Una historia donde las criaturas míticas y los humanos aprenden a hablar el mismo idioma
Hay películas que no se ven, se sienten. La leyenda de Ochi es precisamente una de ellas, una pieza maravillosa que parece rescatada de un viejo baúl de cuentos, pero contada con una sensibilidad que se siente muy de hoy. No es solo una historia de criaturas y bosques, sino que también es una invitación a ponernos en el lugar del otro y a entender que, a veces, aquello que nos da miedo es simplemente lo que no conocemos.
¿De qué trata esta aventura?
En una isla en mitad de la nada vive Yuri, una niña que ha crecido escuchando historias de terror sobre los Ochi, unas criaturas míticas a las que todo el pueblo teme. Pero todo cambia cuando Yuri se cruza con una cría de Ochi herida. En lugar de salir corriendo o atacar, decide ayudarla, algo que nadie en su pueblo se atrevería a hacer. Lo que sigue es un viaje muy sentimental y valiente para devolver a la criatura a su hogar. Es una historia que nos recuerda que el miedo casi siempre nace de la ignorancia y que, a veces, romper las reglas de nuestra familia es el único camino para hacer lo correcto.
Las caras detrás de la película
La película no funcionaría sin la protagonista Helena Zengel, quien hace de Yuri. Su actuación es pura magia, hace conmover al público en cada aparición con Ochi, mientras buscaban a su familia. A su lado tenemos al eterno Willem Dafoe, que interpreta al padre de Yuri, un cazador consumido por el miedo y el rencor ante los Ochis. También cuenta con figuras como Emily Watson (madre de Yuri) y el reconocido actor Finn Wolfhard con su papel de Petro, que ayudan a añadir más sentimientos y a darle forma a la historia.
Dirección y producción
Lo más curioso y que puede impresionar al público después de ver la película, es que Isaiah Saxon, el director, decidió pasar de los efectos por ordenador. Con el respaldo de A24, el director nos regala una película de 96 minutos, que cumple con su función, acercarse a los espectadores. Ha apostado por marionetas, efectos prácticos y paisajes reales. Esa sensación de «tocar» la película hace que la conexión entre Yuri y la criatura se sienta real, casi física.
Premios
No es una película que busque ganar mil trofeos, aunque en festivales como Sundance dejó a todo el mundo con la boca abierta. La crítica valoró muchísimo que la película se atreva a seguir su propio camino, ignorando lo que suelen hacer las grandes producciones de Hollywood para centrarse en contarnos una historia que se siente real. Al final, su mayor éxito no son las estatuillas, sino cómo logra quedarse grabada en tu memoria. Si echas de menos ese cine de antes, donde lo más importante eran los sentimientos, tienes que verla sin dudarlo.


