El escenario de ‘La Casita’ pretende presentar Puerto Rico al resto del mundo
En DeBÍ TiRAR MáS FOToS, la nueva gira de Bad Bunny, se recuerda con nostalgia la familia y el hogar puertorriqueño, ahora adaptado a las celebridades y la perfección estética.
Llegué al concierto con una entrada comprada de improviso y muchas ilusiones. Como otras veces, me sentía atraída hacia la idea de reconciliarse con todas las partes de uno mismo que se pierden dentro de la música; el único arte que es capaz de reunir a los que festejan la novedad y lloran la pérdida.
‘La Casita’ surgió con esa intención. Bailar al ritmo de los besos y abrazos que nunca hemos dado y de las fotos que nunca hemos «tirado». Siempre desde donde el cariño jamás se agota y deseamos que nos esperen. Inspirada en una vivienda real de Humacao, Puerto Rico, la imitación, creada para acoger a personas privilegiadas durante el concierto, prometía su propio retrato de la vida cotidiana y la clase trabajadora del país. Una conexión de lo íntimo con lo masivo para compartir las tradiciones puertorriqueñas más allá de las fronteras.
En los porches de esas casas, hacia finales del siglo pasado, el anfitrión recibía a su gente para brindar por las alegrías. En la gira, lo único que se celebra son las cámaras. ‘La Casita’ explora la humildad en un espacio que explota el prestigio de las minorías. Lo invisibilizado no se convierte en referente, sino en producto.
En una vida tan mercantilizada, la autoevaluación nunca es suficiente. Apagamos el móvil durante la última canción y creemos estar reivindicando los momentos auténticos, cuando lo único que alimentamos en este evento es el escrutinio. Permitimos que la pista se vuelva un lugar para competir por el foco.
Muchas de las jóvenes, independientemente de su nacionalidad, se aconsejan entre ellas por redes sociales y pasean sus mejores conjuntos bajo un único propósito: que un ojeador del equipo de Bad Bunny las valide para entrar en la terraza de ‘La Casita’. Como anónimas, si quieren bailar al lado de los VIP, deben salir elegidas entre el resto del público por cumplir con los cánones de belleza.
Lejos de parecer un ambiente familiar, el pequeño hogar se ha quedado en un pasaje directo a la élite. Llegar allí no es estar en ánimo de un vecino cualquiera, mucho menos de la misma manera que la tradición había marcado: es aceptar la esclavitud de ser físicamente perfectos y haber alcanzado la fama.
Situaciones como estas contradicen lo que llevamos años escuchando. Nos han intentado explicar que «los gustos nicho son el nuevo negro», pero al final quedan en una ilusión. Solo lo predominante es trendy, y solo lo trendy tiene derecho a ser expuesto. Vivimos en piloto automático y, sin ser conscientes, seguimos defendiendo que la vida siempre ha sido de los que ganan en el primer vistazo.
A pesar de todo, mentiría si no admitiese que he pasado un tiempo maravilloso. Incluso con la ligera culpabilidad de una «delatora» por hacer esta crítica, ser reales siempre será mucho más poético que ser complacientes.
La experiencia ofrecida en DeBÍ TiRAR MáS FOToS, aún siendo éticamente cuestionable, es una estrategia maestra de marketing: cuida hasta el último detalle de su escenografía y, dentro del reggaeton, cada canción mezcla los ritmos nativos de Bad Bunny con el mainstream que, nosotros como público, estamos acostumbrados a oír. Un «que hablen bien o mal, pero que hablen» en estado puro. De acuerdo o no, todos los caminos llevan a ‘La Casita’. Otro día será el que nos pongamos de acuerdo para lograr reescribir el mapa.


