El aclamado autor de Llámame por tu nombre y Lejos de Egipto ahonda en los recuerdos de su adolescencia en su última autobiografía, Mi año romano
«Roma y yo tenemos un asunto pendiente que se remonta a mi adolescencia», comenta casualmente Aciman entre los imprescindibles textos de la antología ensayística Homo irrealis (2019). Escrita con una honestidad heredada de Proust y su mejor bisturí para diseccionar los conflictos emocionales humanos, Mi año romano es ese arreglo de cuentas que barruntaba el autor, una confesión de su primer contacto con la cautivadora y obstinada ciudad que se ha colado durante años en sus novelas y ensayos.
Una Italia diferente en Mi año romano
«Para que Flora supiera que quería a alguien, tenía que desconfiar de su amor, luego negarlo, ensayar su pérdida y, al final, desencadenar su pérdida antes de darse cuenta de que realmente amaba a la persona que había perdido». Este extraño método que la tía de Aciman tenía para dilucidar sus sentimientos es el proceso que inconscientemente emplea él para apreciar Roma, la capital que acogió al escritor, su madre y su hermano cuando tuvieron que escapar de Alejandría a mediados de los años 60.

A pesar del hedonismo e idilio que pinta Aciman en los paisajes italianos que aparecen en sus obras de ficción, la realidad a la que se enfrentó al asentarse en el antiguo burdel que su maquiavélico tío Claude había habilitado para su familia fue muy diferente. Mientras detesta «la ciudad eterna» en este paupérrimo piso de via Clelia y sueña con pasear por las avenidas de París con su padre, el joven Aciman vive la confusa edad de los 16 y 17 años y forcejea con su sexualidad y diversas identidades culturales. No es hasta que debe abandonarla que reconoce la trascendencia que había tenido el año trascurrido en Roma en su vida.
El paciente y erudito autor ha comentado con El Generacional algunos de los temas de Mi año romano, una biografía sincera, íntima y absorbente.
En conversación con André Aciman
Pregunta: En sus libros Lejos de Egipto (1995) y Homo irrealis (2019) ya había abordado cómo su familia tuvo que huir de Egipto y refugiarse en Italia. Sin embargo, siempre lo había expresado en un estilo más reflexivo y ensayístico, muy diferente al estilo directo y sencillo de esta autobiografía. ¿Qué le llevó a escribir sobre esta etapa de su vida ahora, veinte años después de Lejos de Egipto, y cambiando su habitual estilo evocador y complicada estructura?
Respuesta: Lo hice porque he escrito muchos ensayos sobre Roma durante muchos años. Es parte de quién soy y en lo que me he convertido, así que siempre vuelvo a Roma de una forma u otra. De hecho, en Llámame por tu nombre tengo todo un capítulo dedicado a Roma. Pero lo que no había hecho y quería hacer aquí era contar la historia de lo pobres que éramos realmente cuando nos fuimos de Egipto y lo que la pobreza te hace. Cómo quieres esconderte de ella, huir de ella, y cómo tienes que vivirla todo el tiempo. Fue la pobreza la que me hizo escribir este libro.
P: Una de los elementos más atractivos de novelas como Llámame por tu nombre (2007) y Variaciones Enigma (2017) es la forma tan sensorial e idealizada en la que habla de Italia. Asimismo, en Homo irrealis habla de su fascinación por Roma. Sin embargo, Mi año romano recuerda la pobreza en la que vivió cuando llegó por primera vez al país y cómo odiaba haberse trasladado ahí. ¿Cómo ha evolucionado su relación con Italia, cuándo empezó a ver su cultura con la mirada tan romantizada con la que escribe sobre ella?
R: Inicialmente odiaba Italia, odiaba los italianos y odiaba Roma. No quería tener nada que ver con Italia en absoluto. Ese era el motivo por el que estaba leyendo todo el rato, porque estaba intentando esconderme de Roma y evitar cualquier contacto con la ciudad. Pero no puedes resistirla, te busca y halló la forma de encontrarme y sacarme de mi capullo – que era la calle Clelia- para adentrarme en ella y entenderla. Descubrí lo que Roma realmente tiene, que no es solamente antigüedad, sino que también una faceta renacentista, barroca,… Incluso existe una Roma medieval. Me encantó, he llegado a amar tanto Roma que no puedo estar separado de ella.
P: Una vez se lee Mi año romano, se descubre que muchos de sus protagonistas están inspirados en los conflictos emocionales que experimentó durante la adolescencia. ¿Le resultó difícil hablar esta vez directamente sobre su propia vida, sin esconderse detrás de un personaje?
R: No, fui muy sincero sobre muchas cosas que me pasaron en Roma, especialmente en lo que se refiere el contacto humano. Había una chica que vivía en el edificio contiguo que no me atraía nada. Lo intenté. Mi madre me dijo que debería sentirme atraído porque era una chica simpática y me hizo hablar con ella. Fuimos juntos al cine, pero yo no quería estar con ella, quería estar con otra chica y también con otro chico. Todas estas cosas me pasaron simultáneamente. Creo que eso me definió de muchas formas, en formas que yo no conocía. Fue en Roma donde yo sentí por primera vez atracción por alguien. Lo que había sentido hasta ese momento no lo había sido, era otro tipo de afecto. Roma cambió eso y se ha mantenido. Cuando vuelvo a Roma, vuelvo a visitar los sitios en los que fui atraído por otras personas.
P: En sus novelas siempre ha explorado el deseo sexual y los conflictos emocionales en la edad de la adolescencia, temas vulnerables y universales que trata de manera natural y sincera. En Mi año romano incluso habla sobre algunos de sus primeros encuentros sexuales. ¿Qué importancia tiene para usted escribir sobre el despertar sexual?
