Mayte Uceda vuelve a triunfar con El maestro de azúcar, su nueva novela ambientada en la Cuba colonial
La nueva novela de Uceda es un viaje a una Cuba única en la que las diferencias y desigualdades conviven, creando un modo de vida.
El pasado 17 de enero, Mayte Uceda publicaba de la mano de la editorial Planeta El maestro de azúcar. Y, tal y como compartía la autora en su cuenta de Instagram tan solo siete meses después, el 30 de julio se alcanzaba la quinta edición. Aunque tal hito no sorprende, puesto que El maestro de azúcar es una novela que habla al corazón de quien la lee.
Y es que El maestro de azúcar es una novela única que promete conquistar a los amantes del género histórico gracias a la magnífica pluma de Mayte Uceda; a la presencia de unos personajes fuertes y complejos; y al entorno singular en el que los acontecimientos se desarrollan.

Mayte Uceda y la musicalidad de su prosa
Pero El maestro de azúcar no es la primera novela de la autora. Mayte Uceda lleva desde 2009 publicando novelas, siendo El maestro de azúcar, de hecho, la última de ellas. Sus obras han cosechado grandes éxitos, e incluso han sido traducidas a varios idiomas.
Probablemente, en el corazón de tal éxito se hallen la «musicalidad de la prosa» de Uceda y la sonoridad de sus narraciones. Y es que el estilo narrativo de la autora baila al son de lo lírico y lo poético en un intento de, como ella misma señala en «Martes de Libros» de la fundación Ibercaja, unir su pasión por la música a su literatura.
Así, a partir de este matrimonio entre lo musical y lo literario, Uceda consigue crear un estilo que no solo habla «de tú a tú» al corazón y a los sentidos del lector, sino que la distingue como autora, convirtiéndose en uno de sus signos de identidad.
De Colombres a Cuba: traspasando fronteras en El maestro de azúcar
Sin lugar a dudas, uno de los elementos más cautivadores de El maestro de azúcar es su ambientación. La novela da comienzo en Colombres, un pueblito en Asturias. De ahí, la autora transporta al lector a la hacienda Dos Hermanos, una plantación azucarera en la Cuba recientemente posesclavista.
A pesar de que gran parte de El maestro de azúcar se desarrolla en Dos Hermanos, desde el comienzo de la novela Uceda se vuelca en la descripción exhaustiva de ambos lugares, poniendo en manifiesto las diferentes reglas por las que estos mundos se rigen.
Pero, lo que se antoja verdaderamente relevante no es el «qué», sino el «cómo» describe la autora los espacios de la novela. Y es que Uceda se vale de la experiencia sensorial para transportar al lector a cada uno de los espacios que El maestro de azúcar habita.
Así, el lector conoce Dos Hermanos a través de narraciones detalladas del olor de la plantación, del sabor de las comidas típicas cubanas, de la abrumadora sensación de calor incluso en los meses invernales, y de los sonidos que rodean la vida en la hacienda.
Y es este tapiz sensorial el que fascina y embauca, haciendo al lector vivir la experiencia a través no solo de una descripción visual, sino de sus cinco sentidos.
«Es la idiosincrasia de esta isla»: la Cuba heterogénea de El maestro de azúcar
Pero este tapiz sensorial no solo invita al lector a experimentar la novela de manera más íntima. Además, le sumerge en múltiples reflexiones y debates que atañen directamente a la realidad social de esta última Cuba colonial. Porque, como señalan varios personajes, «es la idiosincrasia de esta isla» (Uceda 390) lo que se esconde en el corazón de El maestro de azúcar.
Así, de la mano de los diferentes personajes—y de sus descripciones y percepciones—, al lector se le descubre la Cuba de 1895. Esta Cuba es una que, aún recién liberada del sistema de esclavitud, era incapaz de encontrar un nuevo orden social funcional. Una en la que convivían un crisol de culturas que chocaban entre sí, que se atraían y repelían a partes iguales. Una ahogada en la desigualdad. Una en la que la belleza y la brutalidad convivían como dos caras de la misma moneda. Una Cuba que funcionaba, en definitiva, bajo sus propias leyes de lo moral, lo justo y lo ético.

Las mil voces de la isla: los personajes de El maestro de azúcar
Aunque tal vez lo que más seduzca de El maestro de azúcar sean sus personajes: complejos, profundos, y, en definitiva, muy humanos. Así, a lo largo de la novela, el lector se sumerge en la psique de varios personajes. Y de su mano explora la crueldad y la dureza más absolutas, pero también la nobleza y la ternura.
Destaca especialmente la diversidad de los personajes que conviven en El maestro de azúcar. Atendiéndose a hechos históricos comúnmente desatendidos, Uceda presenta una comunidad africana rica y plural, ya que en Dos Hermanos conviven tres etnias africanas muy diferentes entre sí: los congos, los mandingas y los carabalíes.
De este modo, a través del análisis y la descripción de estos grupos, Uceda anima al lector a explorar las diferencias entre estos grupos, devolviendo a la Cuba posesclavista el carácter heterogéneo del que tan a menudo ha sido desprovista.

Las mujeres de El maestro de azúcar
El maestro de azúcar es un canto a la defensa de los derechos, la libertad y la igualdad. No sorprende, por tanto, que sus mujeres sean de especial relevancia para el desarrollo de la historia. Así, a través de los diferentes personajes femeninos, El maestro de azúcar guía al lector por los derroteros de las desigualdades sociales que definen la vida de las mujeres y determinan su porvenir.
Además, la mezcla de mujeres peninsulares y africanas proporciona un nivel de reflexión todavía más profundo. Surgen así cuestiones como la jerarquía de las injusticias, ya que, incluso en un mundo sustancialmente injusto con todas las mujeres, las africanas se veían forzadas a existir en el último eslabón de la escalera social.
Esta realidad genera en los diferentes personajes femeninos—tanto blancos como negros—diversos puntos de vista, lo cual ocasiona a su vez un interesante debate en torno a los privilegios raciales y cómo estos afectan a la cuestión de la mujer decimonónica y la desigualdad de sexos.
La cotidianidad de la experiencia femenina
No obstante, la presencia femenina no solo sirve para alentar tan necesarias e interesantes meditaciones. Las mujeres de El maestro de azúcar abren también sus mentes y corazones para hacer al lector partícipe de sus anhelos y sus miedos, sus opiniones y creencias.
Es decir, que la novela presta especial atención a la cotidianidad de la experiencia femenina: al día a día de estas mujeres que, como muchas otras, vivieron en un mundo de hombres que ignoró sus existencias y vivencias más íntimas.
Solo queda, pues, afirmar que leer El maestro de azúcar es adentrarse en un viaje emocional e intelectual que hará al lector replantearse sus conocimientos previos sobre la Cuba colonial y reflexionar acerca de las fronteras entre el bien y el mal, la justicia y la injusticia y, en definitiva, entre la crueldad del mundo y su lado más tierno. No dejará al lector indiferente.


