Martina y la isla, el nuevo cómic de Salamandra Graphic
El nuevo cómic de Jaume Pallardó, Martina y la isla, una metanarración con historias dentro de otras historias que hace reflexionar sobre el proceso creativo, el ser creador y el éxito.
Martina y la isla
Un cómic dentro de un cómic dentro de un cómic. En Martina y la isla se cuenta la historia de una chica que quiere escribir. Lucha con su propio proceso creativo y su alrededor que, a veces beneficia y es inspiración, y a veces complica más la situación.
Dentro de su historia, también se cuenta la trama que está creando, la historia de Eric y Chispas. Estos, a su vez, están creando la historia de María. Un conjunto de alter ego en donde unos se ven reflejados en otros. Una reflexión muy entretenida sobre el proceso creativo y el crear.
Un proyecto Frankenstein
Pregunta: ¿Cómo y cuándo surgió la idea de crear Martina y la isla?
Respuesta: Esta historia empecé a escribirla hace tres años y es un proyecto Frankenstein. Surge de varias cosas que tenía escritas a raíz de otro proyecto que estaba haciendo y que, por circunstancias, tuve la oportunidad de presentar a Astiberri y me rechazaron.
Me bloqueé con ese proyecto, empecé a pensar que no tenía ningún sentido continuar con ello. Entonces partí de cero y cogí trozos de cosas que tenía. Tenía esta idea de una historia dentro de una historia, tenía unos apuntes tomados por ahí de ciertos elementos que aparecen en la historia y fui montando el Frankenstein hasta que empezó a funcionar. Y ya me metí y continué hasta el final.
P: ¿Quién es Martina?
R: Martina es esta chica. Ella está creando un cómic, quiere escribir un cómic. Aspira a ser ilustradora, a vivir de la ilustración, del cómic. Es una artista en potencia, pero no vive de esto, ella tiene otro trabajo. Vive con esa dualidad de no saber si ha hecho lo correcto, si lo ha hecho bien, o no.
Nada en esas aguas de querer y no poder.
Nosotros vamos a ver ese cómic que ella está haciendo y lo que le va pasando. Una serie de cosas, que muchas giran alrededor de este mundo de la creación. Nosotros veremos cómo estos elementos que van pasando, van afectando a su obra.
Yo quería hablar de este proceso creativo y de las dificultades, por un lado, internas, en su cabeza, sus rayadas, y luego externas. Porque luego hay acontecimientos externos que le impiden que ella avance como le gustaría. Ahí he trasladado cosas que yo he vivido, conversaciones que yo he tenido, que en la novela gráfica queda más magnificado.
He tenido momentos de más dudas, pero también he vivido momentos más bonitos, representados por los artistas que hay en el cómic a los que sí que les va bien. Todo esto lo plasmo, lo voy colocando con diferentes personajes y ahí sale la historia.
Quería hacer una historia en la que el lector se metiese en la cabeza de los personajes, que pudiésemos seguir su devenir un poco loco, su razonar un poco loco, de las cosas que le van pasando, sus reflexiones. Estas reflexiones a veces son profundas y muy trascendentales, y otras veces son absolutamente ridículas y absurdas, pero a veces nosotros somo así, pensamos así.
Tenía esas ganas de hacer un cómic así, tenía ganas de meter una voz en off con peso, no una voz en off circunstancial. Tantas ganas tenía, que en el anterior cómic me lo prohibí a mí mismo. En La muerte rosa no hay nada de voz en off porque quería hacer ese ejercicio. Y aquí hago el ejercicio contrario y me desato completamente y voy a saco con la voz en off. Es un cómic que es bastante literario por esa voz.
La metanarración
P: Es un cómic que está dentro de un cómic que está dentro de un cómic. ¿Cómo se te ocurrió la idea de hacer un cómic metanarrativo? ¿Fue difícil montar todas estas historias?
R: Me gustaba mucho esa estructura de historia dentro de una historia. Tenía escrito algo de una artista y encima quería hacer un poco la vacilada de a ver en cuantos niveles nos podemos meter. Porque ella está contando la historia de un escritor, este escritor está escribiendo otra historia y en esta historia incluso se habla de otra historia. Es simplemente el artificio, la herramienta narrativa, me parecía muy atractiva. Martina tuvo tres borradores, el cómic que estamos leyendo es la tercera versión. Las tres versiones ya tenían cuatro patas y andaban.
