Puede que la artista madrileña no haya hecho llorar a toda la sala como se esperaba, pero la ovación a sus Dramitas ha sido indudable de principio a fin
La artista nos había citado el pasado martes 20 de mayo a las 20:00 horas en el Teatro Pavón para presentar su primer EP: Dramitas. Poco a poco la cola para entrar iba creciendo, aunque pronto nos darían la noticia de que se retrasaba 15 minutos, pero lo bueno se hace esperar, ¿no? Los y las afortunadas de estar entre el público pudimos comprobarlo y sí, puedo aseguraros de que la espera mereció la pena.
Luces rojas sobre el escenario con un piano en el centro y al lado una guitarra y un teclado electrónico. Nada más entrar iban dándonos en mano un cuadernillo con los Dramitas (con un pañuelo incluido al final) y eso solo podía significar una cosa: las lágrimas serán las protagonistas de esta noche.

La gente iba entrando con la esperanza de coger un buen sitio, en primera fila, pero para sorpresa de muchos los asientos estaban reservados así que se convirtió en un concierto de pie. Se escuchaban cuchicheos de fondo sobre el R&B y la música jazz hasta que salió Carmen Lancho. Eran las 21:15 horas: se abre el telón.
Sacamos los pañuelos
Sin visuals y con una puesta en escena de lo más sencilla (acorde con lo que íbamos a escuchar), fue un concierto de presentación para recordar. Entró de espaldas al público y empezó a tocar el piano, pronto escucharíamos su voz melódica capaz de captar la atención de todos los allí presentes para cantar la primera canción: Todos.

Setlist del concierto
Un total de once canciones (tres más que en el EP Dramitas) que la gente cantaba al pie de la letra desde Todos hasta Todo lamento, aunque había quien esperaba la entrada de estelar de Rigoberta Bandini para acompañarle en Aprenderás. «No ha podido venir porque está ocupada, pero podéis iros si queréis», decía Carmen Lancho entre risas.
Nadie se movió de su sitio, seguíamos expectantes para escuchar El Último. Para este tema invitó a tres músicos, «mis hombres» decía la artista antes de explicarnos que «todo el dolor de antes no cuenta porque ha venido otra persona mejor ha solucionarnos la vida y no es así». Aprovechaba para aclarar que este tema «lo había escrito una semana después de que me dejaran». Después se subió al escenario su amigo malagueño para interpretar un bolero: Amor, con él al piano y ella acapella.

En el ecuador del concierto nos confesaba que todo era una estrategia: «me he puesto así de espaldas para no mirar a nadie a la cara» y después de haber aguantado «la parte que más me preocupaba», ante su pregunta de «¿cómo vais? ¿bien?» alguien se atrevió a decir (entre lágrimas) que «fatal».
El show continúa y entre tema y tema se escuchaban aplausos más que llantos y sobre todo después de que Carmen Lancho cantara Máquina de analizar. Ahí el Teatro Pavón se convertía en una voz única, algunos cantando a pulmón y, otros en cambio, tuvieron que echarle un vistazo a la chuleta (el cuadernillo). Allí quien no cantaba era porque no quería.
Otra de las sorpresas que nos tenía preparado era un tema que no sabía si iba a salir a la luz, incluso nos llegó a pedir «no grabarlo» por si luego se arrepentía. Una canción en la que, decía, «si incomoda es que lo estoy haciendo bien» y hombre si lo hizo: la ovación nada más terminar fue insólita.
También nos regaló una versión en acústico de una de las canciones más reproducidas hasta la fecha, Qué manía. Sea rock, pop o balada, Carmen Lancho lo hace todo bien a pesar de que diga que es un poco kamicaze por sacar estos temas que incomodan.

El concierto llegaba a su fin. Eran las 22:03 horas y los Dramitas se terminaban (por ahora). La canción para cerrar la noche fue Hijo de puta y lo hizo por todo lo alto. Estuvo arropada del coro formado por seis voces femeninas y, aunque nos advirtió que «no habíamos ensayado», juntas hicieron magia. Con la piel de gallina y el pañuelo aún en la mano, muchas de ellas (público incluido) tenía el nudo en la garganta tratando de contener las lágrimas para no romper la armonía y seguir cantando.

Se apagan las luces, se cierra el telón y nos despedimos con una ovación inaudita de los Dramitas de Carmen Lancho después de habernos regalado su carta de presentación con este primer EP. Una noche para recordar.


