay un momento que responde: “sí, un vaso es un vaso que dice Rajoy y qué más da”. Está claro, hay una parte en la que yo no soy inmune, las familias son lazos muy complicados de romper y a la vez es bueno lanzar la pregunta, ¿qué pasa cuando se hace insostenible un ambiente familiar?, ¿hay que sostenerlo por el mero hecho de qué es familia?, ¿cuáles son los nuevos modelos de familia?
P: ¿Cómo se lidia con un conflicto familiar de esa dimensión?
R: Intentamos desmarcarnos de la moral que deja la parábola, porque en la esta al final es un padre misericordioso que perdona al hijo para que el hijo se arrepienta y hágase la cabeza. A nosotros nos costaba mucho entender eso, porque ninguno de los dos realmente venía tan cargados de razones, ni para arrepentirse, ni para perdonar, ni para ser perdonados. Creemos que las psicologías de ambos tenían que ser mucho más complejas. También quisimos introducir al juego la psicología de la hermana (del hermano mayor, que nosotros lo hemos convertido en la hermana), que se queda en casa cuidando y sosteniendo mientras el hijo menor se va.

Pródigo improductivo
P: ¿Cómo afecta el negocio a la familia?
R: Se dice mucho en la obra “una familia es una empresa” y lo llevamos a la literalidad. Ya que es cierto que en un modelo familiar en el que los padres colocan muchas expectativas en los hijos, que a su vez son expectativas colocadas en un negocio que lleva muchos años para salir adelante, y su supervivencia depende de que los hijos se queden al mando. Lo que hace aumentar la presión.
En esta historia lo que sucede es que la madre muere repentinamente y algo se rompe en la familia. Este hijo se ve aguantando el llanto porque su padre, que además es su jefe, le dice que hay que seguir trabajando, que no pueden parar. Es un gran conflicto que en nuestra vida moderna, el que el tiempo de duelo que nos permiten, sean 10 días de permiso para un familiar de primer grado. Cuando además es tu padre quien te impide cogerte esos días nos pareció que era más brutal.
Simbología
P: ¿Cuál es la influencia de la profesión de la familia?
R: Algo se rompe cuando, además de tu padre, es una figura de poder en un entorno laboral que ya es hostil, porque es una superestructura de producción cárnica agresiva. Para nosotros esto partió de la de la propia simbología de la parábola, que habla de manera constante del cordero de Dios. Al final de la parábola, cuando el hijo vuelve, el padre ordena que maten un cabrito para celebrar que ha vuelto. Por esto, la carne, el sacrificio, están muy presentes en la parábola bíblica. Y toda esa imaginería que tenemos de corderos que van al rebaño de un padre, un pastor que les dice a dónde ir o un jefe que lleva a todos detrás.
Nos parecía que, teniendo que elegir una profesión, un trabajo y una empresa, de pronto jugar con la idea primero de carnicería local familiar pequeñita que acaba derivando en una macroestructura de cárnica donde se pierden los afectos, donde el trato con el animal es meramente productivo. Porque, al inicio, en la carnicería de los abuelos, no deja de ser una carnicería y se matan animales, pero está esta delicadeza cuando se habla de ellos, ¿no? Y este saber que qué parte del cuerpo es cada cosa, que es lo que me le gusta a mi cliente. Algo mucho más local, de barrio, un negocio de toda la vida. Con un consumo mucho más responsable. No estoy haciendo apología del consumo de la carne, pero sí, se puede hablar un poco de cómo nos relacionamos con el producto, cómo ha cambiado desde el momento en el que una máquina trocea 1000 animales por minuto.
La oveja negra
P: El hijo menor es un cordero descarriado en la línea familiar, ¿no?
R: Completamente, lo dice así en algún momento, “la carne sabe mejor si se castra el cordero joven”. Ahí está la obra plagada de imágenes de corderos que necesitan, a un pastor que les guíe.
P: “Divorciarse del padre” se me hace imposible no irme a Freud, ¿cuál es el papel de la madre?
R: Hay algo en el hijo, o en su cabeza, que intenta clasificar a la madre como la de los afectos y al padre el de las prohibiciones. Pero a nosotros nos gusta mucho jugar con que nada es blanco o negro, por eso se valora que podamos mostrar cuál era el amor que se tenían los padres. Se dice: “tú nunca te acordarás de que en algún momento tus padres se quisieron”.
Para un hijo es fácil culpar a un padre, pero le es muy difícil imaginarse al padre como algo que no sea su padre, cuando en realidad el padre, ha sido novio de la madre, que al mismo tiempo ha sido una mujer independiente. Al trabajar a los personajes, hemos hablado mucho de la educación del padre, que, quizás, recibió una educación por parte de sus padres de negación del dolor. Pues quizá todo el peso no recae en él, todo se repite.
Creación en equipo
P: Hablas mucho de nosotros. Aunque el texto sea de tu autoría, ¿concibes la creación de esta obra como algo colectivo?
R: Sí, y cada vez más, de hecho estoy intentando soltar un poquito de responsabilidad, porque cada vez que te enfrentas a un proceso así, hay una carga. Concibo el teatro y el acto escénico claramente como algo colectivo, si no no existiría. Pero la escritura es otra cosa. Aparte de eso, esta obra en concreto, por su proceso en residencias, por cómo se ha ido gestando desde hace 2 años en distintas fases y por la elección de un equipo, el cual ha hablado de sus propias experiencias de irse o volver a un sitio. Es colectivo en casos como que después hayamos ido a un espacio concreto y nos hayamos adueñado del lugar para montar la obra, y de pronto los diseñadores han tenido que ver en decisiones que luego, en definitiva, han sido dramatúrgicas.
A mí me cuesta muchísimo reconocer esto como algo que es mi obra. Hablo en plural porque creo que es nuestra obra y que, aunque yo al final lo he canalizado todo, me considero más una médium que escucha todo lo que sucede a su alrededor y lo acaba transcribiendo. Esas personas me dirán cómo, “No, no, tú has hecho y todo esto y todo genial.” Pero también es verdad de que no existiría la obra si no existiera equipo y, de hecho, si me desaparece alguna actriz para las próximas funciones, no sé yo tampoco si la obra seguirá siendo la misma.

