Deborah Levy nos sumerge en una novela donde cada personaje se vive y se siente a lo largo de cada página
¿Qué pasa cuando ignorar tu pasado complica tu presente? Esta es la historia de Elsa M. Anderson, una pianista de renombre cuya carrera se ve amenazada tras un colosal fallo durante una interpretación en Viena.
La obra no comienza precisamente en ese momento, es un factor determinante que permite justificar los diversos viajes de la protagonista. El primero de ellos, y con el que da comienzo la trama principal, sucede en Atenas, donde Elsa tenía un alumno al que impartía lecciones de piano durante unos días.
Durante una feria local, se topa con una figura de dos caballos que se movían al levantarles la cola. Al compás de ese movimiento, los recuerdos de la infancia pianista volvían a ella, razón que la hizo decidirse por ir a comprarlos.
Su desdicha llegó cuando una elegante mujer que portaba un llamativo y cuidado sombrero se le adelanta y adquiere los caballos, dejando a Elsa con la sensación de haber perdido algo que nunca llegó a tener.
Momentos después la mujer perdió el sombrero, y Elsa se lo quedó justificando que la mujer se había quedado sus caballos.

Elsa va realizando diferentes viajes para atender a los diferentes alumnos que le van surgiendo, todo ello tras ignorar las súplicas de sus amigos y de Arthur, su padre adoptivo. Todo el mundo le decía que su fallo no había sido tanto como ella consideraba, asegurándole que diversos conservatorios de todo el mundo desearían contar con ella como profesora e instándole a que volviese a los grandes escenarios.
Ante la negativa de Elsa, ella siguió con sus planes. Ella y su sombrero fueron recorriendo ciudades y conociendo gente, tomando decisiones de las que luego la pianista llegará a arrepentrise.
Pero algo no iba del todo bien, daba igual en la ciudad o el momento que estuviera, la mujer del sombrero estaba allí, dentro de ella. Se convirtió en la voz de su conciencia, la veía en todas las ciudades a las que iba y se entrometía en todas sus decisiones, razón por la que acabó contándoselo a la gente de su entorno de confianza.
Pero, ¿quién es?
No será hasta el mismo final que no descubramos la realidad de esta persona, pero, para ello, hay que leer el libro. Sin embargo, esta «voz» se convierte en esencial durante su viaje a Cerdeña para cuidar de Arthur en sus últimos días.
Solamente él conocía a su madre adoptiva, madre de la que ella no ha querido investigar en toda su vida, ya que la abandonó cuando era muy pequeña en la casa del maestro.

Arthur le da la llave que le permitirá abrir esa cápsula del tiempo, comprobar esos recuerdos que se almacenaron de manera poco nítida en la memoria de Elsa y comprender en sí la razón de su ser.
Un personaje que apareció por una supuesta casualidad que acaba llevando a la protagonista a tomar decisiones de las que rehuyó a lo largo de su vida. ¿Quién era? ¿Su madre biológica? ¿Por qué la abandonó? ¿Arthur? y muchas otras preguntas que dotan de gran emotividad a todo el relato.
Acerca de Deborah Levy
Nacida en Johannesburgo en el año 1959, Deborah Levy es una conocida novelista, poeta y dramaturga que acumula numerosos reconocimientos a lo largo de toda su carrera como es el caso de Frank O’Connor International Short Story Award. Además, desde el año 2017 forma parte de la Royal Society of Literature, hito que volvió a reafirmar su talento como escritora.
Su carrera se ha convertido en una «autobiografía en construcción«, permitiendo mostrar su perspectiva de la vida y su identidad, abordando gran diversidad de temas en sus obras como la memoria, la voz interior o la importancia de la familia en la vida de las personas.
La crítica aclama sus obras, destacando su capacidad de generar descripciones precisas, alegres y puras que permiten conectar con la autora y sus personajes. En esta última obra, Azul de agosto, los lectores destacan su habilidad de resaltar de manera sutil los elementos clave, fluyendo en la historia como en una partitura musical.


