En esta quinta entrega, los juguetes de Bonnie se enfrentan a un nuevo desafío: la llegada de la tableta Lilypad
Este 17 de junio regresa la famosa banda. Frente a una infancia absorbida por la tecnología, Woody, Buzz Lightyear, Jessie, Perdigón y sus amigos huyen del olvido y demuestran que salir a jugar no es solo cosa de «niños de mamá».
Toy Story nació en 1995 para dar luz a la infancia de los 90 con sus aventuras. Woody y Buzz Lightyear, quienes comenzaron compitiendo por ser el juguete favorito de Andy, acabaron siendo inseparables. Ni el tiempo, ni las despedidas, ni su nueva dueña —la pequeña Bonnie— pudieron contra el cariño que se tenían.
A partir de ellos, entrega tras entrega, la familia no ha parado de crecer. Han sumado incorporaciones como Forky y su esposa-cuchillo, Karen Beverly (Toy Story 4), Dolly y el Señor Espinas (Toy Story 3) o Perdigón y Jessie (Toy Story 2). En esta quinta película, estos entrañables veteranos ceden parte del protagonismo a la vaquera, quien asume el liderazgo del grupo ante una crisis sin precedentes.
La lucha contra el mundo online
Vienen malos tiempos para la banda: Las tecnologías, tan rápidas y versátiles, han sustituido a los juguetes, ahora en su peor momento. Woody, que había decidido vivir en la calle tras sentir que ya no encajaba con Bonnie, regresa bajo el llamado de Jessie para solucionar un problema: La llegada de la tableta Lilypad a casa acapara la atención de la pequeña y, más que nunca, les pone en riesgo de acabar en una caja.
A la acción también se incorpora Blaze Manoukian —una nueva figura humana que acompañará desde otra perspectiva el viaje de los juguetes—junto a sus simpáticos amiguitos en la niñez: Smarty Pants, Atlas y Snappy. Ellos son los encargados de poner el límite entre la vieja vida de los aparatos a pilas y la luz de los dispositivos de última generación.

El ascenso de Toy Story 5
Aunque muchos criticaron que la saga continuara tras Toy Story 3, Pixar ha demostrado que aún tiene magia. Esta entrega supera con creces a la anterior gracias a su crítica social y a un argumento que sube los estándares de guion. Desde el humor y la calidez de los personajes, la historia aborda el aislamiento tecnológico y los prejuicios, no sin recuperar esos plot twists que tanto habíamos echado de menos en Toy Story 4.
Mientras, la dirección a manos de Andrew Stanton, ganador de dos premios Óscar, director de otros proyectos como Bichos (1998), Buscando a Nemo (2003) o WALL·E (2008) e involucrado en la historia desde sus inicios, ha conseguido integrar la cultura digital, la amistad y la identidad desde la perspectiva de Bonnie con una empatía en sus comportamientos más tierna que triste.
Asimismo, de la música se encarga, como es costumbre, Randy Newman, compositor de banda sonora y la histórica You’ve Got a Friend in Me. Eso sí, esta vez también estará presente Taylor Swift con la canción I knew it, I knew you, inspirada en la historia de Jessie.
Manteniendo la esencia de la dirección, los juguetes seguirán abrazando la tradición con pequeños guiños a entregas pasadas, siempre dentro de la trama que no pierde de vista cómo nació la historia. Toy Story 5 demuestra nuevamente por qué esta saga es una cura al corazón de jóvenes y adultos.

Las voces más famosas de Pixar
El elenco original en inglés mantiene a sus pilares históricos: Tom Hanks y Tim Allen liderando de nuevo como Woody y Buzz Lightyear. Una vez más, les acompaña la gran Joan Cusack como Jessie, además del regreso de Keanu Reeves prestando su carismática voz a Duke Caboom.
En cuanto a las grandes sorpresas de esta entrega, la versión en castellano cuenta con divertidos cameos de celebridades: Penélope Cruz prestando su voz al divertido personaje de un flamenco inflable, el productor musical Bizarrap como un enano de jardín (Santa de Jardín), el cantante Bad Bunny, que interpreta a una porción de pizza con gafas de sol, y la artista Belinda como la gran amenaza de la película, la tablet tecnológica Lilypad.
Hay un amigo en «nosotros»
Como fórmula de toda película de calidad y del sello Pixar, requiere una enseñanza. A pesar de que la trama pasa de puntillas por ciertas cuestiones sentimentales en las que habría sido interesante profundizar más, la moraleja sigue siendo clara: el valor de las conexiones reales no se puede medir desde el ciberespacio, sino desde la compañía.
En un presente donde, como bien decía Woody, «los juguetes son para jugar y la tecnología es para todo», debe haber una fuerza resistente a hacer de las comunidades digitales toda la existencia y entretenimiento.
La vida que los juguetes enseñan, está fuera de las tabletas. Y las relaciones de afecto decentes, también. Porque pocas cosas hay más humanas y enternecedoras que imaginar juntos. Quizás va siendo hora de apagar los teléfonos y regalarle un juguete al niño que llevamos dentro. Puede que cambie el mundo o, al menos, desempolve nuestros recuerdos.


