Alimentar a los monstruos, de Tessa Hulls, es un libro ilustrado difícil de clasificar y, precisamente por ello, profundamente contemporáneo
El libro ilustrado Alimentar a los monstruos, de la autora y dibujante estadounidense Tessa Hulls, se ha consolidado como una de las obras más relevantes de la narrativa gráfica autobiográfica. Una historia íntima y política a la memoria familiar, el trauma heredado y las consecuencias de la Revolución Cultural china más allá de sus fronteras temporales y geográficas.
La obra parte de una historia personal: la reconstrucción de la vida de la abuela de Hulls, una periodista china represaliada durante la Revolución Cultural. La otra gran protagonista es su madre, marcada por el exilio, la enfermedad mental y el peso de un pasado silenciado. Hulls aborda cómo los acontecimientos históricos traumáticos se transmiten de generación en generación, incluso cuando no se verbalizan.
La Revolución Cultural, eje de las vidas de ambas
La Revolución Cultural que abarcó del 1966 a 1976, es uno de los ejes fundamentales del libro. Lejos de presentarla como un simple contexto histórico, Hulls la muestra como un acontecimiento que se mantiene décadas después. La persecución de intelectuales, la censura y la violencia política aparecen en la obra no como episodios cerrados, sino en forma de silencios, rupturas familiares y sufrimiento psicológico.
El dibujo de Hulls se caracteriza por un estilo expresivo, en el que predominan el blanco y negro y las composiciones sobrias. La imagen no cumple una función meramente ilustrativa, sino que representa aquello que no siempre puede decirse con palabras. Trazos que expresan la fragmentación de la memoria, la confusión emocional o la presencia constante del pasado.

Hulls no busca una trama lineal estricta, alterna tiempos y demuestra así cómo es muy dificil para las protagonistas olvidar ese tiempo oscuro. La autora combina escenas del pasado familiar con reflexiones desde el presente, estableciendo un diálogo continuo entre generaciones. Este acto refuerza y hace ver al lector la complejidad de sus vidas: el trauma no pertenece solo a quienes lo vivieron directamente, sino que se hereda y se transforma.
Un cómic con gran significado emocional en la narración
Alimentar a los monstruos es un comic honesto y no va a medias tintas: Hulls evita idealizar a los miembros de su familia y no ofrece respuestas cerradas ni soluciones fáciles. La autora se muestra vulnerable y, en ocasiones, desbordada por una herencia emocional que no termina de comprender del todo.
Precisamente esa exigencia es uno de los posibles puntos de reflexión de la obra. La densidad emocional y la superposición de capas temporales pueden dificultar la lectura para quienes esperen un relato más convencional o didáctico. Sin embargo, esta complejidad forma parte de la propuesta del libro y responde a la naturaleza fragmentaria de la memoria que Hulls intenta representar.
Ganadora del premio Pulitzer de Memorias y Autobiografía
La publicación de Alimentar a los monstruos se suma a una corriente de narrativa gráfica que utiliza el testimonio personal como herramienta política y cultural. En este sentido, la obra dialoga con referentes como Maus, de Art Spiegelman. También como Persépolis, de Marjane Satrapi, al situar la experiencia íntima en el centro de la reflexión histórica.
Alimentar a los monstruos no solo recupera una memoria familiar atravesada por la violencia del siglo XX, sino que plantea una pregunta incómoda y presente: qué ocurre cuando las sociedades, al igual que las familias, deciden no mirar de frente a sus propios fantasmas.

