Una noche llena de música fresca, descubrimientos y buen rollo
Maqeta celebró su primera edición el pasado jueves en la sala Maravillas de Madrid, demostrando que otra forma de hacer música es posible: bandas emergentes tocando sin barreras, cerca del público y con toda la libertad para expresarse.
Las encargadas de abrir la primera noche de Maqeta fueron Las Intrusas. La banda, formada por Natalia al bajo, Paula a la guitarra, Marta a la batería y Mar como vocalista. Con una estética que combina elementos góticos y punks, la banda destacó por su fuerte presencia escénica, a pesar de su breve trayectoria.
Entre covers y temas propios
El repertorio que presentaron fue una atrevida combinación entre ocho potentes versiones —como Zombie de The Cranberries o Hot And Cold de Katy Perry— y seis canciones propias.
Tras iniciar el bolo con una rockera versión de Brutal de Olivia Rodrigo, elevando la intensidad del tema original, le siguió una canción propia, Bonita, una de las canciones favoritas de su público.
Letras con carácter
La banda destaca por sus letras reivindicativas en canciones pop-punk como Ni tú te aguantas, Yonki, Quémame —tema en el que los pogos por parte del público fueron inevitables— o Morirías por mí, temas en los que abanderan la rabia y el empoderamiento femenino.

Nos ha sorprendido gratamente la facilidad de estas cuatro artistas para moverse con naturalidad entre diferentes estilos y registros. Las Intrusas demuestran una base sólida: la voz destaca por su seguridad y precisión. El bajo, por su lado, actúa como eje de los temas, aportando cuerpo y consistencia.
Conexión dentro y fuera del escenario
Uno de los aspectos más interesantes del directo fue el buen rollo entre las integrantes de la banda. Lejos de centrarse en una única figura, todas participan activamente y hablaban entre los temas, reforzando la sensación de grupo y generando una conexión más cercana con el público.

Entre los momentos destacados de la noche, nos sorprendieron con una versión de Zorra de Bad Gyal que se desmarcó totalmente de la original, apostando por una reinterpretación que demuestra intención creativa y personalidad. No se trata de una simple cover, sino de un ejercicio de adaptación que confirma su interés por construir un sonido propio.
Segundo asalto de la noche
Para relevar a Las Intrusas, llegaron pisando fuerte Loranca (voz), Pato (batería), Bastida (guitarra) y Murder (bajo), los cuatro integrantes de Limón Dulce. Su entrada al escenario fue, cuanto menos, curiosa: Pato apareció acompañado de un pato de peluche, al que manejó como si fuera un ventrílocuo, para interpretar Marieta de Javier Krahe en un surrealista —y muy celebrado por el público— dúo.

Tras esta inesperada apertura, la banda inició un directo enérgico y trabajado, con un repertorio que combinó temas como Dame una Ayudita (Por Favor), Animales de compañía o Casa de Iko. Limón Dulce demostró una gran soltura sobre el escenario y una clara experiencia en directo.
A nivel sonoro, la banda ofreció un buen directo, con una ejecución que evidencia horas de ensayo y que, combinadas con su estilo performático, dan como resultado un hipnótico espectáculo. La base rítmica sostiene con solvencia los temas, mientras que la guitarra, con riffs de corte noventero, aporta carácter y cohesión al conjunto.

Música y performance
Más allá de lo musical, uno de los momentos más peculiares del directo de Limón Dulce fue su capacidad para generar espectáculo. No cesaron las bromas, comentarios improvisados y momentos absurdos, como una carrera de “hidalgos” en pleno concierto. No podemos olvidar el pasillo de collejas a través del público que se llevó el pobre Murder por ser el último en terminar su cerveza. Está claro que la banda sabe convertir un show en una experiencia compartida, donde la línea entre escenario y pista prácticamente desaparece.
Con Salida —el tema favorito de Loranca— llegó el descontrol: el cantante bajó al público mientras estallaba el pogo, en un momento de máxima efusividad que incluso puso en peligro el cable del micrófono. La banda recuperó el escenario para cerrar con Que vuelvan los Nastys, firmando uno de los tramos más intensos del concierto.

Y ya cuando parecía que el concierto iba a terminar, la banda elevó la energía del directo con la intro de El príncipe de Bel-Air, que encendió al público antes de cerrar la noche con Bangladesh, dejando el escenario en lo más alto.
Afterparty y cultura de escena
La velada no podía terminar de otra manera que con uno de los DJ sets de Pogología, cuyo responsable incluso se perdió un partido histórico del Rayo Vallecano por estar a los platos en el afterparty. Durante la sesión sonaron temas como Normal de Carolina Durante, Superestrella de Aitana o, incluso, Ave María de David Bisbal.

Maqeta, una comunidad en directo
Más allá de los conciertos, esta primera edición del ciclo Maqeta ha dejado claro que una propuesta musical diferente es posible, alejada de los números y donde predominan las ganas de hacer música y de generar comunidad. Maqeta inicia un camino para convertirse en punto de encuentro para bandas emergentes que encuentran, además de un escenario, un entorno cercano y libre para desarrollarse.


