Publicada en 2016, El amor de los hombres solitarios es la segunda y última novela del brasileño Victor Heringer. En ella explora la vida de Camilo, marcada por un trauma de juventud
Bajo el sol abrasador de un Río de Janeiro atravesado por la dictadura militar, Camilo se enamora por primera vez. Treinta años después, regresa a su barrio natal, bajo el mismo sol ardiente de su infancia.
El pasado mes de abril, ocho años después de su publicación, el sello editorial Sexto Piso publicaba El amor de los hombres solitarios de la mano de la traducción de Francisco Cardemil Pérez. Hoy, tras haber leído la copia que la editorial ha amablemente cedido a El Generacional, me sumerjo en el Queím achicharrado por el sol de Camilo.

¿Quién fue Victor Heringer?
Tal vez el nombre resuene en la memoria del lector. O, tal vez, no haya tenido aún la suerte de cruzarse a Heringer en su camino. Lo cierto es que ambas opciones son plausibles, porque, a pesar de su exitosa carrera literaria, Victor Heringer falleció prematuramente, a punto de cumplir los treinta.
Su fallecimiento no solo supuso el fin de una existencia que aún estaba floreciendo. Sino también el fin de una carrera literaria que se las prometía extraordinaria. Y es que Heringer fue, además de novelista, poeta y columnista para la revista Pessoa, así como escritor esporádico de la revista Continente. Además, fue galardonado y nominado a varios premios.
Victor Heringer y «el artista como enemigo del cliché»
Victor Heringer fue un escritor con un estilo único. Como él mismo afirmó para Cuaderno 4, Modos de escrever, de Enfermaria6, «el artista es el enemigo del cliché, de la frase hecha, de lo previsible. Como escritor-lector, abomino de lo previsible, incluso lo imprevisible previsible. Es decir, el cálculo torpe de lo inesperable» (traducción de la entrevista por Tr3sReinos).
Por ello, no sorprende que la estructura de la novela se aleje de los estándares narrativos contemporáneos a su publicación en 2016. Así, El amor de los hombres solitarios se adentra en la vida de Camilo, el hijo lisiado de una familia acomodada de Río de Janeiro, a través de una aproximación estilística con la suficiente fuerza como para influir en la recepción de la historia.
Y es que el pasado y el presente se entremezclan arbitrariamente. Hay imágenes en la novela. Pequeños fragmentos de diálogos dramáticos aparecen y desaparecen en medio de esta historia, que siempre se sucede bajo un sol amarillo, cegador y abrasador.
Pero, a pesar de que estas divergencias puedan antojarse como un reto, el lector puede estar tranquilo: una vez que comience a leer la novela, encontrará muy difícil dejarla de lado.
Esto es, en gran medida, consecuencia del estilo narrativo de Heringer. Poeta además de novelista, esta faceta se aprecia enormemente en su uso del lenguaje, tejido con palabras directas y punzantes, pero que bailan entre sí con suavidad, casi ternura.
En especial, Heringer hace hincapié en la expresión de los sentidos. Y son precisamente estas alusiones al olor, al sabor y a la textura lo que otorga a El amor de los hombres solitarios tal verosimilitud, que parece que la historia se materializase ante el lector.

Un sol abrasador y una infancia en Queím
El amor de los hombres solitarios narra el presente de Camilo, que ya tiene cerca de cincuenta años, pero también su pasado. En concreto, narra la época en la que conoce y se enamora de Cosme.
Esta parte de la historia es, tal vez, la más interesante, ya que Heringer se adentra en el inalcanzable reino de la infancia. Y es que parece haber una tendencia generalizada a olvidar los sonidos, olores y sabores de la infancia. También, a menudo se olvidan las horas muertas, los pensamientos que gobiernan las mentes infantiles, y los sueños del que tiene toda una vida por delante.
No es el caso de El amor de los hombres solitarios. Aquí, a través de la narración de escenas nítidas y del desarrollo de personajes profundos y redondos, Heringer transporta al lector al ficticio barrio carioca de Queím a finales de los 70, cuando Camilo era joven.
Allí Camilo experimenta los últimos latigazos de una infancia acomodada, y conoce las realidades personales y sociales de muchos adolescentes de su edad, que, a diferencia de él, viven en las calles, rodeados de una pobreza que hasta entonces le era ajena.
En este sentido, la novela es un altavoz a partir del cual Heringer relata con todo lujo de detalles las vidas, deseos, e ilusiones y desilusiones del Río de Janeiro más humilde y olvidado.
En conclusión, El amor de los hombres solitarios es una novela imprevisible, tal y como deseaba su autor, y también fascinante. Adentrarse en ella es como viajar a través del tiempo, de las fronteras entre la ficción y la realidad, y de los estratos sociales que nos separan del sol abrasador de Camilo.


