Un estilo que incomoda y maravilla a partes iguales
El arte polaco del último siglo puede presumir de una rica variedad de estilos. Desde los grupos de simbolistas y expresionistas de la Joven Polonia hasta el oscuro arte figurativo y surrealista de los 70 en adelante. Es una historia pictórica marcada por tres factores clave: las profundas heridas de la guerra, las sacudidas políticas y los terremotos sociales.
Deleitar, conmover o impactar. Es lo que el filósofo Władysław Tatarkiewicz relaciona con lo que debe ser una obra artística (Magazyne Szum). La perturbación de aquel que admira la obra debe entrar dentro de ese impacto. La obra que aterra, la que produce miedo, la que evidencia la tristeza, debe entrar dentro de ese impacto. Precisamente Polonia tiene artistas que han forzado todos los límites de lo macabro, siendo una absoluta potencia en este estilo casi espectral. Karol Tichy, Zdzisław Beksiński, Aleksandra Waliszewska y Konrad Zukowski son algunos ejemplos de ello.
Karol Tichy
Karol Tichy (1871-1939) fue uno de los grandes diseñadores polacos del periodo de entreguerras. Se curtió en el grupo de artistas y artesanos nacidos de la Joven Polonia. Su cuadro ‘Elegía’ refleja las influencias de los simbolistas y modernistas franceses. Con una remesa de colores fríos, Tichy mueve al individuo que contempla la obra entre la melancolía y la tensión acompasada. Un huérfano recorre el pasillo que las Hijas de la Caridad han preparado para él. Un paso solemne y armonioso en una escena enmudecida. Los rostros figurados acompañan este lamento profundo por una pérdida. Acompañan esta elegía.

Zdzisław Beksiński
La más triste de las historias es la que marca la vida de uno de los surrealistas más reconocidos del planeta: Zdzisław Beksiński (1929-2005). Su esposa falleció en el año 1998 y su hijo, en una depresión crónica, se suicidó sólo un año después. Sería el propio Beksiński el que encontraría el cuerpo. En 2005 fue asesinado por el hijo del conserje del edificio en el que vivía. No quiso prestarle 400 zlotys (cerca de 100 euros). La tragedia le acompañó gran parte de su vida.
De manera autodidacta fue encontrando su lugar en la pintura. Sus primeros pasos los dio en el arte abstracto pero recién entrada la década de los 70 avanzó en ese surrealismo gótico suyo tan característico. Figuras espectrales, cuerpos desmembrados o cosidos, paisajes apocalípticos… Son parte de la iconografía de Zdzisław Beksiński, un hombre al que se ha insistido en ponerle el injusto sobrenombre del Pintor Maldito. En sus obras, un horrible universo que perturba y maravilla a partes iguales. Nunca le puso ningún título, ni explicó significados. Él sólo dijo que pintaba sus sueños. Y si eso eran sus sueños… difícilmente algún ser humano desee siquiera revivir la más tranquila de sus pesadillas.

Aleksandra Waliskazska
Aleksandra Waliskazska (1979) vio en las pinturas de Beksiński un referente que le llevaría a desarrollar su propio surrealismo distópico. Lo más triste de los corazones, el mayor miedo del alma y el terror inimaginable del subconsciente bailan al compás de los pinceles de Aleksandra Waliskazska. En su arte figurativo se muestra un repertorio muy variado: caras deshuesadas, espectros, deformaciones y en general todo tipo de horrores que serían capaces de atemorizar hasta al mismísimo hombre del saco. La ultraviolencia es uno de los tópicos que se repiten en sus pinturas, así como la melancolía y la oscuridad interior. Su imaginación le ha valido para obtener numerosos reconocimientos como el Gran Premio Arco Madrid en 2013. Es un estilo que recuerda al decadentista belga Felicién Rops.
Konrad Zukowski
El pintor más joven que completa este recorrido por las tinieblas artísticas polacas es Konrad Zukowski. Nacido en 1995 ya tiene sus obras girando por distintas galerías del mundo. Una vez más, cuerpos alargados y enfermos copan sus lienzos. Esta vez la paleta de morados y azules destaca entre otros colores, aunque siempre acompañados de un negro irremplazable. La tenuidad de las pieles atesora un dominio de la estética lúgubre que es acompañado por el fino trazo de las aguas más siniestras que se pueden pintar. No sería de extrañar que pronto acabase exhibiendo en las ferias de arte más importantes de España, al igual que Waliskazska .
El arte no siempre es la preciosidad lumínica de Sorolla, ni las flores de Juan de Arellano, ni los bodegones de Sánchez Cotán. A veces la pintura inquieta, y despierta en el interior un miedo y un asco que obliga a apartar la mirada de aquello que se está mirando.
Esa irritación es precisamente lo que buscan los artistas que esparcen la oscuridad en los lienzos. Y es precisamente en tierras polacas donde nacen algunos y algunas de los mejores pinceles en este género espectral. Deleitar, conmover o impactar.


