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En conversación con Lidia García: “Alivio de faenas y memoria sentimental, también eso es la copla”

Lidia García publica su primer libro, ¡Ay, Campaneras! Canciones para seguir adelante, un emotivo recorrido por la canción popular española, que adapta a papel el podcast de mismo nombre. 

Cuando Lidia García (Montealegre del Castillo, 1989) comenzaba la aventura con el podcast ¡Ay, Campaneras! allá por el confinamiento y desde el salón de su casa, no se esperaba el revuelo que iba a causar: “Desde luego lo que más me impactó fue que me escribía mucha gente contándome experiencias de cómo se habían sentido acompañados. Incluso me escribieron de residencias de ancianos cuidadores que les ponían el podcast”. La albaceteña, investigadora predoctoral en la Universidad de Murcia, decidió compartir en formato de audio su trabajo y pasión: la canción popular española.

Intercala su actividad profesional como profesora e investigadora con la divulgación de su trabajo y el activismo LGTB y feminista: “Como investigadores, los temas que nos interesan tienen que ver con quiénes somos. Estas cuestiones nos tocan de una manera particular o despiertan nuestro interés hasta el punto de querer dedicar la vida a seguir aprendiendo sobre ello. En mi caso, ni siquiera trazo una distinción entre una cosa y la otra. Son lenguajes diferentes, maneras distintas de aproximarte al mismo fenómeno, pero de manera muy orgánica. Son enriquecedoras en sentidos diversos. En mi caso creo que está funcionando bastante bien la idea un poco arriesgada de querer hacer todo a la vez, pero estoy muy contenta de momento -se ríe-”.

Imagen de la autora. | Fuente: Lidia García en Twitter (@thequeercanibot)

“Siento que en muchas ocasiones hay cierta distancia social entre generaciones”

El subtítulo del libro referencia la relación entre la clase popular y su música: “Todas las canciones que acaban siendo de consumo masivo, y que marcan la sentimentalidad de varias generaciones, como es el caso de géneros como la copla, el cuplé y la zarzuela, tienen un componente de acompañamiento. Tienen esa capacidad de encapsular el modo de vida de toda una generación. Son muy reveladoras de cómo vive la gente en ese momento. También de las estrategias que utiliza la gente para seguir adelante, a través del uso y el consumo de esas canciones”.

Puede sorprender que alguien joven se interese por una música que no le corresponde a su generación, pero Lidia García entiende que comprender el porqué de estas canciones puede servir de nexo intergeneracional: “Es una de las cuestiones que más me preocupan. Siento que en muchas ocasiones hay cierta distancia social entre generaciones. Tenemos unas pautas de socialización que nos vinculan mucho a gente de nuestra misma edad, y por la manera en que nos relacionamos, nos separan de otras generaciones. Creo que esto, por supuesto, es un error. Podemos aprender muchísimo de estas estrategias que han utilizado generaciones anteriores para sobrellevar momentos muy difíciles. La cultura popular en general, y la música en particular, ha jugado un papel fundamental. Por lo tanto, creo que a través del acercamiento del conocimiento y del disfrute de estas canciones y cultura podemos acercarnos a esa generación que, muchas veces, por desgracia, nos parece un tanto lejana”.

Concha Piquer, una de las figuras más importantes de la copla. | Fuente: RTVE

La copla, ¿reflejo de los valores franquistas o canción transgresora?

La condición popular y femenina de estos géneros musicales, especialmente en el caso de la copla, hace que se les otorgue cierta connotación negativa desde las estructuras patriarcales. Históricamente, para llevar a cabo su rechazo, desde la esfera académica sus detractores han utilizado el hecho de que sirvieran de vehículo de transmisión de los ideales nacionalcatólicos durante el franquismo. Aun así, la autora insiste en reivindicarlos: “En primer lugar, porque la copla es anterior a la dictadura, y anterior a todos estos intentos de apropiación que existieron. Se fragua como género en los años treinta, pero sí es cierto que su esplendor coincide con la dictadura. Precisamente me parece interesante explorar hasta qué punto, un género que coincidió temporalmente con la dictadura, se las apañó para hablar de temas que en ese momento se consideraban tabú y para dar cabida a sensibilidades que estaban muy lejos de la norma. Estos mecanismos, estas mañas para hablar de las cosas que no se podían decir de otra manera son una de las cosas que más me interesan de un género como la copla”.

