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Ramón Vallès: «Sin vocación, habría muy pocos pilotos en el mundo»

El comandante Ramón Vallès ha dado el salto al mundo editorial con ¡Bienvenidos a bordo! Les escribe su comandante, una obra publicada por GeoPlaneta

Con más de 28.000 horas de vuelo acumuladas, Ramón Vallès reflexiona sobre la responsabilidad de pilotar un avión, el trabajo en equipo dentro de la aviación y las historias que existen detrás de cada vuelo. A raíz de la publicación de  ¡Bienvenidos a bordo! Les escribe su comandante, hablamos con él sobre su trayectoria, los miedos alrededor de la aviación y la realidad que se esconde tras la figura del comandante.

¡Bienvenidos a bordo! Les escribe su comandante

Pregunta: El título de tu libro, Bienvenidos a bordo, les escribe su comandante, da la sensación al lector de entrar directamente en la cabina contigo. ¿Qué querías transmitir con este nombre?

Respuesta: En el momento que yo entro en un avión, cuando hablo con los pasajeros y me dirijo a ellos, les digo: “Bienvenidos a bordo, les habla su comandante”. Cuando Geoplaneta me dio la oportunidad de escribir esta obra, buscamos el paralelismo entre esa frase que digo todos los días y la escritura de mi novela. De ahí ese “les escribe su comandante”. Aunque parezca insignificante, el matiz de decir «su comandante”, en vez de “el comandante”, hace que se genere una conexión cercana con el pasajero. 

P: Seas un viajero habitual o incluso una persona que nunca ha ido en avión, la aviación siempre ha generado una fascinación especial en la gente. ¿Por qué crees que sucede esto?

R: Cada uno tiene sus razones para que le apasione la aviación. A mí, personalmente, me fascina desde la infancia. Era mi sueño ser piloto y se acabó haciendo realidad. Hay gente a la que le interesa la técnica. El hecho de que un aparato llamado avión sea capaz de salir de un lugar del planeta y 12 horas más tarde esté a 12.000 kilómetros de distancia, genera impresión. Luego hay gente que tiene miedo a volar y necesita tener conocimientos de aviación para paliar este miedo y pasar en la medida de lo posible a la confianza. 

La responsabilidad de llevar cientos de vidas a bordo

P: Como en todos los trabajos, hay días en los que estás de mal humor o te encuentras mal y no te apetece ir a la oficina. Al llevar a tantos pasajeros, tienes una responsabilidad que otras profesiones no tienen. ¿Cómo se convive psicológicamente con este hecho? 

R: Convivo con orgullo el poder asumir esta responsabilidad. De alguna manera es un reto personal el hecho de realizar un trabajo tan sensible para el bienestar de las personas que van en el avión. Y entre esas personas, estoy yo, que siempre soy un ocupante del vuelo. Es una persecución día a día de hacer un trabajo excelente. Si algún día estoy enfermo y no me encuentro en condiciones de realizar el vuelo, no lo hago. Porque hay que dar siempre el 100% en este trabajo. 

P: Tal y como cuentas en algunos pasajes del libro, detrás de cada vuelo hay muchas historias humanas. ¿Cuál ha sido la experiencia más emotiva o impactante que has vivido en cabina?

R: Recientemente, una pareja joven realizaba un viaje a Nueva York. El chico quería pedirle matrimonio a ella en pleno vuelo y como le daba vergüenza, me pidió que emitiera el mensaje de petición en su nombre por megafonía. También hay experiencias tristes. Como cuando te cuentan que están haciendo un vuelo largo para acudir al entierro de un padre. Al desplazar a tantas personas, te das cuenta de que cada pasajero tiene su historia y un porqué de ese viaje.  

Los tópicos que rodean a los pilotos

P: Cada profesión tiene unos tópicos que la rodean. ¿Cuáles son los tópicos que más te han llegado a ti? ¿Crees que están alejados de la realidad?

R: La gente me suele decir que “estoy todo el día viajando”. Y eso no es cierto, yo llevo a personas en un avión. No estoy viajando, estoy trabajando. Otro tópico es que ganamos unos sueldos desorbitados. Los sueldos tienen que ir acorde a la responsabilidad que asumes en el ejercicio del trabajo. Y aun así, la remuneración varía según cada aerolínea, por lo que es difícil decir cuánto gana un piloto. El tópico más tonto es que ligamos mucho, entre pilotos y azafatas. Todo esto te lo compro para una película de Hollywood, pero no para la vida real. 

P: Tal y como explicas en el libro, el avión depende muchísimo del trabajo en equipo. ¿Qué importancia tiene la confianza entre comandante y tripulación?

R: El sentimiento de equipo tiene que ser muy fuerte. Siempre tiene que haber un líder, que en este caso es el comandante. Eso sí, el comandante solo no iría a ninguna parte. En un equipo de unas diez o catorce personas, cada una tiene un área de responsabilidad. Incluso antes de estar físicamente en el avión, establecemos la primera comunicación con un briefing de las particularidades de ese vuelo y repartimos las tareas. Así todos saben lo que tienen que hacer, suceda lo que suceda. 

P: El libro también aborda cuestiones como la seguridad aérea o incluso la salud mental tras casos como el de Germanwings. ¿Crees que hoy se habla lo suficiente de ello dentro del sector?

R: La seguridad es el pilar que nos sustenta todos los días. Es muy importante que el piloto tenga conocimiento y percepción de cómo se encuentra cada día al salir por la puerta de casa. En el libro lo llamo la autorresponsabilidad. El estado físico siempre salta a la vista, pero la salud mental no se ve. Si la persona no es capaz de detectar ese problema y acudir al especialista, puede cometer el error de ir a trabajar sin estar en perfectas facultades.

Es un tema del que hay que hablar siempre y sin avergonzarse. Nosotros hacemos cursos de formación para el apoyo de otros pilotos. En cuanto al caso Germanwings. Yo hago apoyo personal a los familiares de víctimas del accidente. Acudo siempre que puedo con mi esposa a actos religiosos y de homenaje. Por esta relación tan estrecha, les dediqué un capítulo en mi obra. 

P: ¿Ha habido algún momento durante la escritura del libro en el que hayas revivido emociones o recuerdos que creías olvidados?

R: Revivir sí, olvidar no. He revivido situaciones de hace muchos años y de carácter muy íntimo. Un ejemplo es el capítulo en el que hablo de mi accidente en Oporto en el año 1997. Fue una experiencia dura, con una nave destrozada, pero, por suerte, sin pérdidas personales. Tengo muy presente todo lo que he sufrido en mi vida, simplemente ahora me he visto capaz de sacarlo a la luz. 

El sueño de un niño que quería volar

P: Y para terminar, Ramón, si un lector acaba tu libro y se queda con una sola idea, ¿cuál te gustaría que fuera?

R: Me gustaría que vieran que, detrás del comandante Ramón Vallès, hay una persona. Una persona que primero fue un niño que soñaba con ser piloto y que luego pudo llegar a tener esta profesión después de mucho esfuerzo. También pude formar una familia con mi esposa Margarita y mis tres hijos. Este trabajo es tan duro que, sin vocación, habría muy pocos pilotos en el mundo.

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