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Marwán: «La presencia del amor en la vida de uno es absolutamente transformadora»

El cantautor presenta Y tuve suerte, una canción que celebra la magia de encontrar el amor cuando todo encaja

Marwán reflexiona sobre las relaciones, el amor propio y el proceso de conocerse a uno mismo a partir de su nuevo trabajo, en el que explora la manera en la que el amor transforma nuestro modo de vivir y de relacionarnos.

La historia que concentra este nuevo single de Marwán es simple pero emocionalmente arrolladora: dos personas se encuentran en el momento adecuado, dejando atrás temores e inseguridades y dando paso únicamente al deseo de compartir, comprenderse y construir un amor para el que están más que preparados.

Tras publicar Mujer verano a principios de julio de este año, el público ya puede escuchar el segundo single de su nuevo trabajo. Se trata de Y tuve suerte, ya disponible en las principales plataformas de streaming.

Desde hoy, la canción se suma así a un proyecto que Marwán está desgranando poco a poco. Cada tema aporta una nueva mirada sobre el amor y las emociones y traza un recorrido por las distintas etapas de una relación.

Y tuve suerte, además, lo hace desde un lugar especialmente luminoso, recreándose en cómo la cotidianidad puede llenarse de encanto y hasta los gestos más sencillos adquieren un significado diferente, mucho más potente.

Portada de Y tuve suerte
Portada del single Y tuve suerte | Universal Music

Y tuve suerte: una historia de amor sin resistencias

Pregunta: Y tuve suerte es el segundo adelanto de tu próximo trabajo, ¿qué tiene esta canción que te hizo pensar que era la adecuada para seguir continuando el proyecto?

Respuesta: La verdad es que se me hizo muy difícil elegir las canciones, pero buscamos una alternancia sonora. La anterior era un medio tiempo, esta es un tiempo más alto. La siguiente va a ser un baladón y la próxima también va a ser medio tiempo, tiempo alto. Entonces, buscamos un poco de combinación entre canciones, que fueran diversas y que me gustaran mucho. Principalmente, lo que quería era que me gustaran mucho.

Y lo cierto es que esta canción, teniendo una letra bastante sencilla y una letra bastante inocente en comparación con otras letras del disco, que son como tremendísimas y superpoéticas, no sé por qué es una canción que me mueve mucho, ¿sabes? Que me emociona mucho, que tiene algo que te engancha a lo bestia. Los arreglos me encantan, esas guitarras, la batería, la potencia de la canción, la potencia de la voz… y siendo una historia no muy compleja, yo siento que es una historia que podemos vivir todos, o tenemos muchas ganas de vivir todos.

Es una historia en la que todo nace bien, todo sigue bien e iba a decir: «y todo acaba bien», pero ni siquiera acaba, que es mejor todavía. Entonces, en las historias de amor en las que tantas veces nos encontramos con momentos de tanto desconsuelo, de tanto malentendido, de tanto juego, de tanta herida, de repente no hay heridas. Es como dos piezas de Tetris que caen en un juego, conectan perfectamente y completan la línea. Es una historia sin resistencias y eso me parece maravilloso.

P: Escuchándola, sobre todo por la melodía, me parece que es una canción muy orgánica, muy conseguida en ese sentido. Aunque, como dices, quizá la letra no sea tan profunda como otras que veremos en el álbum, la melodía está muy trabajada y creo que eso lo percibirá positivamente el oyente.

R: Eso es, como que arreglos y melodía van muy de la mano. Esa es mi sensación. Y luego pasa algo con la canción y la melodía, y es que tiene un punto up, como alegre, pero también tiene un punto melancólico. Suelen ser canciones que funcionan increíble: canciones que están arriba pero tienen una cierta tristeza en la melodía, una cierta melancolía que las vuelve mucho más emotivas. Y por eso me gusta tanto a mí esta canción.

P: Tu anterior single, Mujer verano, parece hablarnos de un amor igual de intenso pero quizá más fugaz que en Y tuve suerte. Si, tal y como has comentado ya, el álbum va a recorrer las etapas de una relación, ¿qué te interesaba contar al pasar de una canción como Mujer verano a otra como esta?

R: Te voy a contar que estas dos canciones realmente no tenían ninguna intención, cosa que pasa mucho en el arte. A veces uno tiene una intención al principio y dice: «Bueno, es que quiero hacer una estatua sobre tal o un poema sobre cual, o la canción quiero que hable sobre esto». Pero la realidad es que casi todo este disco, quitando la canción a mis padres, surgió sin saber de qué iba a hablar, dándole espacio al inconsciente, a esa parte mágica. Convirtiéndome en un canal para que bajara lo que tuviera que bajar a través de mí, ¿sabes? Y entonces, la pregunta fue “¿qué me interesaba?”.