Preguntada por la razón por la que la copla podía escapar de los mecanismos de la censura franquista, explica: “La copla daba cuenta de un modo de narrar y de reflejar un modo de vida previo a la dictadura. Ya estaba asentado en el imaginario colectivo, era muy complicado intentar barrer con eso. Estas historias de casi marginalidad, una moral sexual al margen de los cánones de la época, etc., ya se contaban en los años treinta y continúan perviviendo en la copla. En algunas ocasiones, y para burlar esa censura, echaron manos de mecanismos ya presentes en el género. Tienen que ver con su raigambre poética, la utilización de metáforas, dobles sentidos que se camuflan, que no se plantean de una manera explícita”.

Pepa Flores «Marisol». | Foto de César Lucas

“No es nada específico de España, esa relación entre la diva y el gay”

El desprecio desde las élites culturales a todo producto que es ampliamente disfrutado por las mujeres no es algo único de la copla. Lo hemos visto desde grupos como The Beatles (con una amplia base de fans femenina) hasta Justin Bieber o One Direction. Pero esto afecta también a las intérpretes, a las que se les ha negado toda dimensión política de su persona por el carácter sentimental de sus letras: “Creo que en determinadas ocasiones se les ha restado valía porque cultivaran una canción de consumo popular. Es decir, si las mismas cosas que decían estas mujeres se hubieran dicho desde una tribuna legitimada intelectualmente, probablemente se les hubiera dado más valor. Aparte del hecho de que fueran mujeres, claro”.

Pero esta actividad política estaba muy presente en las folclóricas, como la conocida militancia comunista de Pepa Flores (Marisol). Una de las reivindicaciones más extendidas entre estas cantantes tiene que ver con el colectivo LGTB. Lidia García explica así esa conexión: “En el caso de las folclóricas en particular, opera un mecanismo que funciona en muchas tradiciones culturales. No es nada específico de España, esa relación de la diva y el gay, el público que la sigue. Es la identificación con la feminidad hiperbólica, que se pincelaba muchas veces de transgresiones. Por otro lado, opera que en el repertorio de la copla están cuajadas historias que desafían de alguna manera la moral de la época. Muchas veces tienen que ver con historias de amor que se presentan como imposibles, como clandestinas, dramáticas. Me parece que era casi inevitable que quienes vivían, en carne propia y forzosamente, una experiencia del amor así de accidentada se identificaran especialmente con estas canciones”.

María José Llergo. | Fuente: Instagram de la cantante (@mjllergo)

Hacia la reivindicación de la canción popular española

La escena musical española actual se atreve cada vez más a jugar con lo nuestro. Artistas como María José Llergo o Califato ¾ se sirven de sonidos tradicionales de nuestra música para hacer algo nuevo. La autora lo recibe entusiasmada: “Me gustan mucho, en concreto María José Llergo me apasiona lo que hace. Su versión de Pena, penita, pena es una maravilla. Me parece absolutamente sanador que surjan figuras de la contemporaneidad, desde lenguajes muy actuales, e incluso rupturistas, que recuperen de alguna forma esa tradición y nos reconcilien con ella. Y Califato igual, me encanta”.

¡Ay, Campaneras! nos acerca a esas canciones que tararean nuestras madres y abuelas, que sonaban en largos viajes en coche, enterradas en la mente de una generación que las utilizó como mecanismo de supervivencia, para seguir adelante. Lidia García las recupera del agujero negro que es el recuerdo, y las reivindica como algo que puede llegar a ser incluso político, con historias que nos hablan de la experiencia femenina en una época en la que las mujeres casi no tenían voz; o desde los márgenes, escondiendo en sus letras amores prohibidos.

 

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