Un simple accidente es el segundo filme iraní que consigue la Palma de Oro en Cannes, gracias a una historia que cuestiona los principios por los que aboga el régimen islámico
Hace justo una semana, la ovación del Auditorio Louis Lumière se dirigía a Jafar Panahi. El realizador iraní se convertía en el claro ganador de la edición número 78 del prestigioso Festival de Cannes. Su cinta, Un simple accidente, se alzaba con el mayor de los premios que concede la organización, la Palma de Oro. Superó así a otras de las propuestas favoritas como Nouvelle Vague de Richard Linklater o Sentimental Value de Joachim Trier.

La victoriosa constituye una road movie dramática, en la que unos personajes sufren una avería en mitad del trayecto que les obliga a detenerse, momento en el que saldrán a relucir tensiones e incomodidades. Su director es una de las caras más reconocibles del panorama audiovisual de su nación. Dicha condición no agrada a las instituciones, pues su filmografía está plagada de una irreverencia ante el régimen teocrático persa. Esta disidencia le impidió salir del país en 15 años, le ha costado pena de prisión y una limitación de su creación artística, teniendo que trabajar secretamente. En su discurso de agradecimiento, con un público patentemente conmovido, reclamó la lucha por la democracia.
La vinculación de Cannes e Irán
Aunque el galardón remueve las conciencias de los religiosos más fundamentalistas, no es la primera vez que los directores del estado asiático utilizan el séptimo arte para reflejar las fisuras del sistema. Dicha valentía es aplaudida internacionalmente, pues es la segunda ocasión que el premio francés se destina a una producción de Irán (actualmente, España colecciona únicamente uno gracias a Buñuel y su Viridiana). Para conocer la primera, hay que desplazarse casi 30 años atrás. En la gala de cierre de 1997, El sabor de las cerezas se condecoraba como la favorita en una decisión ex aequo junto a la japonesa La anguila.

El creador de la primera es otro de los artistas del golfo Pérsico más afamados, el fallecido Abbas Kiarostami. Su obra también trataba un tema conflictivo bajo los dogmas que propugna la República Islámica: un hombre en su búsqueda de un ayudante para poder dar término a su vida. Kiarostami siguió, a lo largo de su prolífica carrera, combatiendo la censura, mostrando los malestares de las clases sociales más bajas.
No sólo la Palma de Oro
Más allá de esta dupla de Palmas de Oro, Cannes también ha alojado otras cintas iraníes. Holy Spider de 2022 es una de ellas, con la que su intérprete principal, Zar-Amir Ebrahimi, cosechaba el honor a mejor actriz. En esta ocasión, la crítica al sistema era plenamente explícita, relatando un caso real de un asesino de prostitutas bajo justificaciones religiosas. Su atrevimiento impidió que el rodaje pudiera efectuarse en el país de origen del equipo, desplazándose a Jordania.
Otro punto de inflexión fue en el 2016. En el certamen se presentó El viajante de Asghar Farhadi, la cual cosechó la distinción por su guion y actuación femenina. Concretamente esta última, Taraneh Alidoosti, en una rueda de prensa a su vuelta a Teherán, dejó ver en su brazo un tatuaje feminista. El dibujó formó quejas entre los más conservadores. La misma afectada se reafirmó en un tuit declarando que luchaba por la igualdad de los hombres y mujeres.
Un cine con sabor a premio
Alejándose de la Costa Azul gala, la nueva ola de cine iraní deja recuerdos en otros enclaves fílmicos. También son dos los Oscar que posee en la categoría de audiovisual en habla no inglesa. Ambos son gracias a la labor detrás de cámaras del mencionado Farhadi. El primero por Nader y Simin: una separación en 2011. El segundo por la también comentada El viajante. Por si fuera poco, en 2023 el cortometraje animado A la sombra del ciprés de Hossein Molayemi y Shirin Sohani consiguió el premio de la Academia en su respectiva categoría.
Ese mismo 2023, el Festival de Cine de Berlín fue inaugurado con la proyección de Siete inviernos en Teherán, un documental que informaba de uno de los casos de misoginia más crudos del país. Contaba la vivencia de Reyhaneh Jabbari, una joven ejecutada tras años encarcelada tras haber matado a su abusador.
El mundo del celuloide atraviesa grandes dificultades en Irán. Muchos de sus agentes, desgraciadamente, tienen que recurrir al exilio. No obstante, la fuerza de su mensaje no pasa desapercibido. Quizás la gran pantalla es uno de los vehículos para alcanzar, finalmente, el objetivo de liberar su sociedad de la opresión y conseguir que el lema reivindicativo Mujer, Vida, Libertad sea algún día una realidad.