Estamos hablando del 29 de diciembre de 2024, cuando compongo esta canción y no sabía de lo que iba a hablar. Simplemente, me puse a cantar y me salió esta frase maravillosa de: «Tú eras una selva de ojos verdes», que me encanta. Y a partir de ahí construí una historia. ¿Qué es lo que sucede? Que muchas veces uno puede pensar que no son canciones que a uno le incumben, que simplemente se lo ha inventado o le ha bajado la información, pero la realidad es que cada vez que escribo una canción de estas que habla desde mi inconsciente, o está hablando de algo mío muy profundo o está hablando de algo que me va a pasar en el futuro. Es increíble cómo el inconsciente ya conecta con el futuro.

Mucha gente dice que son canciones premonitorias. Yo no creo ni que sean premonitorias, simplemente el inconsciente sabe qué va a pasar y te lo cuenta. Y esta fue así. No sabía ni de lo que iba a hablar. Luego este tipo de canciones se me cumplen, con lo cual, en esta canción en la que hablo sobre una selva de ojos verdes, pues simplemente yo creo que es mi inconsciente dándome lo que intentaba, ¿no? Informarme de que aparecerá en algún momento una selva de ojos verdes.

P: Muchas veces yo también pienso que el inconsciente tiene mucho que ver con lo que verbalizamos. Como que, cuando algo se verbaliza, también acaba teniendo cierta influencia en cómo actuamos o en cómo percibimos las cosas. Entonces, bueno, si hay una selva de ojos verdes, se esperará [risas].

R: Dicen del inconsciente que para él no hay presente, pasado ni futuro. Que para él es un continuo y que sabe todo ya de antemano. Los que no sabemos somos nosotros, nuestra parte consciente, ¿no? [risas]

Para completar tu pregunta, tú lo has dicho: Mujer verano habla de una relación que, en realidad, no sé si habla sobre una relación de verano, aunque luego en el videoclip lo reflejamos así, pero tiene toda la pinta. Habla de esa intensidad, de la intensidad de los inicios, de la belleza de conocer a una persona y que todo se vuelva absolutamente extraordinario, ¿no? Que hasta lo más ordinario, cualquier acción cotidiana, tome la categoría de mágico gracias al enamoramiento. De eso hablaba la canción.

Y esta también habla de una continuidad. Sobre todo porque Mujer verano era más potente, más de locura a nivel emocional, ¿sabes? Habla de una magia loquísima, y esta habla de la magia del encaje. Más que de la magia, de sentir desaforadamente. Habla simplemente de dos personas que encajan tan bien que se echan a volar y ya está.

Ahora me has hecho pensar que en una digo “me abrazas fuerte y echamos a volar” y en la otra “volando como dos adolescentes”. Hablan las dos del enamoramiento, pero la realidad es que Y tuve suerte tiene esa sensación de continuidad: hay una pista de despegue y no hay un aterrizaje, sino que se continúa el vuelo. Y hace compañía.

Las señales detrás de la canción: «habla sobre esas sincronicidades»

P: En el estribillo cantas: “Y tuve suerte, la suerte que no tuve en 2020”. Año de publicación de tu disco El viejo boxeador, un disco que habla sobre resiliencia y los golpes de la propia vida. Entendiendo que no se trata de un verso fortuito, me gustaría saber a qué te refieres con tu ausencia de suerte en ese año. ¿Tiene que ver de alguna forma con El viejo boxeador o se trata de algo más concreto?

R: Pues mira, yo soy bastante esotérico. Creo en las energías, en la magia y en las señales, sobre todo. No sé si has visto Interstellar, una película descomunal, pero lo que viene a contar es que desde otro plano, desde otra dimensión, nuestro “yo” nos manda señales para advertirnos de cosas. Desde hace tres o cuatro años no paro de ver horas repetidas: 20:20, 12:12, etc. y de ahí 2020. También percibo señales de otro tipo a nivel físico. Entonces vi que hay una teoría de Jung, uno de los padres de la psicología junto con Adler y Freud, que decía que se llaman «sincronicidades» y que son como señales que nos llegan para advertirnos y avisarnos de cosas. Y yo ya lo sabía antes de que me llegaran las horas. Yo ya sabía que a mí, por lo que sea, desde mi inconsciente me llegaban señales.