En la primera, el cómic era muchísimo más loco. Era mucho más largo, al final incluso había una dictadura dentro de la isla, pero eran historias que no tenían nada que ver con todo lo que sucede. Cuando termino esta primera versión, se la doy a leer a tres o cuatro personas de confianza y me encuentro que la mitad me dijeron “igual te has pasado”. Dije “igual tienen razón”. Entonces, tiré carrete y dije «¿de qué estoy hablando?».
Empecé a plegarlo todo desde el tema de la creación. En esta segunda versión, ella ya empieza a hablar, donde creé este alter ego de ella misma. Se proyecta en María y ahí lo plegué todo sobre el tema de la escritura y la creación. Surgió de manera bastante natural. Una vez dije “voy a hablar de esto de ella misma”, ya empecé con ese juego de Sofía.
En la última versión, que era una versión más cortada, me di cuenta que le faltaba algo al personaje. Ahí es cuando añadí la dimensión personal de Martina, que es un elemento que también atraviesa a lo largo de la historia de la familia, del padre, la madre.
Además, lo utilicé para resolver una de las narraciones, para justificar y plegar la obra sobre si misma. Que no fuese tan desparrame de locuras una tras otra, que también lo tiene y que yo quería meter. Ese elemento sorpresa o giro de marear un poco al lector era algo que yo buscaba.
P: ¿Por qué decidiste ambientarlo en una isla?
R: Cuando meto elementos reales, si hablo de Castellón o hablo de Alicante, hay una serie de realidades que me impiden desatarme creativamente. Que fuese un lugar fantástico, imaginado, me daba pie a poder meter lo que quisiese, como efectivamente hago. Porque aparecen unos nativos y unas cosas que sino no hubiese podido imaginarme. Me daba esa libertad.
También me gustaba esa idea porque, a lo largo de toda la historia, se mezcla el tema de la fábula y la fantasía total, con elementos muy cercanos y cotidianos, muy de sensaciones contemporáneas, del día a día, actuales, pero es un mundo fantástico. Esa idea de que la ficción se mezclase con la realidad de la isla también contribuía a ello.
La isla es una metáfora de esa imagen idílica que ella tiene de ese lugar al que va a llegar cuando sea artista, cuando sea ilustradora.
Ese ideal que todos tenemos fantástico, pero que luego no lo es. Al final, ella llega a sitios que quieren llegar y se da cuenta de que tampoco nada ha acabado de cambiar. Todos esos elementos me ayudaban a trabajar con el elemento de la isla. Estuvo desde el principio y me sentí cómodo trabajando con él.
Luego, también hay otro último elemento o motivo por el cual conozco la isla, que es que uno de los Frankenstein, de las piezas del inicio con las que trabajo, era un ejercicio que a veces hago. Cuando veo una película o un cómic que me gusta mucho, a veces apunto la estructura para ver cómo está hecho, para entenderlo. Y, a veces, un ejercicio puede ser coger ese ejercicio que se tiene y transformarlo.
Hay una artista que para mí es un referente que se llama Daniel Clowes. Para mí es un artista fundacional. Tiene un cómic que se llama David Boring, que para mí está a mitad de camino entre lo más loco que hace y lo que menos. En su cómic, tenemos a un chico que es muy amigo de una chica. Yo lo cambio, entonces es una chica con un amigo que es un chico. Al final de ese cómic, aparece también una isla misteriosa, que no está muy bien ubicada, y ese elemento también lo cojo un poco de ahí.
P: ¿Cómo creaste estos personajes, tanto el de Jon como el de Sofía, que también son muy importantes en la historia? ¿Cómo fue ese proceso de creación de estos personajes?
R: Fue bastante natural. Martina sí que es muy yo en muchas cosas, pero al darle la vuelta y convertirla en una chica, una vez empieza a moverse ella, ella misma va generando su forma de ser.
Jon era el contrapunto un poco humorístico. Ella es una chica con sus inseguridades y él es un poco un tío sobrado, que no tiene ningún problema. Salió de forma natural, como contrapunto a ella, más divertido y más seguro de sí mismo.

Sofía es perfecta porque es la antítesis completa de ella. Esa es su mayor pesadilla, encontrase con lo que ella aspira en la puerta de su casa. Al principio es un poco molesta, un poco pesada, pero luego da la vuelta y se hacen amigas.
