Big Time Rush ha vuelto, un año más, al Palacio Vistalegre de Madrid para dar un concierto inolvidable
La boyband que saltó a la fama en el 2009 gracias a la serie de Nickelodeon, de nombre homónimo, ha vuelto a Madrid para dar un concierto que consigue mantener más viva que nunca la memoria de esta serie y la lealtad de sus fans.
Todo el evento está pensado para generar nostalgia en todas las fans que llevan siguiendo su carrera desde los inicios. Detalles como que los teloneros sean Stephen Kramer Glickman, que daba vida a Gustavo Rocque, el mánager de Big Time Rush en la serie, y Katelyn Tarver, que interpretaba a Jo Taylor, la novia de Kendall en la ficción, hacen que todo el concierto se sienta familiar e incluso hogareño.
A las 20:50, Big Time Rush salió al escenario e inició las dos horas de concierto con la icónica intro de su serie, desatando los gritos de todas las fans presentes en el recinto.
Kendall, James, Carlos y Logan se encargaron de dar el mejor de los espectáculos siempre con las mejores sonrisas y la mejor energía. Sus coreografías pegadizas y la conexión grupal, evidente a simple vista, completaron una presentación inolvidable. Sin embargo, Logan tuvo que ausentarse del escenario en aquellas canciones que requerían de baile debido a una reciente lesión en el tobillo.
Un viaje a Rocque Records
Tras interpretar grandes éxitos como Windows Down, Music Sounds Better, Superstar o Big Night, el público fue transportado a la oficina de su Gustavo: Rocque Records. En un momento especial, Stephen Kramer Glickman se sentó al piano e interpretó Like There’s Nobody Around en acústico.
Luego, los chicos le rodearon para cantar canciones en solitario: Cover Girl (Kendall), You’re Not Alone (Carlos), All Over Again (Logan) y We Are (James). También le cantaron a Gustavo la pegadiza The Giant Turd Song, canción con la que los chicos se metían con su mánager en la serie.
Un auténtico fan service
El concierto podría describirse como “el paraíso” para los fans de la banda, ya que no escatimaron en referencias a la serie. En varias ocasiones sacaron a Carlos con el icónico casco que lo caracterizaba en la ficción, y las pantallas proyectaron imágenes del programa, despertando la nostalgia del público.
Pero lo que más se puede destacar de este concierto, además de la notoria dedicación que le ponen los artistas a sus actuaciones, es el fan service
Cuando hablo de fan service me refiero a que hicieron todo lo posible para que sus fans salieran completamente felices del concierto. Desde las innumerables referencias a la serie, ya mencionadas, hasta todas las ocasiones en las que los artistas buscaron tener contacto directo con el público—y, definitivamente, no fueron pocas.
Uno de los momentos más emocionantes de la noche llegó cuando los cuatro integrantes bajaron a la pista para interpretar Halfway There, saludando e interactuando con sus fans. Aprovecharon ese recorrido para ubicarse en un segundo escenario, situado la parte trasera del recinto, y ofrecer varias canciones en acústico, como No Idea o Count on You junto a Katelyn Tarver, entre otras. Esto permitió que las personas situadas en la grada trasera disfrutaran de su presencia lo más cerca posible.
Las sorpresas podrían haber terminado ahí, pero no. Cuando regresaron al escenario principal para interpretar Worldwide, eligieron por el camino a cuatro chicas del público para convertirlas en las Worldwide Girls, como se conoce a las afortunadas que suben al escenario. Todo el mundo deseaba ser escogido, y gran parte del público llevó pancartas de lo más originales pidiendo ser las elegidas.
Una puesta en escena dinámica
El escenario era bastante grande y dinámico, contaba con visuales muy interactivos que acompañaban las actuaciones de la banda, además para seguir dando sorpresas y animando al público durante la canción City Is Ours, sacaron un carrito de la compra lleno de camisetas que lanzaron al público.

Tampoco podía faltar el confeti en varias ocasiones, y mucho menos durante Confetti Falling. Pero lo más divertido fueron los globos gigantes que sobrevolaron las cabezas de las fans en la pista, añadiendo un momento de juego y sorpresa.
En definitiva, el concierto de Big Time Rush es una experiencia completamente interactiva, emocionante y cuidadosamente trabajada por los artistas y su equipo, quienes han demostrado lo mucho que valoran a sus fans. Sin duda, no dudaría en volver a asistir a uno de sus conciertos.