Pues, la realidad es que la canción habla sobre esas sincronicidades. Digo: «qué fácil fue seguirte la corriente, qué fácil tanta sincronicidad». Y también digo lo del 2020, que es un número repetido. También había otra frase que quité que decía: «en tu reloj daban las 20:20» pero quedaba un poco raro decir 20:20. Era refiriéndome a esto de las coincidencias que tienen que ver con esa suerte de la canción. Esas coincidencias y esas sincronicidades que hacen que todo encaje o que te están advirtiendo que todo está sucediendo. Y tenía muchas ganas de hablar de eso porque ha ocupado mucho lugar en mi vida. Las señales ocupan mucho lugar en mi vida.

Mis colegas dicen que estoy loco, pero la realidad es que yo percibo señales y, a veces, veo cosas que me hacen predecir el futuro, al igual que mi inconsciente, pero a nivel más consciente, y me parece hermoso. Esa teoría de que mi otro “yo” o yo mismo en otra dimensión, desde otro lugar o desde otro multiverso, como en las películas de Marvel, me estoy avisando para que tenga cuidado o para seguir empujándome a que siga ese camino.

P: Tirándote tus libros, como en la película de Nolan.

R: Claro. Entonces, 2020 fue un año de mala suerte para todos, ¿no? Fue un año terrible por la pandemia. Aquel año yo saqué el que considero el disco más hermoso de mi carrera: El viejo boxeador, y la verdad es que se escuchó poco. Hay canciones hermosas que se escucharon poco. En 2020 crecieron los streamings pero, en mi caso, soy un tipo de artista que mantengo vigente los discos en mi propia gira. Cuando estoy de gira la gente escucha más los discos. Y no pude girar. Entonces, ese disco tuvo una subidita y una bajada muy fuerte, y me dio mucha pena.

Fue un año de mala suerte en muchos sentidos; perdimos muchas cosas, perdimos a gente conocida, perdimos giras que son, al final, a lo que he venido aquí, a cantar para la gente, ¿sabes? Y perdimos la oportunidad de que escucharan nuestras cosas hermosas. Entonces, bueno, pues la suerte está en camino. Ya seis años después toca un tiempo de suerte, porque han sido unos años un poco movidos para mí a nivel emocional.

La realidad es que, no sé si a ti te parece, pero para mí el mundo es más feo desde 2020. Se ha vuelto más abrupto, hay mucha más confrontación, hay una densidad en la atmósfera, en las opiniones de la gente y todo es más veloz, más voraz y más frenético todavía. Y bueno, pues me gustaría que volviera un poco la calma en muchos sentidos.

Foto promocional de Marwán | Universal Music
Foto promocional de Marwán | Universal Music

El amor frente a las heridas

P: Por supuesto, esperemos realmente que así sea. La canción también habla, como estábamos comentando justo antes, de un amor que sucede cuando las heridas han sanado, en ese momento de suerte. ¿Crees que es necesario estar completamente “curado” para construir una relación sana?

R: No, yo no creo que casi nadie se cure absolutamente de los traumas pasados. Todos seguimos teniendo determinadas propensiones a caer en ciertos pensamientos o determinadas heridas, llámalo como quieras, con las que, por mala suerte, nos identificamos demasiado. Y creo que a veces es como: “No, es que tengo que sanar antes de estar con alguien”. No. Yo creo que se pueden tener ciertas tendencias, ciertas heridas, ciertas propensiones a caer en pesadumbres o en determinadas relaciones y que, aun así, una relación pueda funcionar perfectamente si las dos personas tienen consciencia, ganas, voluntad y también bondad. Porque se puede tener voluntad y no tener bondad, ¿sabes? Tener la voluntad de que funcione y, de repente, ser egoísta o tener unos patrones tan bestias que aplasten al otro, que aplasten a la relación. Pero se pueden tener relaciones hermosas aunque tengamos heridas.

Si las dos personas se comprenden, se acompañan y tratan de crecer y de construir algo juntas, de construir un camino de comprensión, un camino en el que se respete al otro, en el que se quiera lo mejor para el otro y también para uno mismo, yo creo que las relaciones pueden ser perfectamente factibles. Yo no conozco a prácticamente nadie que esté absolutamente libre de traumas. Lo que pasa es que hay gente que los maneja bien y gente que no los maneja tan bien y, aun así, pueden salir en pareja con sus fantasmas.

P: El amor es un tema muy recurrente en tu discografía. En este caso, Y tuve suerte habla de la felicidad en el amor. Pero también hay otras canciones que hablan de desamor y emociones más tristes. Como compositor, ¿te resulta más fácil escribir sobre un amor que sobre un desamor o tiene que ver más con emociones que te atraviesan?

R: A veces me resulta tremendamente fácil escribir sobre una cosa o tremendamente difícil, y otras veces me resulta tremendamente fácil o tremendamente difícil escribir sobre la otra. Varía un poco en función de la inspiración, del inconsciente que te quiera regalar la canción y de cómo esté uno emocionalmente en cada momento.