Todos estos personajes, su forma de ser, iban cubriendo las necesidades del relato alrededor de Martina. De hecho, por eso Martina acaba quedándose en el título, porque todo gira alrededor de ella, incluso toda la historia se va formando alrededor de ella. Sofía me venía muy bien para hablar de este tema de la creación: los problemas, las dificultades, las fobias de un creador, las envidias.
El alter ego
P: Hablas también mucho del alter ego. Martina crea un personaje que crea a otro personaje que es su alter ego, María. ¿Qué te interesaba contar sobre este tema?
R: Ella ahí proyecta sus miedos. Otro tipo de miedos para no volcarlo todo en Martina. Utilizo a María para seguir hablando de otros miedos posibles que pueda tener un artista. Un artista, uno de los terrores que puede tener, es que lo que está escribiendo ya se haya escrito. Que a veces eso puede ser hasta bueno, pero de entrada da mucho pánico.
Tenía una vieja historia escrita sobre esa idea de que alguien estaba trabajando muchísimo en una obra y, cuando la está terminando, resulta que acaban de publicar una que es exactamente lo mismo. Para un artista eso es criminal porque tú te crees la repera inventándote tu mundo y siendo supercreativo, y de repente no lo eres tanto.
Utilizo a María en un primer momento para esto. También ella te cuenta su propia historia, que es una historia también de sirenas, que es más fantástica. Ahí la fabulación continúa y va más hacia lo profundo, utilizando elementos de la isla y dando la vuelta a muchas cosas. Está ese blanco y negro, ese yin y yan de cosas que se ven y se van transformando en las diferentes capas.
El proceso creativo
P: Hablas mucho del proceso creativo de los personajes que has creado en Martina y la isla, pero ¿cuál es tu proceso creativo? ¿Es parecido al de Martina? ¿Primero va el texto y luego la ilustración o cómo lo haces?
R: Lo hago mucho como cuenta Martina. Suelo escribir la sinopsis en general, lo que va pasando, tipo escaleta, y luego, cuando ya la hago, voy al detalle. Escribo los diálogos y a la vez voy, en una libreta, haciéndonos bocetos. Tengo cuatro libretas y en ellas están todos los bocetos.
Hago un esquema de dibujos en el que yo me aclaro. Luego, lo escaneo. El texto lo paso al programa y ya se puede leer el cómic. Mientras hago esto, voy dibujando algunas viñetas. En el proceso me gusta alternar para poder avanzar. Voy buscando cosas que a lo mejor son viñetas que no voy a utilizar, pero me sirven para encontrar la cara de los personajes, elementos… Aunque no sean viñetas finales, ya voy dibujando con el boceto que diseñé.
La escritura sí que, al principio, cuando hago la escaleta, el final más o menos lo tengo bastante claro. Estoy abierto a que, cuando estoy haciendo todo esto, de repente pasen cosas y moverlo para un lado y para otro, pero más o menos la estructura general la suelo tener bastante clara.
También me hago esquemitas, sobre todo al principio, cuando estoy muy inseguro. Pero una vez los personajes se empiezan a mover, ya te sientes arrastrado por la historia y ella misma te va pidiendo. Los personajes se ponen a hablar y tú estás viendo el cómic delante de tus ojos. Es un proceso muy divertido.
Traslado esta idea al proceder de Martina. Lo expresa en palabras de si consigues encontrar la paz mental, los personajes empiezan a moverse en tu cabeza y tu solo tienes que tomar nota.
las condiciones en las que trabajas favorecen esa paz mental para poder sentarte y crear
Si tienes interrupciones continuamente o te pasan cosas en la vida, a lo mejor esa paz mental se va.
Escribir me encanta, pero me consume mucha energía. Puedo estar una hora o dos horas seguidas escribiendo, pero no puedo más. En cambio, dibujar puedes hacerlo estando cansado, por la tarde, por la noche, da igual. Pasar a limpio todo esto para mi es más divertido. Me pongo música, me pongo la radio. Puedo estar avanzando. Pero la escritura es lo más importante, es muy delicado, y necesitas mucha paz mental para poder hacerlo.
P: ¿Por qué elegiste este título, Martina y la isla? ¿Y este diseño para que fuera la portada?
R: Desde un principio fue Martina y la isla. De hecho, en la libreta, como al principio tome muchas notas, tengo escrito varios nombres: «Eva, Gema, Clara, Carla, María, Marta, Marina…». Me gustaba la idea de Marina por el mar, pero al final se quedó Martina. Luego le llamas Martina y ya no puedes cambiar el nombre.
