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Eduardo Sacheri: “Lo que me interesa en la vida me interesa en mi literatura”

La nueva novela del escritor argentino, Demasiado lejos, sobre la guerra de las Malvinas

El escritor argentino Eduardo Sacheri nos transporta de nuevo con su nueva novela Demasiado lejos a los años 80, a la guerra de las Malvinas. Esta vez desde una perspectiva más íntima, reivindicando la memoria colectiva y trayendo los silencios a las conversaciones públicas, de la mano de Alfaguara.

Demasiado lejos

Pregunta: ¿Cómo y cuándo surgió la idea de escribir Demasiado lejos?

Respuesta: Hace unos 3 años. Últimamente me doy cuenta que me llaman la atención más que las conversaciones públicas, los silencios públicos. Me pregunto porqué hay algunos temas, en todas las sociedades, de los que preferimos no hablar o hablar muy poco. La cuestión de la guerra de las Malvinas en la Argentina es uno de esos temas, por eso tome la decisión de profundizar un poco más, hacer una novela.

'Demasiado lejos' | Fuente: Penguin Random House
‘Demasiado lejos’ | Fuente: Penguin Random House

La guerra de las Malvinas

P: ¿Por qué esta parte de la historia? Hay muchos sucesos importantes y quisiste profundizar, no solo en esta novela, sino en una anterior también, Qué quedará de nosotros. ¿Por qué te interesa tanto como para extenderte y hablar de ello en dos novelas?

R: En realidad, el proyecto original era hacer una sola novela. A veces yo soy mucho de planificar antes de escribir, como para dividir los problemas, primero lo estructural y luego lo estrictamente literario. Pero cuando empecé a escribir, mi plan era escribir sobre la guerra en Malvinas con toda una sociedad muy involucrada, muy movilizada, muy conmovida y, por otro lado, los soldados viviendo el conflicto.

Una de las claves de lo que sucedió en Buenos Aires era no entender absolutamente nada lo que realmente estaba pasando las islas. Entonces proponerle al lector una novela con dos narraciones tan contrapuestas, es decir, algunos personajes viviendo la guerra y otros personajes imaginando una guerra inexistente, me resultaba demasiado chocante.

Por eso en mitad del proyecto, del proceso de escritura, dije “No, son dos novelas porque son dos guerras”. Porque no es que la sociedad argentina no se involucró, se involucró, pero no entendió, que no es lo mismo, no comprendió lo que realmente estaba pasando.

Una novela es la guerra de verdad, la de los soldados, en el Sur, con el frío; y la otra novela es una sociedad que malinterpreta completamente el proceso que está viviendo.

La ausencia

P: Hay muchos personajes, pero más o menos podemos decir que los protagonistas, a los que seguimos su historia, son sobre todo Carlitos, Antonio y el conejo. ¿Por qué querías ponerles a ellos, no como protagonistas, pero sí su historia y la de sus familias en primer plano?

R: Los soldados son el nexo entre las dos novelas, para quien quiera eventualmente quiera leer las dos. En Demasiado lejos no son los soldados, sino su ausencia. Son sus familias las que se angustian, se preocupan y, sobre todo, desafinan con el consenso que los rodea.

Me interesaba marcar ese contrapunto entre una mayoría de la sociedad muy entusiasta, muy convencida, muy optimista, muy belicista también, con una pequeña minoría que eran las familias que tenían a alguien combatiendo, que tienen una mirada muy diferente, mucho menos heroica y mucho más atenta a la seguridad de su ser querido.

Que indudablemente vivieron la guerra de ese modo, pero casi en silencio. Porque la sociedad en general no les daba el lugar a que ventilaran su angustia, sino a que la tuvieran que mantener casi en secreto, como si fueran débiles, traidores.

De lo colectivo a lo íntimo

P: Demasiado lejos tiene un punto de vista más humano, más cotidiano. ¿Qué te interesaba de contarlo desde esa perspectiva, desde la intimidad, desde estos puntos de vista?

R: En general, no solo en esta novela, me interesa la gente de a pie, más que los grandes protagonistas. En todos mis libros me pasa eso, pero porque

lo que me interesa en la vida me interesa en mi literatura.

También porque creo que en el fondo es lo que puede vincularme con un lector de España o de Colombia o de México o con un joven lector argentino, porque ninguno de estos casos que te estoy diciendo vivió la guerra de Malvinas. Yo sí la viví, con mis 14 años, pero ¿dónde me puedo encontrar con un lector de todos estos que te he dicho, de fuera de la Argentina o de fuera de ese tiempo de la Argentina? En el aspecto humano. El aspecto humano, cotidiano, de tus intereses, tus deseos, tus miedos, con el telón de fondo de una guerra internacional.

Memoria colectiva

P: También vemos una transformación colectiva. ¿Cómo querías enfocar esta memoria colectiva dentro de la novela?

R: Contrariamente a lo que uno puede pensar sobre el pasado, el pasado cambia todo el tiempo. El pasado no cambia, pero la memoria sí cambia. Cambia el calor del presente, cambian los enfoques. A veces pasa que, como te decía, hay temas de los que mejor no hablamos porque pueden resultarnos incómodos.

Malvinas, como tema, es un tema presente en mi país porque Argentina sigue reclamando esas islas, sigue sintiéndose su dueña legítima, pero la guerra de Malvinas es otra cosa. Sobre todo, porque la guerra se dio durante la dictadura militar y no es cómodo para la sociedad reconocer “apoyamos a la dictadura en esto que hizo la dictadura”.