En este disco, la verdad es que me ha costado bastante poco escribir. He revisado muy poco las letras; era como que salían y las dejaba tal cual. En esta canción, como te digo, sí cambié un par de frases. Pero no tengo preferencia.

Es verdad que la tristeza siempre es un poco más fotogénica, ¿no? Desde la alegría o la felicidad, uno se siente completo, está tranquilo, está disfrutando de esa relación y, a lo mejor, no tiene tanta necesidad de contarlo porque no está buscando respuestas. Ya obtiene sus respuestas en forma de paz y bienestar.

En cambio, en el desasosiego uno se hace preguntas, y esas respuestas, o ese intento de buscarlas, son canciones. En ellas uno se pregunta cosas o, básicamente, a lo mejor solo intenta contar lo mal que se está sintiendo, la desazón y el desconcierto que siente, para tratar de ordenar un poco su pensamiento o de obtener algo bonito de un sentimiento que es más desapacible. Entonces, yo creo que se tiende más a escribir desde la tristeza y por eso se escribe más sobre ella: porque uno busca esas preguntas para encontrar un poco de paz o alguna respuesta.

Conocerse a través del amor

P: Recuerdo que el año pasado, en un concierto de Carlos Chaouen en Sevilla, al presentar la canción Por amor, que escribisteis e interpretáis los dos y que personalmente me encanta, comentó que tú, Marwán, eras un amigo al que él había conocido mucho antes de que tú te conocieras a ti mismo. ¿Crees que te conoces ya?

R: Sí, o sea, me conozco en gran medida. Aunque yo creo que nadie acaba de conocerse, que esto es un proceso continuo a lo largo de la vida: ir conociéndose e ir desvelando lo que tenemos oculto a nivel inconsciente, conociendo nuestras sombras, nuestros patrones, ¿no?

Pero es verdad que Carlos me conoció con 19 o 20 años, era un crío. Él estuvo en mi primer concierto y, claro, estaba ahí mi inocencia y no me conocía absolutamente nada. Y, de hecho, si alguien me decía algo que veía en mí, lo rechazaba porque no quería que me vieran así; quería que me vieran como alguien perfecto y tal. Así que sí, me encanta que Carlos dijera eso. Es un tipo increíble, con una lucidez brutal. Y, vamos, diciendo eso, claro que dio en el clavo. Por suerte, ya me conozco muchísimo más aunque, como te digo, esto es un camino que dura hasta el día que nos vamos.

P: Como cierre, conectando con el tema principal de Y tuve suerte, ¿de qué manera crees que el amor o la falta del mismo nos ayuda a conocernos?

R: La verdad es que muchas veces, cuando no hay amor propio, uno no ve lo brillante que puede llegar a ser, lo maravilloso que puede ofrecerle al mundo, lo talentoso que puede ser o lo valioso que es. Y muchas veces, cuando aparece el amor en tu vida, ya sea el amor de pareja, de un padre o alguien querido que te quiere con tanta fuerza, te hace ver tu valor. Yo creo que ese es el valor más absoluto que tiene el amor. Y lo cierto es que es absolutamente transformador.

La presencia del amor en la vida, ya sea en forma de pareja, amor propio o lo que sea, es absolutamente transformadora. Te hace mucho más capaz. Te convierte en alguien más capaz. Aunque seas lo mismo, verlo determina si eres más o menos capaz; apreciarlo, ¿no? Y te convierte en una persona capaz de observar su propio valor y eso, claro, te potencia en todos los sentidos.

Cuando uno es maltratado, se le ha tratado con desamor, con desprecio o se le ha devaluado en una relación del tipo que sea, se hace más pequeño. Como consecuencia de eso, todo lo que aparece en su vida es peor. Las consecuencias son peores, los caminos que elige son peores, las oportunidades que deja pasar no las ve porque no aprecia su valor y piensa que no es merecedor.

Creo que la presencia del amor o su ausencia en la vida es absolutamente determinante para lo que uno vive y experimenta.

P: Es interesante ese punto también. Todos hemos escuchado de alguien que ha sufrido una ruptura lo típico de “ahora soy mejor” o “ahora sé qué quiero”, pero no es solo en esos momentos. Hay otros tipos de amor que hacen que uno se proyecte a sí mismo de otra manera y que ayudan a trabajar por ello.

R: Eso es. Y ya no solo cómo vives tu vida, sino lo que eres capaz de darle a los demás desde ese amor, desde esa confianza, ¿no? Desde saber que existe amor en el mundo y es un lugar mucho más amable porque recibes esas cosas y ves todo de esa manera. Puedes entregar mucho más desde ahí. Mucha más luz.

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