La actriz, tras una irregular pero memorable trayectoria, ha perecido y nos recuerda lo esencial que es no olvidar a aquellos juguetes rotos
El mundo del cine este 11 de julio se hacía eco de una triste noticia: la actriz Shelley Duvall fallecía a los 75 años en su domicilio de la localidad de Blanco en el estado de Texas. Dan Gilroy, su pareja desde 1989, ha sido el encargado de comunicarlo. El suceso se produjo mientras dormía, y a causa de los problemas diabéticos que padecía. Gilroy también ha querido transmitir una bella despedida a su amada. Esta reza: “Mi querida, dulce, maravillosa compañera de vida y amiga nos dejó. Mucho sufrimiento últimamente, ahora es libre. Vuela, hermosa Shelley”
La artista nació en 1949. Comenzó su carrera en Hollywood en la década de los 70, gracias a Robert Altman, colaborando en varios de sus audiovisuales como Nashville o Tres mujeres.
Su triunfo pero también perdición
De cualquier forma, su antes y después sucedió en 1980, año en el que protagonizó uno de los clásicos del séptimo arte, El resplandor de Stanley Kubrick. Su actuación como Wendy en el filme le valió el reconocimiento internacional. Además, la inmortalizó en uno de los fotogramas cinematográficos más memorables de la Historia del celuloide. Este es, ni más ni menos, aquel en el que se encuentra encerrada con un cuchillo mientras un enloquecido Jack Nicholson intenta entrar rompiendo la puerta con un hacha.

Este trabajo, por otro lado, también supuso un martirio. La dura forma de tratarla del director le acarreó una posterior depresión. Se justificaba en un presunto intento de sumergirla más en la trama. Entre algunas vejaciones, no se le permitía a nadie del equipo relacionarse con ella. Otra de las escenas más icónicas de la cinta, en la que Nicholson la persigue por las escaleras mientras ella sujeta un bate, fue rodada la friolera de 127 veces. Las lágrimas que se ven efectivamente no eran actuadas. Aún así, la misma también declaró en el documental Stanley Kubrick: A Life in pictures de Jan Harlan que no guardaba rencor al realizador y que no se arrepentía de haber aceptado el papel.
En el mismo año, también se embarcó en otro proyecto: caracterizar a Olivia, la novia de Popeye, en la versión en la gran pantalla de las aventuras del icónico marinero a cargo de su tutor Altman. La suerte no parecía correr de su mano, y el audiovisual fue un fracaso de taquilla. En los años venideros, sacó a la luz una nueva faceta, en la televisión convencional, enfocándose principalmente en el contenido infantil. Mención especial merece su participación en la serie Cuentos de las estrellas, en el que en cada episodio se recreaba un nuevo relato popular. Contó detrás de cámaras con figuras reconocidas como Tim Burton o Francis Ford Coppola.
Últimos años
Duvall se retiró de la vida pública en 2002. Sus noticias desde entonces han estado lastimosamente relacionados con su deterioro de salud patente. En 2009 afirmó que los alienígenas llegaban a la tierra a través de un portal en su jardín. En 2016 apareció en el famoso programa estadounidense Dr Phil explicando que sufría de un trastorno de personalidad.
A pesar de lo tormentosa que resultó su vida, tanto personal como laboral, Duvall no dejará nunca de ser recordada por el resto de los tiempos. A lo mejor únicamente por una película, pero nadie puso condiciones para poder ser una estrella. Es hora de recordar a esas personas que muchos no conocerán, pero que todos han visto miles de veces. Ahora podrá, esté dónde esté, descansar y no vivir atemorizada, ya sea por su marido en la pantalla o por otras circunstancias.


