11 historias se encuentran en un libro para narrar en primera persona su experiencia migratoria
Los once coautores latinoamericanos participan en ‘El silencio migratorio’, narrando un fragmento de su experiencia vital: aquel que está relacionado con la decisión de volar kilometros de distancia para sostener un nuevo proyecto de vida.
Desde el relato íntimo toman al lector para adentrarlo en uno de los viajes más importantes de sus vidas: aquel que comienza cuando el avión ha llegado a su destino.
Las mil y una caras de la migración
El silencio migratorio guarda en sus páginas experiencias colectivas, y momentos de potencial identificación. Quien haya emigrado podrá encontrarse a sí mismo en historias, que en apariencia, no tienen nada que ver con su propia vida, y seguramente será en los pequeños detalles en donde se verá reflejado.
Tal vez se encuentre en la necesidad de traducir palabras y expresiones incluso dentro de su mismo idioma. Tal vez se vea en la soledad o la incertidumbre; probablemente se encuentre en la ilusión y en las pequeñas victorias. No importa si el viaje luce diferente, si se ha migrado, o se está pensado en ello, El silencio migratorio es un diálogo que bien vale la pena mantener.
Todos los relatos tienen un elemento articulador, una decisión que las atraviesa, las moldea y por momentos parece que las define: la decisión de migrar. Pero sin duda, cada historia es se presenta con sus particularidades, con sus matices, con su propio rumbo. El destino de la mayoría de historias es el mismo: España. Pero el viaje de cada un es singular, y es en esa singularidad, donde el componente humano aflora.
La bondad de está lectura está en aquello que cada historia no comparte con la anterior. La mixtura la hace especial porque en la particularidad caben todos. Aún cuando pueda parecer paradójico, es la representación de las diferencias que existe en cada proceso migratorio lo que pone en valor a todas y cada una de las experiencias.
Ninguna razón es más válida y no hay pena o alegría que pueda ser negada a alguno de los autores, o a cualquier migrante.
La sensación que queda al terminar el libro es que la migración, de hecho, tiene mil y una caras. No hay vivencia que pueda ser censurada o catalogada, y es por eso que este tipo de narraciones, son cuanto menos, necesarias.
Atendiendo al clima político donde los discursos populistas que reducen al migrante a una amenaza crecen de forma exacerbada, ponerle cara y darle voz al individuo se hace urgente.

¿Quién cuenta su historia?
El libro se publicará en España, concretamente en Madrid. No llegará a las librerías ni será promocionado por un gran grupo editorial. Este texto testimonial nace en el seno de una comunidad de migrantes y gracias las ganas de darle un micrófono a sus miembros.
Altea es el nombre del colectivo que hace unos meses recibió más de cien manuscritos para elegir a once representantes. No obstante, este no es el primer volumen. En abril de este mismo año publicaron el primer volumen con siete voces y gracias a su éxito apostaron por una segunda ronda de relatos.
Quien lea el libro se dará cuenta ya en sus primeras páginas de que las narraciones son cercanas, amenas y todas brillan por la autenticidad que emanan. La mayoría de los narradores se enfretaron por primera vez al reto de escribir, y todavía más complicado, de escribir mirando para adentro.
Como parte del proyecto, los coautores participaron en un taller de escritura, donde dos veces a la semana, durante dos meses, afilaron sus plumas. Ellos no son bestsellers, ni tampoco pretenden serlo. Con toda naturalidad, en sus propias palabras y con su forma de ver el mundo plasmaron su historia: leer El silencio migratorio se siente como una charla profunda con un viejo amigo.
Cabe destacar que ningún relato, ni el libro en su conjunto, peca de pretencioso. Entre sus páginas hay dificultad, pérdida y dolor. Pero también hay conquistas, redes de apoyo y transformación. Ambas caras de la moneda están presentes y ninguna pretende desconocer a la otra.
Es por eso que la ausencia de heroísmos aporta una dignidad inapelable. En esta obra no se pretende dar lecciones ni exaltar la imagen propia, eso se puede palpar en los matices de sus historias y la franqueza de sus voces.

La oportunidad para mirar al migrante desde otro lugar
El público directo de este libro está claro. Pero no quiere decir que deba limitarse a ese. Quien no haya migrado jamás no queda excluido de esta lectura. Por el contrario, puede encontrar en ella la oportunidad para contemplar la migración desde otro prisma. Adentrarse en la intimidad de un relato narrado en viva voz de un migrante que lo ha encarnado es sin duda un ejercicio que invita a escuchar, a intentar entender.
Tal vez, el potencial lector de esta obra nunca haya salido de su ciudad o de su país, pero con seguridad conoce a alguien que sí. Es posible que vea cada día a personas que hacen su vida con total normalidad a kilómetros del sitio donde la vida los vio nacer.
Quizá alguna vez se haya preguntado cómo habrá sido esa experiencia, o tal vez hasta el momento lo haya tenido sin cuidado. En cualquiera de estos casos, El silencio migratorio puede ser la ventana para mirar a los ojos a una realidad ajena pero con la que convive a diario.
Seguramente quien se anime a asomarse se encontrará con situaciones, sentimientos y vivencias que jamás se imaginó pudieran existir en la experiencia de un migrante. Ojalá, ese sorpresa pueda transformarse en deferencia.