R: Es un tema recurrente porque es recurrente en nuestras vidas ¿verdad? El sexo es lo que te saca de ti mismo y te relaciona con los demás. Me gusta escribir sobre sexualidad cuando sucede. Podría haber omitido hablar sobre ello, pero ir a País para mí es recordar mis primeras experiencias sexuales allí y eso era muy importante. No me trasformó en otra persona, pero concretó lo que yo pensaba que estaba ahí. Era parte de mi experiencia. Cuando aprendí a bailar el baile griego fue igual de importante que cuando me acosté con una mujer.
P: Cuando era pequeño, aprendió ladino, árabe, francés, italiano e inglés y ha vivido en Egipto, Italia, Estados Unidos… En su novela Harvard Square (2013), el protagonista sufre una crisis de identidad muy similar a la que describe en Mi año romano. ¿Qué se siente al pertenecer a tantas culturas diferentes? ¿Ha sabido reconciliar todas sus distintas identidades con el paso del tiempo?
R: Creo que las diferentes identidades son irreconciliables. No puedes resolver conflictos internos así. Tengo una identidad francesa, una italiana, una americana,… igual que tengo una egipcia. No hay manera de que se cohesionen, están dispersas. Por la mañana te encuentras tomando apuntes en italiano, pero por la tarde, en francés. A veces la palabra que tengo en mente está en árabe y me sirve para concretar lo que quiero decir.
No creo que la pluralidad tenga que reconciliarse. Yo no sé cómo hacerlo, otra gente es mucho más inteligente que yo. Escribo sobre identidades plurales fundamentalmente porque creo que, y puede que esto sea un tema en el que la gente puede discrepar, no tenemos una identidad. Tendríamos mucha suerte si solo tuviéramos una identidad. Tenemos muchas identidades y no suelen fundirse una con otra. Sería muy agradable tener una única identidad, sabría quién soy si solo tuviera una identidad. Siempre envidio a la gente que tiene una profesión, una religión, una familia, y son muy felices consigo mismos, aunque yo no creo que lo sean.
P: En Mi año romano habla sobre la cercana relación que tenía con su padre, con el que compartía sus lecturas y primeras relaciones sentimentales, que recuerda la que mantiene su personaje Elio con su padre. ¿Inspiró su complicidad con su padre estos personajes?¿Cuál fue la lección más importante que aprendió de él?
R: Mi padre era una persona muy franca y culta. De hecho, fue por él por lo que me refugié en los libros. Él me decía lo que era importante que yo leyera y me gustaba su perspectiva. La relación que tenía Elio y su padre es muy similar a la que tenía yo con mi padre. Era muy abierto de mente, nada era tabú para él. Yo creo que soy mucho más conservador. Me enseñó que nada que fueras a hacer con otra persona, a menos que fueras a herirla, estaba prohibido. Espero darle esa misma lección a mis hijos: que nunca se avergüencen de lo que quieren.
P: Dos de los personajes más importantes del año que pasó en Roma son su madre y su tía Flora. ¿Cómo ha impactado la presencia de estas dos fuertes mujeres en su vida?
R: Ha influido mucho en mi vida. Mi abuela, la madre de mi padre, lo era, así como mi madre y mi tía, que era muy fuerte intelectualmente. Solo entiendo a las mujeres fuertes. Muchos de los hombres que he encontrado en mi vida eran débiles y frívolos. Las mujeres son las que tienen los pies en la tierra y construyen la familia. Los hombre no saben hacer eso. Mi mujer también es muy fuerte, así que siempre estaba rodeado de mujeres así y me encanta. Sin embargo, ha habido veces que me he rodeado en mi vida de mujeres más frágiles y tienen sus ventajas también.
P: Una de tus compañías más preciadas ese año fueron las obras de algunos de los mayores escritores de la literatura universal, especialmente Proust, del que posteriormente se especializó y ha editado varios libros académicos. ¿Qué te impactó más de su obra cuando la descubriste durante el año que relatas en este libro?
R: Leí a Proust cuando era muy joven porque mi padre me compró mi primer libro de él. Pensó que me gustaría y tenía razón, pero tuve que parar de leerlo porque me pareció que era muy cercano a mis experiencias. Lo que más me gustaba de Proust era su franqueza absoluta. Es probablemente el hombre más honesto que conozco. Habla sobre él mismo (aunque estuviera camuflado), su propia familia, su gente, sus deseos, etc. Todo era muy sincero.
Además, creo que era extremamente bueno para investigar seres humanos. Ningún autor que yo conozca ha sabido desenmascarar lo que es un ser humano y me gusta hacer lo mismo porque tengo un buen maestro en él. También creo que está por encima de todos, es probablemente el mejor estilista que Francia ha tenido jamás. Cuando estás en la compañía de alguien que ha dominado el estilo tan perfectamente, no puedes no tratar de hacer lo mismo, así que yo también lo intento hacer en inglés. Busco ser el mejor estilista posible.
P: Igual que continuó Llámame por tu nombre en Encuéntrame (2019), ¿tiene pensado contar más épocas de su vida?
R: La gente siempre me pregunta si consideraría escribir una secuela. Es curioso porque la razón por la que que no lo voy a hacer es porque mi vida en Nueva York nunca me ha interesado de esa manera, no me ha rodeado de tantos personajes y contradicciones. Ha habido unos pocos momentos en Nueva York interesantes, pero ninguno ha ejercido el tipo de impacto que Roma y Egipto tuvo en mí. Necesito estar alejado para poder escribir y no tengo la distancia que necesito de Nueva York.


