Una puesta en escena minimalista y cinco bailarines bastaron para sumergirnos en su proyecto más ambicioso hasta ahora: PO2054AZ
“Yo tengo miedo a que se vaya y que quizás no vuelva”. La voz de una abuela gallega, que bien podría ser la de cualquier familiar nuestro, inundaba un Movistar Arena que contenía el aliento. Una voz que se preguntaba: «¿Quién decía que iba a ser artista?…Y salió». Sen Senra ya nos advirtió que no quiero ser un cantante, quiero ser algo mejor. Y lo de anoche en Madrid fue más que un concierto, fue una ceremonia sublime.
A las 20:40 horas una música de iglesia se apoderó del recinto y, de pronto, se apagaron las luces. En la pantalla central veíamos un vídeo recap que nos invitaba a entrar en su mundo: un «largo sueño» narrado por su abuela.

Silencio, empieza la misa
Los focos iluminaron el escenario y vimos a Sen Senra, apoyado sobre el tronco de un árbol sin ramas, con esa chaqueta de cuero y gafas negras ya icónicas. No necesitó más de dos palabras para que el público corease al unísono Blue Jeans y Un Crop Top o Uno de eses gatos.

La escenografía, sencilla, pero cargada de simbolismo (una ventana abierta en una de las paredes blancas y un tronco sin ramas), se completaba de cinco bailarines que dieron vida a cada una de sus letras. Fue como ver una verdadera obra de teatro.
Tres escenarios para tres álbumes
El Movistar Arena fue testigo de una mutación sin precedentes. Cambiamos de acto para pasar al segundo: El emigrante. Un cambio de vestuario (camiseta blanca de tirantes y pantalones de cuero) y luces más cálidas para regalarnos un espacio más íntimo: una cama, una pared y unas cortinas en la ventana.
Después de otro vídeo en la pantalla central, la steadicam siguió a Sen Senra para interpretar New Me, reforzando esa sensación de estar viviendo un rodaje en directo. La coreografía de los bailarines alcanzó su punto álgido en Mis amigos no opinan lo mismo. Solo se veían cinco sombras acompañándole que, más tarde, revelaron una imagen poderosa al quedarse sola una de ellas entre «Flashes, lujo, diamantes».
Uno de los momentos más conmovedores llegó cuando Sen Senra, a capella y acompañado de Juan Habichuela a la guitarra, cantó para toda su Familia (nosotros).

La emoción estaba asegurada con Entrezalados, Incondicional, Un cielo azul o Meu Amore. Durante todo el concierto estábamos en una montaña rusa de sensaciones. Con Llorando x1 pasamos a un grito de liberación y descontrol. Eso sí, Sen Senra se desnudó el alma por completo con Quiero decirte y la stedicam nos regaló la impronta de él, solo, frente a su público con linternas en mano para alumbrar todo el Movistar Arena. No se preocupe, que Sen Senra también nos puso a saltar para no irnos «pa’l hoyo».
«Por los siglos de los siglos»
Tercer y último acto de la misa. Al tronco le salieron dos ramas que simbolizaban su viaje con PO2054AZ. Sen Senra reapareció vestido de blanco, ligero. Sin prisa ninguna se sentó en el sofá y cogió su guitarra que llevaba escrita una frase: «Esta máquina mata el olvido». Con ella rompió el silencio sepulcral para interpretar Idea Loca y seguidamente, sin apenas tiempo para digerirla, cantamos Romeo.
Su ambiciosa trilogía discográfica quedó grabada en Se ve muy claro desde aquí. La pantalla central proyectó todos sus logros, desde ser portada de la revista Icon como medallas o fotos de su infancia. Sen Senra nos regaló tres temas fuera de esta trilogía: Tumbado en el jardín viendo atardecer, Perfecto y uno de los más queridos, Ya no te hago falta.

Lo que parecía ser el cierre más predecible, Sen Senra da un giro de 180 grados y empezaron a sonar las guitarras de Por si vuelve. Aún con la voz resquebrajada, su público no le dejó solo en ningún momento.
Entre tema y tema aprovechó para recordar que la música es la única forma de hacer cultivo. Y sí, él se ha metido Hasta el fondo y se da por satisfecho. «Todo ha valido la pena», decía, si «os ha ayudado para pasar alguna ruptura, catarsis, transformación».
Tras dos horas y media de una misa impecable, Sen Senra se despidió lanzando besos y completamente rendido a su público. Se cierra la trilogía PO2054AZ y se quedará en todos nosotros «por los siglos de los siglos».


