¿Es necesario poner en valor el papel de la mujer en la industria musical? La respuesta es un «sí» rotundo: «Hay que romper moldes y limpiar el caché»
La iniciativa Breaking the Noise contó con voces femeninas tan variopintas como necesarias: Zahara, Vicco, Alice Wonder, Ainhoa Buitrago y Aldhara. Una charla abierta liderada por Leire Martínez y organizada por el Grupo Caja Rural, Sony Music y Sony Music Publishing. Se abre la puerta del patio de las mayores para diseccionar qué significa ser mujer en una industria que, a veces, padece de “sordera”.
La conversación empezaba con una clara declaración de intenciones de Leire al decir lo siguiente: “Hemos venido a cambiar las cosas”. Eso sí, sin olvidar a las que labraron el camino.

Hay que romper los moldes
Si hablamos de referentes musicales, Zahara recordaba que a los diez años no tenía porque «solo se escuchaban voces masculinas como Sabina o Serrat”. La que sería su madre (en la industria musical) fue Alanis Morissette, quien le enseñó que el micrófono también le podía ser suyo.
Ainhoa ponía el foco en mujeres como Patricia Lázaro y la propia Zahara, quienes abrieron un camino que fue de todo menos sencillo. «Es necesario recordar el camino que han ido abriendo las generaciones anteriores para no sentir que partimos de cero«, explicaba.
Ser auténtica
¿Cómo se consigue llegar al éxito? Entre todas lo definieron como la capacidad de seguir el instinto de una misma sin que el miedo a no ser suficiente te paralice o te condicione.
Alice Wonder confesó su proceso de reconciliación consigo misma: «Desde pequeña sentí que no encajaba, pero ahora abrazo este proceso de ir por libre». Sin embargo, los moldes siguen ahí.

Para Zahara el sistema la encajonó en lo «femenino» sin importar el estilo de su música: «Daba igual qué música hicieras, te relegaban a una esquina, no te dejaban jugar en el patio grande con los mayores».
Una crítica que salpicó también a la prensa, responsable de enfrentar a artistas y encasillarlas en etiquetas reduccionistas. Algo que, según Zahara, han tardado 15 años en empezar a desmoronarse.
¿Quién tiene la última palabra en la industria?
“Hablemos de quién manda”, decía Leire, y la respuesta fue unánime: Yo. Para llegar a ese punto, muchas de ellas han tenido que pasar por una (o varias) mala experiencia.
En el caso de Zahara, tras su éxito Con las ganas en 2011, Universal se negó a sacar el videoclip porque «no estaba guapa”: «Me fui porque aprendí a confiar en mí y ahora tengo mi propio sello”.
Ante la necesidad de tener que demostrar constantemente (ya sea criterio, una carrera o estudios), todas ellas se preguntaban por qué “hay chavales que tienen el síndrome del impostor al revés: se creen válidos sin haber demostrado nada”.
«Creo que los hombres no se plantean las cosas dos veces por miedo a fallar”, aseguraba Alice, quien ha tenido que escuchar que sus decisiones de producción “eran muy raras y que la gente no lo iba a tragar”.

El lenguaje importa, y mucho
¿Tener ambición y liderazgo es lo mismo que ser una chica «difícil» o «pesada»? Las seis coincidían en que si un chico es joven, es frescura; si una chica es joven, es inexperta.
También hubo espacio para hablar de la necesidad de romper con el patrón de feminidad y sensualidad obligatoria. ¿Nos sexualizamos porque queremos y nos justificamos o por conseguir la atención de la gente?
Ante esta reflexión, Alice Wonder recordó un vídeo viral donde se cuestionaba si su triunfo musical estaba ligado a su estética. Zahara fue tajante al comparar la puesta en escena: «Iván Ferreiro sale al escenario y no se plantea cómo va vestido. Si esta charla fuera de hombres, habrían venido en pijama y nadie les preguntaría nada».
El encuentro terminó como una liberación, más que siendo una carga de responsabilidades. No se trata solo de que las mujeres cambien las reglas del juego, sino de un cambio sistémico. «Hay que limpiar el caché», afirmaban.