De hecho, el cómic saldrá en Francia, he hablado con mi editor francés y el quería cambiarle de nombre porque en Francia hay una colección de libros infantiles tipo Teo que es Martina. Para Francia, que no sé qué nombre le pondremos al final, yo tenía La isla de los abismos porque en Francia mise en abîme es también una metahistoria. Ese era el título alternativo que también manejé, pero en español queda demasiado catastrófico.
La portada del proyecto inicial que yo enseñé a la editorial era Martina de espaldas tirándose al mar, en el agua, con burbujas como formando una estela en dirección hacia abajo. Hablando con la editorial, mandé siete u ocho propuestas de muchos tipos. Uno de estos dibujos llevaba esta idea del reflejo. Empezamos a trabajar con los colores y con diferentes variantes hasta quedar así. Es bastante potente. Estoy muy contento con el resultado.
P: ¿Cómo fue la elección de colores para ilustrar los dibujos? ¿Y el estilo de cada una de las historias?
R: Soy muy dibujante, entonces puedo trabajar en alguna ilustración el color, pero para mi supone diez veces más trabajo pensar en los colores. Había mucha movida con el texto y los dibujos. Lo que suelo hacer es un bitono. Tanto La muerte rosa como este los hice con un tono con la idea de que, sino me publicaba nadie, yo lo pudiera autoeditar y no me saliese muy caro. Siempre trabajé así.
También, La muerte rosa, en Francia está publicada en bitonos rosas y me gustó mucho. En este he utilizado tonos azules. En algunas ocasiones, me planteé cambiar de color en las diferentes historias.
El color es un elemento para diferenciar los diferentes niveles de narratividad.
Pero no hacía falta, con el azul ya hay variaciones: un azul más oscuro para la historia de María; la línea negra, gris y los azules para la de Martina; la acuarela con ese tono más claro para Eric y Chispas; y la historia dentro de la historia tiene también ese tono grisáceo. Con eso a se entendía porque si no daba un puñetazo en el ojo. No casaba cambiar los colores. Con un tono me vale porque puedo crear sombras y darle profundidad. Es fácil de resolver y de avanzar.
Referentes
P: ¿En qué ilustradores te has inspirado? ¿Quiénes han sido siempre tus referentes?
R: Daniel Clowes es para mí fundamental. El día que leí Como un guante de seda forjado en hierro, me explotó la cabeza. Pensé «si esto se puede hacer en cómic, se puede hacer cualquier cosa». Ese cómic me flipó, pero todos los suyos me han gustado muchísimo. Él también juega a veces con la voz en off, con los personajes, con esa manera de narrar.

También tenía muy presente cuando tenía mucho miedo, terrores, bajonas e inseguridades con lo que estaba haciendo, Posy Simmonds. Ella mete mucho texto en el cómic, como si fuese un libro ilustrado a veces. Y queda muy bien como cómic. Cuando tenía miedo de estar metiendo mucho texto, decía «Posy me apoyaría en esto». Por eso, Posy fue fundamental.
También me gusta mucho el trabajo de Gabrielle Bell, que es del indie americano. Ella es más directa, no es autoficción, es su vida contada con muchas metáforas, con humor, con reflexiones profundas… Siempre me ha gustado mucho su trabajo. También todo el tema del underground americano, ese tipo de cómic, siempre me ha gustado mucho. Han estado presentes en esta obra.
P: ¿Con qué quieres que se queden los lectores cuando lean Martina y la isla?
R: Mi propuesta trata de ser algo complejo y denso, porque lo es, pero hecho de una manera accesible. Que sea fácil entrar en el mundo, pero a la vez que tengas la sensación de que te están contando muchas cosas.
La sensación que quiero que el lector se lleve es esa. Que está experimentando muchas capas, muchas cosas a la vez, pero que no le esté costando atravesar todo ese proceso. A veces, los cómics, por una cuestión de espacio, tienden a la simplificación, pero yo quería meter muchas cosas. Que la gente sintiese dulce, salado, todo a la vez.
Que acabase con la sensación de haber tenido una experiencia en la que le han pasado muchas cosas.
Que tuviese esas ganas de seguir leyendo porque hay muchas anécdotas, hay muchos acontecimientos y tienes la duda de qué es lo que va a pasar, pero a la vez hay reflexión sobre lo que es ser una persona, lo que es ser un creador, lo que es vivir en un mundo como el nuestro y todas esas cuestiones existenciales de la condición humana.


