Kelly Reichardt construye un retrato del fracaso y la ambición en la América de los setenta
Dirigida por Kelly Reichardt, The Mastermind llega a los cines españoles el 31 de octubre.
Lo hace bajo el sello de A24, productora referente del cine independiente reciente, junto a la plataforma Mubi.
Ambientada en Massachusetts durante la década de 1970, The Mastermind cuenta la historia de Mooney, un carpintero desempleado que decide planear un robo de arte para recuperar algo de control sobre su vida.
Lo que comienza como un gesto desesperado por salir adelante se transforma en un estudio sobre el desencanto y las contradicciones del sueño americano.
Kelly Reichardt, fiel a su mirada pausada y observadora, convierte lo que podría ser una película de atracos convencional en un retrato profundamente humano sobre la precariedad, la frustración y el peso del fracaso.
Rostros que ya conocemos
El reparto está encabezado por Josh O’Connor, que da vida a Mooney con una interpretación contenida pero magnética. El actor británico, conocido por su trabajo en The Crown y por su papel en Challengers, logra aquí un registro más silencioso y vulnerable, alejado de los personajes carismáticos que suele interpretar.
A su lado brilla Alana Haim, recordada por su debut en Licorice Pizza, que aporta naturalidad y calidez a una mujer atrapada entre la lealtad y la decepción.

Una América en tonos terrosos
La escenografía y la estética de The Mastermind son uno de sus puntos más sobresalientes. La dirección de fotografía corre a cargo de Christopher Blauvelt, que mantiene su apuesta por la luz natural, los tonos terrosos y las texturas casi táctiles.
Las casas de madera y los paisajes de Nueva Inglaterra reflejan el estado emocional de los personajes, silenciosos y profundamente humanos.
Cada plano, compuesto con precisión pictórica, invita a observar la calma, los detalles y las sutiles marcas del tiempo.

La película se distancia del ritmo nervioso, propio del género del robo, para adentrarse en una atmósfera contemplativa. Reichardt utiliza el silencio y la rutina como herramientas narrativas. Dejando que los momentos cotidianos pesen más que los giros de la trama.
El montaje, firmado por la propia directora junto a Jake Roberts, refuerza esa sensación de tiempo suspendido, donde cada mirada y cada gesto cuentan más que las palabras.
Cuerdas que respiran melancolía
En el apartado musical, la banda sonora compuesta por Jonny Greenwood aporta una dimensión nostálgica. Su uso de guitarras crea un paisaje sonoro que acompaña el estado emocional de los personajes sin subrayarlo en exceso. La música no busca imponer ritmo, sino acompañar el tono introspectivo de la historia.

Más que un atraco
The Mastermind confirma la madurez artística de Kelly Reichardt, que vuelve a demostrar que el cine puede ser político sin ser explícito, y emotivo sin recurrir a sentimentalismos.
Dignidad y perseverancia
Su mirada sobre la clase trabajadora y la fragilidad masculina se siente más presente que nunca, envuelta en una puesta en escena sobria y una sensibilidad que la distingue del resto del panorama estadounidense.
Con el sello de A24, la película llega como una de las apuestas más sólidas del otoño. Más que un relato de crimen, es una reflexión sobre la dignidad que se esconde en seguir adelante a pesar de todo.
The Mastermind es, en definitiva, una obra que invita a mirar despacio, a dejarse arrastrar por su ritmo y su melancolía, y a recordar que incluso en el fracaso puede haber una forma de belleza.

