La Cartera, de Francesca Giannone, una novela con un relato cautivador ambientado en la Italia de los años 30, galardonada con el prestigioso Premio Bancarella
La historia de la obra tiene lugar en el sur de Italia en la década de 1930, y la protagonista Anna Allavena se convierte en la primera cartera del pequeño pueblo de Lizanello. La producción, que se mantiene en el top 10 de ventas durante 31 semanas, ha sido calificada como una saga familiar trepidante, profundamente conmovedora y con una clara apuesta por la emancipación de la mujer.
La historia y un criterio
Uno de los aspectos más destacados de esta novela es su protagonista, Anna Aravina. Giannone crea un personaje femenino fuerte y adelantado a su tiempo, lo que sin duda resulta refrescante dado el contexto histórico opresivo que se describe. Anna no sólo desafió las convenciones de género de la década de 1930, sino que, después de convertirse en la primera mujer cartera de la ciudad, enfrentó la mirada y las quejas de una comunidad que no estaba preparada para una mujer tan independiente y valiente. Con este libro, la autora ofrece una reflexión muy necesaria sobre la liberación femenina y el papel que las mujeres pueden desempeñar en la sociedad, incluso cuando las normas sociales no las favorecen.
Sin embargo, aunque Anna era interesante, en mi opinión los personajes secundarios no alcanzaban la misma profundidad. A veces quiero saber más sobre sus historias y motivaciones. Personajes como Antonio, el cuñado que se enamora de Anna, o Carmela, la costurera con la que Carlo tiene un pasado, presentan interesantes conflictos internos pero fracasan un poco en su desarrollo. Esto no obstaculiza el flujo natural de la historia, pero en una novela que abarca más de treinta años, algunos personajes podrían haberse explorado mejor. En mi opinión, esta falta de desarrollo limita el potencial emocional que puede alcanzar la historia.
Otro aspecto destacable es la reconstrucción del entorno del sur de Italia. Giannone describe magistralmente las vistas, los aromas y los sonidos de Lizzanello. Cada página está llena de una atmósfera cálida y ricos detalles. Es por ello que la autora nos sumerge en la vida cotidiana de una pequeña ciudad italiana de la época. Por ejemplo, la descripción de la cocina no sólo es un placer para los sentidos, sino que también tiene un significado simbólico en la trama. El uso del pesto por parte de Anna como ritual para recordar sus raíces del norte y al mismo tiempo adaptarse a su nueva vida en el sur es un ejemplo de cómo la autora logra entrelazar la cultura culinaria con el desarrollo del carácter.
El eje central de La Cartera
La trama familiar es uno de los ejes centrales de esta novela. Está bien construida y, desde un punto de vista muy humano, muestra las relaciones entre las personas. Giannone consigue expresar cómo las relaciones familiares cambian con el tiempo. Los niños y los adultos cambian, se desarrollan, envejecen y se adaptan al mundo en constante cambio que los rodea. La relación de Anna con Carlo y Antonio se basa en el respeto, el cariño y la tensión. El hecho de que Antonio se sienta inmediatamente atraído por su cuñada añade otro nivel de desarrollo a su relación. Giannone evita de nuevo lo obvio al tratar la situación con delicadeza. No es una historia de amor prohibido, ni un triángulo amoroso directo, es mucho más sutil, sobre deseos no correspondidos y restricciones sociales.
Uno de los elementos que se han señalado debidamente son los conflictos internos que los personajes afrontan para cumplir con las expectativas sociales. De hecho, en Lizzanello se palpa una inmensa rigidez de las normas tradicionales en todos los aspectos de la vida, y Anna, como individuo, nunca deja de enfrentarse a ellas con su carácter desafiante en su vida cotidiana. Además, la trama de la novela también plantea el problema del género a través del hijo de Carmela, Daniele, que desea convertirse en diseñador de moda en una época en la que es una profesión reservada exclusivamente a las mujeres. En otras palabras, esta subtrama añade un matiz importante a la narrativa: deja claro que no sólo las mujeres sino también los hombres pueden quedar atrapados por las expectativas sociales.
Una novela apropiada
La elección del ritmo que Giannone aplica a La Cartera, un tanto lento, me parece bastante apropiada. Esta disposición tan suelta ayuda a transmitir los sentimientos y la relación entre los personajes de una manera más natural. Esto no da la impresión de prisa que esto produce en la narración, un aspecto que hace que la historia sea verdaderamente auténtica. Al mismo tiempo, admito que puede resultar un poco exasperante para algunos… sobre todo para aquellos que quieran algo más rápido o con más acción. Otro punto interesante de la novela es cómo sitúa la historia personal de Anna en el contexto de la historia de Italia en ese momento. A lo largo de la novela, se insinúan acontecimientos importantes, como la llegada al poder del fascismo y la Segunda Guerra Mundial. Giannone consigue entrelazar estos elementos con la trama de forma bastante natural.
Finalmente, debo decir que, si bien La Cartera no llega a ser una novela revolucionaria tiene un encanto que resulta innegable. La obra invita a la reflexión sobre la libertad individual. Además, pone en valor peso de las expectativas sociales, y que se apoya en una protagonista carismática. La escritora guía al lector a través de una historia de resistencia y autodeterminación. Aunque no la catalogaría como excepcional, sí es una lectura recomendable, especialmente para aquellos interesados en las sagas familiares, los retratos históricos y las protagonistas femeninas fuertes. Giannone ha logrado crear una novela que, sin ser perfecta, deja una impresión duradera, y eso, en mi opinión, es siempre un mérito considerable.
Sobre la autora
Francesca Giannone nació en la región de Apulia y es licenciada en Ciencias de la Comunicación. Además estudió en el Centro Sperimentale di Cinematografia. Durante su tiempo en Bolonia, se encargó de catalogar una colección de treinta mil volúmenes de la Associazione Luigi Bernardi y completó un curso de escritura de dos años en la Bottega di Narrazione “Finzioni”.
Ha publicado relatos en diversas revistas literarias, tanto en formato impreso como digital. La idea de escribir La Cartera surgió tras encontrar en un cajón de la casa familiar una tarjeta de visita con el nombre Anna Allavena, Cartera. Anna, quien resultó ser su bisabuela, había tenido una vida excepcional. Hoy en día, Francesca reside en Lizzanello, su localidad natal en Salento, donde continúa escribiendo y dedicándose a su otra gran pasión: la pintura, inspirada principalmente en figuras femeninas.

