Diecisiete obras de esta corriente artística se podrán visitar en la galería hasta el 24 de julio
El flujo artístico de Madrid no cesa. Tampoco en verano, porque pese a estos días de calor existen opciones para visitar que llegan con bastante frescura. Una de ellas es la que acaba de traer consigo la Galería Guillermo de Osma presentando la Colección Sapena de la década de los setenta. Son diecisiete obras fechadas entre el 70 y el 75 que representan el inicio de la tercera corriente más importante del siglo pasado en nuestro país: la Nueva Figuración (en este caso, la madrileña). Se podrán visitar en la galería hasta el próximo 24 de julio.
La Nueva Figuración Madrileña
Con el régimen franquista aún presente (visiblemente erosionado en sus últimos años), la Nueva Figuración Madrileña emerge como una corriente artística de ruptura, que preludia transformaciones sociales y culturales a varios niveles. Este movimiento anticipa fenómenos como la Movida madrileña, pero también marca una distancia clara con el Informalismo que dominó la escena artística española en las décadas de los 50 y 60.
La vuelta a la figura humana no significa aquí un retorno clásico ni naturalista, sino todo lo contrario: los cuerpos y objetos son deformados, reconfigurados, a veces llevados al límite de lo grotesco o lo onírico. El juego estético se sitúa en una línea muy fina entre la abstracción y la figuración, difuminando los límites entre lo reconocible y lo imaginado. En medio de esta ambigüedad formal, el color se erige como el verdadero protagonista: intenso, libre y expresivo, el color deja de ser mero acompañamiento para convertirse en vehículo y espejo de sentidos y emociones.

Los artistas: el eje de la Nueva Figuración
El abanico de artistas no es escueto, pero entre los más relevantes se encuentran Guillermo Pérez Villalta, Carlos Alcolea, Chema Cobo y Carlos Franco. Todos ellos son fundamentales para entender la riqueza y complejidad del movimiento. Pérez Villalta desarrolló una estética singular, donde la psicodelia transcurre escenarios manieristas y minuciosamente construidos, como en Personaje ante la ventana (Pérez de Ayala).

En Carlos Alcolea, destaca la influencia de la iconografía popular, así como las referencias culturales. Un ejemplo claro de ello es La reina del Partenón. Chema Cobo trae consigo otra perspectiva en la que el lenguaje pictórico se convierte en un enigma visual. Así se observa en el cotidiano Siting room. Por su parte, a Carlos Franco, le atrapan los motivos simbólicos de la mitología clásica y del subconsciente. Suyos son los frescos de la Casa de la Panadería de la Plaza Mayor, uno de los lugares más emblemáticos de la capital.

Todos estos artistas, desde su propio enfoque, configuran los inicios de una corriente común que tendría un mayor desarrollo en los años posteriores. Algunas de sus obras estarán presentes en esta presentación que la Galería Guillermo de Osma hace de la colección Javier Sapena hasta el próximo 24 de julio.

