Toda una vida escribiendo
La autora chilena publica La palabra mágica. En este nuevo libro, reflexiona sobre el papel que ha tenido la escritura a lo largo de su vida, partiendo de experiencias personales y profesionales
A sus casi 84 años, Isabel Allende sigue escribiendo con la misma disciplina férrea que ha marcado toda su carrera. Desde aquel día que comenzó, en el exilio, una carta a su abuelo moribundo el 8 de enero de 1981, y que sería el germen de La casa de los espíritus, hasta la determinación de volver a escribir tras la muerte de su hija Paula.
«Escribir es todo lo que tengo. Lo único que hago es escribir, cuidar a mis perros, amar a mi marido… No podría jubilarme porque volvería loca a toda mi familia», afirma con naturalidad. Para Allende, la escritura no es solo un oficio, sino una necesidad vital que ha definido toda su vida.
La idea de escribir La palabra mágica surgió cuando impartía un curso de escritura para la BBC. Aunque asegura que su mente es desordenada, pensar en las lecciones le hizo reflexionar sobre su proceso de escritura. Disfrutó tanto del ejercicio, que decidió volcar en un libro su conocimiento y experiencia.
«Hay una parte de la escritura que no es manual, que es interna, instintiva y que se aplica a cualquier proceso creativo. Me interesaba más eso que la técnica para escribir, que se puede aprender en cualquier taller. La parte más íntima no se puede enseñar, la tienes que cultivar», explica.
La disciplina y el miedo a fallar
Isabel Allende insiste en que el talento y la inspiración, aunque claves en el proceso de escritura, no bastan. La clave, asegura, es la disciplina, un hábito que su familia le inculcó desde pequeña.
Confiesa ser hiperactiva y, por supuesto, muy disciplinada en su oficio. «Este es mi trabajo», asegura. Después de una hora de ejercicio por las mañanas, se encierra en su oficina durante todo el día a escribir. «Empiezo todos mis libros el 8 de enero y cada día me siento desde temprano a escribir, excepto los domingos».
La escritora reconoce que comenzar una novela siempre da miedo, sobre todo si es un proyecto enorme. Sin embargo, la clave para superar ese miedo paralizante es algo tan sencillo como plantearse que uno no va a escribir «la gran novela americana». El secreto es escribir todos los días, sin excusas. Así, página a página, la novela se va haciendo.

«La primera frase no la elijo al principio. Empiezo a escribir sin más. La primera frase no es una cuestión de inspiración, hay que buscarla con mucho cuidado. Se puede encontrar cuando llevas 300 páginas escritas», señala.
Para ella, las primeras semanas son las más difíciles porque tiene que quitarse de la cabeza esa idea «de lo extraordinario» y esperar a que la historia se vaya desarrollando. Hay muchos escritores que necesitan tenerlo todo guionizado antes de ponerse a escribir. En su caso, eso es imposible: «necesito saber lo que no va a pasar».
También considera fundamental tener un espacio propio para escribir y sumergirse por completo en el proyecto. Cuando se encierra en su despacho, Allende necesita silencio absoluto. Vive alejada del teléfono móvil y de todas las distracciones posibles, como la televisión.
Hasta que no termina de escribir ese día, no vuelve a conectar con el mundo exterior. «No veo las noticias hasta por la tarde. Si veo todo lo que ha hecho Trump, se me arruina el día», admite entre risas.
Una lectora voraz
Para escribir es fundamental leer. Esa es una de las lecciones básicas de cualquier escritor. Allende se define como una lectora voraz desde la infancia. Creció en una casa en la que no había ni radio ni televisión. Lo único que le quedaba era la lectura.
Formó parte de la generación que se alimentó del boom latinoamericano. «Empecé a leer desordenadamente desde muy temprano. Esa literatura que hoy casi no existe fue mi alimento. Todos ellos tuvieron un tremendo impacto al amar la literatura».
Por ese motivo, uno de los aspectos que más le preocupa es la pérdida del hábito de lectura. «El propósito de mi libro es quitarle el miedo a la gente, no solo al escribir, sino a leer. La mayor parte de la gente tiene miedo a la página. Están acostumbrados a la pantalla».
