‘Obligación impuesta’ y ‘Wondrak’ son los cuentos de Stefan Zweig que retratan con crudeza magistral la «monstruosidad del mundo»
Con innegable maestría y a través de la creación de unos mundos profundos y complejos, Stefan Zweig sitúa al lector de frente a debates sobre la libertad, la patria y la pertenencia.
El pasado mes de marzo de 2024, la editorial Acantilado publicaba un volumen que reúne dos emblemáticos cuentos del aún más emblemático escritor Stefan Zweig. Con prólogo de Patricio Pron y traducción de Roberto Bravo de la Varga, esta obra reúne ‘Obligación impuesta’ y ‘Wondrak’, dos cuentos escritos durante los años de la Primera Guerra Mundial.

Stefan Zweig y el horror de la guerra
Tal vez sea la profundidad de sus relatos, que ponen sobre la mesa debates de vital importancia que aún no han caducado. O su pluma atrayente y melosa, que envuelve al lector desde las primeras líneas. Tal vez, en cambio, sean sus personajes, trabajados con suma maestría y empatía. O quizá sea el conjunto de todo ello.
Sea como fuere, lo innegable es que Stefan Zweig, prolífico escritor de ensayos, biografías, novelas y cuentos, fue y es aún en nuestro tiempo un escritor extraordinariamente popular. Y como prueba de su maestría, basta adentrarse en la nueva obra de la editorial Acantilado.
Como opositor al conflicto abiertamente reconocido, Zweig escribió a lo largo del desarrollo de la Primera Guerra Mundial ‘Obligación impuesta’ y ‘Wondrak’, dos cuentos que orbitan alrededor de aquello de lo que era difícil escapar, tanto en la realidad como en la ficción: la «monstruosidad del mundo» (115) que el autor habitaba.

‘Obligación impuesta’ y las fronteras de la libertad y el horror
Al igual que el autor que les dio vida, Paula y Ferdinand, los protagonistas de ‘Obligación impuesta’ se han exiliado en Suiza con una clara intención: ser libres y escapar del gigante de la guerra.
Pero, cuando el cartero encuentra a Ferdinand y le entrega la carta del consulado en la que se le exige someterse a un nuevo reconocimiento médico que determinará si es apto para volver al servicio militar, esta ilusión se hace trizas. Y entonces, surge el conflicto central del cuento: ¿somos, acaso, libres? ¿Podemos verdaderamente escapar de la sombra de la guerra? ¿Podemos enfrentarnos a la «monstruosidad del mundo»?
Estos debates acerca de la libertad, el derecho y el deber en tiempos de guerra se desarrollan a través de las discusiones del matrimonio y los pensamientos de Ferdinand. Así, con una postura radicalmente contraria a la guerra, en la que se puede entrever con claridad la propio ideología del autor, Paula trata de convencer a Ferdinand de su capacidad de decidir por sí mismo. Mientras, Ferdinand entra en un estado de trance en el que un miedo atroz y una sensación de imposición le controlan.
Y, entre tanto, el lector encuentra un espacio para adentrarse e introducirse en sus disputas. Y, precisamente en esta posibilidad de interacción con los personajes es donde reside la fuerza de ‘Obligación impuesta’.
Paula y el duelo femenino en tiempos de guerra
Además, resulta de especial interés la figura de Paula que, sin ser la protagonista, sí que recibe una cuidada atención por parte de Zweig. A través de ella, el autor explora la realidad de la esposa en la Primera Guerra mundial. Y es que, para poder entender bien a Paula, esto no puede dejarse de lado. Al final, gran parte de la postura de Paula frente al conflicto no puede desvincularse de esta realidad: su esposo va a ser llamado a filas y ella no puede hacer nada para evitarlo.
En este sentido, la obra también destaca por su capacidad de trascendencia temporal. ‘Obligación impuesta’ es completamente contemporáneo: lo aquí descrito, como el miedo de Paula y la parálisis de Ferdinand, sigue existiendo en nuestro tiempo.

‘Wondrak’ y el sentido de pertenencia
Adentrarse en ‘Wondrak’ es abrir la puerta a un mundo ficcional cautivador, creado a partir minuciosos detalles sensoriales. Tal es el punto, que una siente que casi puede tocar ese dolor descrito, esa «monstruosidad del mundo».
Y, aunque tales detalles están presentes a lo largo de todo el relato, destacan especialmente en la elaboración de Ruzena Sedlak, «la Calavera». Ruzena, una mujer marginada por su aspecto físico, sorprende a todo el pueblo cuando da a luz a un niño. A raíz de la llegada de Karel a su vida, Ruzena comienza a obsesionarse con la idea de que alguien le arrebate a su hijo.
La realidad es que su miedo es comprensible: la vida de Ruzena se ha visto completamente determinada por su aspecto físico y el rechazo que este provoca. Como ella misma señala, “que se llamaba Calavera, y con razón, fue algo que Ruzena Sedlack supo desde que era una niña: junto con la lengua también se le inculcó la vergüenza, tenía presente a cada instante que por faltarle esa pulgada de hueso había sido expulsada sin compasión de la comunidad natural de los hombres” (96).
Ruzena y la maternidad en tiempos de guerra
Al inicio de la guerra, cuando Karel tiene 17 años, es llamado a filas, lo que provoca que el peor miedo de Ruzena se cumpla de la noche a la mañana. Y es entonces cuando la reflexión sobre la cuestión de la pertenencia surge. Para Ruzena, su hijo es suyo, su propiedad. No respeta la autoridad que «un papelucho arrugado» (122) pretende ejercer sobre ella y su hijo. Así, comienza a actuar llevada por el miedo cegador a perder a su hijo.
Así, el magistral nivel de profundidad del personaje de Ruzena se revela como la clave del cuento. Se vuelve imposible encasillarla en un único arquetipo. Es una mujer marginada y víctima, pero también controladora y calculadora. Y descubrir sus capas, sentir compasión y después reticencia hacia ella, se me antoja lo más estimulante del cuento.

Así que, aunque planteaba hace unas líneas que tal vez el éxito de Zweig se basase en la mezcla de sus cualidades como escritor, para mí, su gran fortaleza es, sin duda, su capacidad de profundización en la psique de los personajes y, en especial, de los personajes femeninos. A través de Paula y Ruzena, el lector puede adentrarse en la experiencia personal de dos mujeres que vivieron «la monstruosidad del mundo» que les tocó habitar.
Indudablemente, la lectura de cualquiera de los cuentos es un gran acierto. Son intrigantes, y lecturas muy enriquecedoras. Y, sobre todo, muy contemporáneas. En palabras de Patricio Pron, «no importa en qué momento se lea este libro, para entonces, como ahora, millones de personas en Europa y en otros lugares estarán habitando el mundo en guerra que describió Zweig” (14).


