Si el mar no regresa
Sara Búho y Berta Llonch transforman su poemario en una experiencia artística que une poesía, acuarela y memoria frente al mar de Cádiz.
El pasado mes de marzo llegaba a las librerías Si el mar no regresa, el último poemario de la poeta linense Sara Búho. Después de dos años sin publicar obra poética inédita, la autora regresó con un libro en el que el mar se convierte en mucho más que un paisaje: es memoria, refugio, infancia, despedida y también una forma de mirar hacia dentro.
El libro, ilustrado por la artista gaditana Berta Llonch, ha dado un paso más y abandona las páginas para convertirse en una experiencia.

Del libro a las salas del Castillo de Santa Catalina
La exposición, titulada también Si el mar no regresa, permite a todo aquel que la visite acercarse a este universo desde una perspectiva diferente. Hasta el próximo 6 de septiembre, las paredes del Castillo de Santa Catalina acogen poemas, ilustraciones, acuarelas y objetos que trasladan de forma inmersiva las emociones presentes en el poemario.
El proceso creativo detrás de Si el mar no regresa
Durante la visita guiada que ofrecieron el pasado 30 de agosto, Sara Búho y Berta Llonch explicaron de primera mano cómo nació este proyecto. Una de las particularidades de Si el mar no regresa es precisamente la estrecha relación entre texto e imagen.
Las ilustraciones no funcionan únicamente como acompañamiento de los poemas, sino que amplían sus significados y crean nuevas posibilidades para interpretarlos. De hecho, durante el proceso creativo, ambas autoras mantuvieron una dinámica de trabajo independiente y paralela, sin condicionar la libertad formal de la otra.

Dos miradas, un mismo universo
Berta Llonch, artista especializada en la acuarela, aporta a la exposición una mirada visual marcada por las texturas y las referencias al mundo marino. Sus obras dialogan con los versos de Sara y ayudan a construir una atmósfera en la que en ocasiones no se diferencia donde empieza o acaba el mar.
Por su parte, Sara Búho utiliza el mar como un espejo en el que observar diferentes etapas y emociones. El poemario supone un regreso a la infancia y un recorrido por la memoria personal. Para la autora, trasladar su poesía al lenguaje plástico resultó estimulante, permitiéndole descubrir nuevas formas de expresar y visualizar aquello que estaba en los versos.

Un recorrido pensado para detenerse y mirar
Uno de los aspectos más interesantes de la exposición de Si el mar no regresa es esa capacidad para transformar algo tan íntimo como la poesía y la pintura en una experiencia compartida. Durante el recorrido se puede apreciar cómo cada elemento tiene un sentido y forma parte de un conjunto cuidadosamente pensado.
La disposición de las piezas, que combina grandes formatos con obras de menores dimensiones, busca generar diferentes ritmos de recorrido. De esta manera, el visitante no solo observa las obras, sino que también se ve invitado a detenerse, mirar con atención y dejarse llevar por las sensaciones que transmite cada espacio.

Más allá de las páginas
Si el mar no regresa demuestra así que la poesía no tiene por qué quedarse encerrada entre las páginas de un libro. Puede ocupar una sala, mezclarse con la pintura, relacionarse con el espacio y provocar nuevas emociones en quienes la contemplan.
Y, al final, frente a la inmensidad del mar, quizá solo quede hacer lo mismo que ante la exposición: detenerse, mirar y dejarse llevar por todo aquello que todavía no sabemos nombrar.