Para Allende, el rechazo a los libros extensos refleja un cambio cultural preocupante. Entre risas, comenta que hasta a ella misma le ha ocurrido últimamente: «Veo un libro gordo y me da miedo. Da terror». Por eso, anima a perderle el miedo a «esta cosa maravillosa que es que a uno le cuenten algo».
Hoy sigue leyendo tan intensamente como cuando era una niña, sobre todo a autoras. «Leo mucho en inglés. Me mandan los libros que hay que leer. Son novelas, el 70% de mujeres. Es un proceso que gozo mucho», afirma orgullosa.
Sin embargo, denuncia el trato desigual hacia las escritoras que continúa hoy en día. Cuando ella comenzó a publicar, los críticos literarios se cebaron con ella: «La crítica es brutal con las mujeres, no solo con los que venden más».
Para ello, plantea un ejemplo contundente: «Si una mujer hubiera escrito Amor en los tiempos del cólera, la habrían tildado de sentimental. Pero al escribirlo un hombre nadie piensa eso».
Visto bueno a La Casa de los Espíritus de Prime Video
El próximo 29 de abril, Amazon Prime Video estrena una nueva adaptación de La Casa de los Espíritus. Esta vez en formato de serie de televisión, con ocho capítulos que contarán la historia con una profundidad y una visión muy distinta a la película de 1993.
Por lo que ha podido ver de la serie, la autora da su visto bueno: «Me parece sensacional». Recuerda que la película, protagonizada por Jeremy Irons, Meryl Streep y Glenn Close, se rodó en Europa porque tenía que tener cierto carácter internacional. «No tenía ese sabor latinoamericano del libro, pero era una buena película».
Ahora, la serie de Prime Video conseguirá llegar a lugares a los que la cinta de los noventa no consiguió. Por eso, espera que la adaptación consiga acercar esta historia a una nueva generación. «Tengo una ilusión tremenda de que entretenga y que guste a los jóvenes. No sé si es una historia que los pueda atraer, pero espero que sí».
Allende recuerda que escribió La Casa de los Espíritus con una inocencia que nunca volvió a recuperar. «Cuando lo empecé no tenía ninguna esperanza de que nadie lo leyera. No tenía ni idea de la industria. Nunca había leído una crítica literaria, ni asistido a un taller… solo era el afán de contar. El éxito del libro en Europa nos pilló a todos por sorpresa».
Sin embargo, la dureza del mundo editorial, especialmente hacia las mujeres, y la competencia desleal hicieron que perdiera parte de esa ilusión. Aún así, mantiene intacto el entusiasmo. «Si no tuviera ilusión con cada libro, no tendría nada que contar y no podría escribir».
La fragilidad de la memoria
Después de décadas, reconoce que la frontera entre memoria y ficción se ha vuelto difusa. Cada vez más, asegura, le cuesta separar entre lo que vivió, lo que le pertenece y lo que es fruto de la imaginación.
Con la edad, asegura que la memoria adquiere un nuevo significado. «Cuando uno se hace viejo como yo, se recuerda intensamente lo más antiguo. La mayor parte de las cosas que recuerdo me dan mucha vergüenza», confiesa la escritora.
Sin embargo, conserva un archivo extraordinario: las cartas con su madre, uno de sus mayores tesoros. «Compartí con mi madre una vida entera de cartas. Las tengo ordenadas por fechas. Si me preguntas qué pasó el 4 de julio de 1990, puedo ir a la caja y decirte exactamente lo que pasó ese día».

Al echar la vista atrás, reconoce que podría haber hecho muchas cosas diferentes, pero la vida presenta las cosas a su debido momento, en cada etapa. «La Casa de los Espíritus y la escritura vino del exilio, de la nostalgia, de recuperar lo perdido. Tenía dos niños y había que mantener una casa; luego vino el exilio. No podría haber empezado a escribir antes».
Ahora, en esta etapa de su vida, Allende se muestra agradecida, especialmente por todo el amor que ha dado, más que el que ha tenido o ha recibido. «Voy a cumplir 84 años y tengo un hombre que me adora, tengo un hijo maravilloso, tengo a mis perros… ¿Y qué más hace falta? ¿Qué más?».