No dijimos “esto está mal porque lo hace un gobierno dictatorial”. No lo dijimos ni lo actuamos. Después de la derrota uno despierta, pero ese despertar creo que hubiera sido más provechoso decir “nos equivocamos y estuvimos mal”. Creo que eso también les hubiera dado a los veteranos de la guerra un ambiente más hospitalario para compartir lo que vivieron, lo que sufrieron, lo que parecía.

Fijate cómo a veces la memoria puede seguir haciendo daño. Recién en los últimos años los veteranos de la guerra van encontrando una sociedad más dispuesta a escucharlos. Tampoco es tan simple, pero lo van encontrando. Lo van encontrando hombres de 60 años, no de 20.

Historia y memoria

P: ¿Cómo es tu proceso de investigación y luego tu proceso creativo, de escritura?

R: En este caso, hay mucha investigación histórica porque más allá de que yo a había nacido y tengo muchos recuerdos de ese momento, la memoria no es la historia en el sentido de mi memoria es, como cualquier memoria, subjetiva, sentimental, fragmentaria, un poco caótica.

Volver a 1982 y decir “¿Cómo se manejaron los medios de comunicación? ¿Cómo se manejó la diplomacia de Argentina? ¿Cómo era la vida cotidiana de la época? ¿Cómo fue la historia militar concretamente de ese conflicto?”. Recién cuando ese contexto histórico lo tuve más o menos claro, empecé a crear mis personajes con la idea de que reflejara esos distintos mundos para los lectores de hoy, pero sin que se notara que te están informando. En una novela, la idea es contarte una trama, contarte unas vidas, no que sea un noticiario televisivo de “el 2 de abril pasa esto, el 3 de abril pasa esto…” Que sea solo eso.

La elección de los personajes tiene que ver con esos distintos mundos.

Hay una empleada de la cancillería. ¿Por qué? Porque es la que te puede, a vos lectora, contar lo que está pasando diplomáticamente. Hay cuatro tipos que se reúnen en un bar al salir de la oficina. ¿Por qué? Porque tienen los diarios periódicos y las revistas, son la representación de la opinión pública. Están las familias de los soldados, que están en el día a día de la noticia que les llega…

Mi manera de trabajar es armar primero como si fueran los planos del asunto, como si fueran los planos de una casa antes de edificar. Hay gente que prefiere escribir haciéndolo todo al mismo tiempo, edifica sin planos. Está muy bien, pueden quedar libros magníficos, pero a mi no me sale.

Luego, puede pasar que iba a ser una y al final terminan siendo dos casas, termina siendo dos libros, pero necesito tener una para después abocarme a los problemas estrictamente literarios de voz narradora, tiempo verbal, los diálogos, pero eso tiene que ser como un segundo.

Las islas

P: ¿Por qué esta elección de título, Demasiado lejos?

R: En general, demoro mucho los títulos, no le pongo título a los libros al principio, que hay gente que sí, que les sirve como imán para la historia. En general, me agrada que surja del propio texto de la novela. La funcionaria de la cancillería dice “Quedan demasiado lejos las islas”, y a su manera resume lo que les sucede a todos los personajes.

No es que la sociedad argentina no se involucra, no es que no se interesa, se superinteresa, pero no entiende nada porque le queda demasiado lejos. A veces nos pasa, que hay algo que creemos que lo entendimos, pasa a nivel colectivo y puede pasar a nivel individual, con un amigo, con un amor, con lo que sea, que queda demasiado lejos.

El silencio

P: ¿Cuáles han sido tus influencias o en qué cosas te inspiras, tanto a nivel narrativo para crear o simplemente para elegir los temas?

R: Siempre surge de un cruce de cosas personales que estás viviendo, momentos de tu vida. Hace 30 años que escribo, entonces no soy el mismo con casi 60 que con casi 30. En realidad, tiendo a evitar la agenda, pero no por hacerme el interesante, sino porque siento que ya se está hablando mucho. Por ejemplo, nadie necesita leer otra novela que hable de la dictadura militar en relación a las violaciones de los derechos humanos. Porque hay centenares y de esos centenares hay muchas que son muy buenas. No hace falta otro libro más.

En cambio, sí me llama la atención estas zonas de silencios. Me doy cuenta que me gusta desembarcar en esos silencios y preguntar al respecto, sobre todo en épocas donde hablamos tanto. No está mal, pero encima con las redes se multiplican las conversaciones, se multiplican los emisores y los receptores.

Siento que está bueno ir hacia otro punto, hacia la sombra. La literatura es un buen lugar para eso. No necesita enarbolar ninguna bandera definitiva. La literatura puede invitar una conversación, me parece. Es una invitación amable a conversar de algo un poco menos frecuente. Que uno diga “Hacía mucho que no pensaba en esto” o “Nunca había pensado en esto”.

La propia realidad

P: ¿Con qué quieres que se queden tus lectores cuando lean Demasiado lejos?

R: Afortunadamente, es tan diversa la apropiación de un libro. Cada uno entiende algo distinto o se queda con algo diferente. En realidad, lo mejor que le puede pasar a un libro es que, como lector, te lo lleves a tu vida, y tu vida me es ajena afortunadamente. Pero si vos te lo llevás, para mí ese es el verdadero triunfo. Una novela que yo escribí en la Argentina, desde mis memorias, de una guerra de hace 40 años, según la leas te deje pensando en algo tuyo. Ojalá. Si pasa eso, estoy más que contento.

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