La autora debuta en la novela con una historia sobre la amistad, la pérdida y las expectativas frustradas de toda una generación
Un viaje a los años universitarios en el que la nostalgia convive con las heridas que deja el paso a la vida adulta.
Hay amistades que marcan una etapa de nuestra vida y otras que, incluso después de desaparecer, terminan definiendo quiénes somos. Sobre esa premisa, Lucía Taboada construye su primera novela, Colegio mayor (Plaza & Janés, 2026): una historia que comienza en el Madrid universitario de 2004 y que, entre clases, fiestas, pérdidas y reencuentros, acaba convirtiéndose en una reflexión sobre la amistad, los duelos de nuestra vida y las expectativas que nunca llegamos a cumplir.
Flora, conocida como Efe, llega a Madrid para comenzar sus estudios universitarios y se instala en un colegio mayor donde conoce a Jordan y Lois. Los tres forman un grupo inseparable que comparte fiestas, confidencias, primeras relaciones sentimentales y esas pequeñas experiencias que, sin saberlo, terminan moldeando a nuestros yos adultos. Sin embargo, la partida inesperada de Jordan deja tras de sí una ausencia que Flora arrastrará durante las siguientes dos décadas.
Las amistades que nos definen
Uno de los mayores aciertos de la novela es la construcción de la amistad entre Flora y Jordan. Taboada no necesita recurrir a grandes acontecimientos para transmitir la profundidad de su vínculo. Lo consigue a través de pequeños momentos de intimidad, conversaciones a veces aparentemente intrascendentes y gestos cotidianos que permiten al lector comprender por qué esa relación resulta tan determinante para su protagonista.
La autora logra introducirnos en la vida universitaria de Flora con una naturalidad que hace que, prácticamente desde las primeras páginas, sintamos que también formamos parte de ese pequeño universo compartido con Jordan y Lois.
A ello contribuye una narración ágil y absorbente, que combina el humor, la sensibilidad y, en determinados pasajes, una prosa especialmente cuidada. Colegio mayor engancha desde el comienzo y mantiene el interés sin depender exclusivamente de la incógnita que rodea la desaparición de Jordan.
Una mirada retrospectiva
También resulta especialmente acertada la ambientación en los años dos mil. Las referencias culturales, los hábitos y los códigos sociales de aquella época construyen un retrato generacional en el que muchos lectores millenials podrán reconocerse. Pero Taboada no se limita a despertar la nostalgia.
A través de las primeras relaciones sentimentales (¿Quién no ha tenido, por lo menos, un Bruno en su vida?), a menudo torpes y con dinámicas poco saludables, la novela revisa los comportamientos machistas que estaban normalizados en los ambientes universitarios y las expectativas que condicionaban las relaciones entre hombres y mujeres. Una mirada retrospectiva que permite observar cuánto han cambiado algunos discursos y cuánto permanece todavía vigente.
Los duelos por quiénes fuimos y no seremos
El gran eje emocional de la historia, sin embargo, es el duelo. O, más bien, los duelos que Flora enfrenta durante la novela: la muerte, la ruptura de una amistad, el final de las relaciones sentimentales y, quizás, la más silenciosa de todas y que resuena con mucho eco: la renuncia a las personas que imaginaba que llegaría a ser. Porque Colegio mayor también habla de esa distancia, a veces dolorosa, entre las expectativas que construimos durante la juventud y la realidad de nuestra vida adulta.
En ese sentido, Flora es uno de los grandes logros de la novela: idealiza el pasado, se equivoca y es consciente, en ocasiones, de lo que hace mal; pero también aprende y madura de forma natural a lo largo de la novela. La subjetividad de su relato condiciona también nuestra percepción de Jordan, a quien conocemos a través de una mirada casi idealizada. Una elección narrativa que obliga al lector a cuestionarse hasta qué punto conocemos realmente a las personas y cómo las reconstruimos es nuestra memoria.
Esta subjetividad adquiere una dimensión decisiva cuando se revela el motivo de la partida de Jordan. La explicación cae como un jarro de agua fría y provoca en el lector una incredulidad semejante a la de Flora. Es uno de esos momentos que obligan a repasar mentalmente lo leído, intentando encontrar los indicios que podían haber anticipado lo ocurrido.
Una novela redonda, adictiva y fácil de leer
Si hay algún aspecto que podría haberse desarrollado con mayor profundidad, es el contexto familiar de Flora en los años posteriores a su etapa universitaria. Conocer algo más de ese ámbito de su vida adulta habría contribuido a completar el retrato de una protagonista cuya evolución personal constituye uno de los principales atractivos del libro. No obstante, se trata de una ausencia menor dentro de una historia que consigue dar sentido a los conflictos que plantea.
Y es que el desenlace de Colegio mayor resulta especialmente satisfactorio. Sin necesidad de recurrir a soluciones artificiosas, Taboada consigue cerrar el recorrido emocional de Flora con coherencia y sensibilidad. El final funciona como un magnífico broche para una evolución personal construida a lo largo de toda la novela, en la que comprender el pasado termina siendo tan importante como aprender a convivir con él.
Lucía Taboada escribe para medios como El País o VanityFair y colabora habitualmente con Cadena SER. Ya había publicado anteriormente dos libros: Dejar de amargarse para ImPerfectas con Moderna de Pueblo y Como siempre, lo de siempre, galardonado con el Premio Panenka al Libro del Año. Colegio mayor es, sin embargo, su primera incursión en la ficción. Con este debut, la periodista firma una novela redonda, adictiva y de lectura fluida que aborda cuestiones tan universales como la amistad, la identidad, el machismo, la pérdida y el desencanto generacional.
Un último consejo: ten un lápiz a mano, porque querrás subrayar muchas de sus frases.


