En El fin de la revolución social, Bakunin disecciona las causas históricas y sociales que propiciaron la lucha por la emancipación del proletariado
Con El fin de la revolución social, Altamarea publica las conferencias que en 1871 Bakunin, padre del anarquismo, dirigió a los obreros del Valle de Saint-Imier, en Suiza. En ellas, el subversivo pensador criticó el deshumanizado sistema capitalista y animó la rebelión contra la burguesía y las clases privilegiadas.
Repaso histórico de las condiciones del proletariado
Bakunin comienza explicando cómo el poder pasó de las enjoyadas manos de la Iglesia católica a las de los soberanos de los Estados monárquicos con la Reforma Protestante del siglo XVI. Este trasvase del poder auspició una mayor prosperidad en la burguesía, pero supuso su alejamiento de las clases obreras, que no experimentaron cambios en su lamentable estado de explotación.
Dos siglos más tarde, el lema de “Libertad, igualdad y fraternidad” que los burgueses enarbolaron durante la Revolución Francesa ignoraba nuevamente al proletariado. Porque, si para Bakunin “la pobreza es esclavitud”, el obrero, que se veía obligado a ofrecer largas y duras jornadas de trabajo por un mísero salario, no era libre con respecto a su patrón, y por ende, no era igual. En esta situación de opresión y diferencia, ¿cómo iba a reinar la concordia fraternal? Era la hora de la Revolución Social.
Hacia el fin de la revolución social
Analizando el estado de la burguesía tras la caída de Napoleón en los distintas monarquías europeas, Bakunin declara que el principio por el que se rigen es el individualismo más exacerbado. Así, el egoísmo y la competición inundan la cultura, contaminan a los jóvenes políticos y encuentran su mayor cómplice en el Estado. En esta carrera hacia el disfrute personal, los obreros, que carecen de educación y recursos, nunca podrán llegar a la meta.
Por otro lado, parte de la burguesía se ve perjudicada por este codicioso sistema, porque los grandes empresarios acaban aplastando a los pequeños con sus productos más económicos, y, por consiguiente, también a sus trabajadores.

En este contexto, Bakunin se dirige a los obreros suizos con el mensaje de predicar la rebelión. A través de la fuerza y la unión de la Internacional, lograrían su objetivo de «emancipar a la humanidad» mediante la organización e implantar así un sistema justo para los obreros.
Las ideas de Bakunin en la actualidad
Leer este discurso un siglo y medio después es gratificante porque pone de manifiesto el progreso de nuestra sociedad. Tópicos como la ausencia de un derecho internacional o la exclusividad de la educación para las clases privilegiadas que vienen duramente criticados en este libro son impensables en el tiempo presente. Editado por Eduardo Montagut y traducido por Frank Mintz, El fin de la revolución social es una lectura interesante que hace reflexionar sobre el legado de este controvertido líder.
Sobre el autor
Mijaíl Bakunin es una de las figuras más representativas del anarquismo y la conciencia de clase. Nació en 1814 y fue el primogénito de una familia liberal y adinerada asentada en Tver, provincia del Imperio ruso. A los 15 años ingresó en la Academia de Artillería, de la que sería expulsado tres años después. Tras estudiar Filosofía, en 1840 visitó Alemania, donde tomó contacto con el movimiento obrero y conoció a Marx y Engels. Estuvo involucrado en los levantamientos de Praga (1848) y Dresde (1849).
Algunas de sus ideas más características son la crítica a la Iglesia, la supresión del Estado y la liberación de los oprimidos. Destacan sus obras Dios y el Estado, Estatismo y anarquía, El principio del Estado, Crítica y Acción y El Estado y la Comuna. Propagó el pensamiento anarquista por Europa hasta que, pobre y enfermo, se trasladó a Suiza, donde fallecería en 1876.


