En Mi libro de yoga, Belén hace un recorrido por su experiencia con el yoga, la depresión y el reencuentro con el yo
La artista valenciana debuta con una novela gráfica que no solo recoge la historia de cómo se puede descubrir una pasión, sino que es también la historia de cómo se puede volver al centro. De la mano de Lumen, Belén traza un camino lleno de compasión hacía un entendimiento profundo de sí misma, del «demonio» que la habita y de las personas que la rodean.
«Mi proceso ha sido muy de mirar hacía adentro para poder comunicar hacía afuera»
Belén, explica ella, es de esas personas que siempre va con la libreta debajo del brazo. Cualquier cosa que le parezca interesante o llame su atención termina plasmada o bocetada. Por lo que Mi libro de yoga empezó a ser escrito mucho antes de que Segarra supiese que iba a ser publicada. El proceso del libro empezó en el propio diario de la ilustradora, en el seno de su intimidad. Ahí donde en los inicios recopiló para sí todo aquello que iba aprendiendo de esta nueva pasión.
Escribir del yo
Para poder hablar de su experiencia con el yoga, para Segarra era importante hablar de aquello que la llevó a la esterilla en primer lugar. Ella sabía desde el principio que quería nombrar las cosas como habían sucedido y para eso era necesario compartir vivencias que solo su círculo más cercano conocía. Hoy, con el libro ya publicado, está tranquila, y más que eso, feliz: «Cuando se acercó la fecha de publicación sentí que de pronto me estaba exponiendo demasiado. Pero después me di cuenta de que estaba en paz, porque sencillamente estaba contando mi historia y que quizás alguna persona se podía sentir acompañada en su propio proceso».

Aún cuando Belén Segarra escribe desde su experiencia particular, no escribe para si misma. Mi libro de yoga revela una voluntad honesta de compartir, ya que su forma de introducir conceptos complejos es amable y didáctica. La amena lectura conjuga ilustraciones, definiciones y explicaciones que hacen que el libro sea apto para cualquiera sin importar su nivel de conocimiento de la práctica o su filosofía.
De forma desenfadada, Belén Segarra es capaz de introducir todo tipo de términos técnicos sin abandonar al lector en ningún momento: «Quería compartir de manera más sencilla algunos conceptos que a mi me costó entender al principio». Con ánimo de despertar curiosidad en el lector, la autora da pinceladas sobre otros aspectos del universo que engloba al yoga, de lo que está más allá de las posturas: «Poco a poco te vas dando cuenta de que todo dentro de la práctica tiene un porqué. La mitología hindú no pretende contar una historia, sino que quiere responder preguntas muy profundas como puede ser el quién soy, para qué estoy aquí y el cómo puedo enfrentarme al ego».
Explorar estos cuestionamientos no fue sencillo para ella, pues nada le vino dado. El proceso implicó mucha introspección, paciencia y honestidad, y es esa la manera en la que Belén decidió contar su historia. Sin pretensiones, sin aleccionamientos.
El universo visual
La autora reconoce la ilustración como su gran amor, la forma en la que mejor entiende el mundo. El lenguaje que configura el universo visual de Segarra es, como ella misma lo describe, «potente y lleno de color». En Mi libro de yoga propone una ilustración que conjuga lo místico, lo humano y lo vegetal. Su estilo inconfundible tiñe las pieles de colores vibrantes y otorga a sus personajes miradas que recuerdan a los frescos del palacio de Cnossos. Los elementos remiten a lo cósmico y a una energía vital que los impregna.
Aún cuando el proyecto fue desafiante, Segarra decidió mantenerse leal a su propio lenguaje, pues al contar su historia a través de las palabras, tenía que reconocerse también en las ilustraciones que las acompañarían.

Más allá del yoga
Mi libro de yoga trasciende a una historia. Belén también busca respuestas profundas, por lo que su texto tiene mucho interés más allá de lo relativo al yoga. La protagonista se ve enfrentada a un demonio que la habita, un proceso depresivo. En el yoga encuentra ella uno de los senderos que la ayudan a regresar a sí. Pero el camino transformador puede tener muchas formas, reconoce Belén: «A veces solo necesitamos un poco de algo que nos haga detenernos, que nos permita volver al centro. Yo lo encontré en el yoga, pero cualquier otra persona puede encontrarlo en la lectura o haciendo ganchillo». Segarra defiende la curiosidad y el estar presente en el momento como formas de resistir en medio de un mundo ajetreado y lleno de presiones.
La compasión en este proceso juega también un papel fundamental. Para Segarra, reconectar consigo misma ha sido también tomar consciencia sobre las exigencias que puede llegar a ponerse a sí misma: «Siempre parece que reservamos el amor y el cariño para otros y a nosotros nos tratamos con mucha dureza». Pero para ella la imperfección también es belleza, porque en sentido último es autenticidad.


