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‘Nunca he estado en Dublín’: una comedia sobre familia y mentiras

Mireia Gabilondo dirige la primera obra de Markos Goikolea, una divertida exploración de las complejidades familiares en una noche llena de sorpresas

La obra Nunca he estado en Dublín, escrita por el dramaturgo navarro Markos Goikolea, es una comedia desternillante que se desarrolla durante una cena de Navidad, donde los lazos familiares se ponen a prueba a través de situaciones inesperadas. 

Con la actuación estelar de Eva Hache y un talentoso elenco que incluye a Carolina Rubio, Iñigo Aranburu e Iñigo Azpitarte, la obra aborda la llegada de una hija desde Londres, acompañada de su novia irlandesa, que provoca un dilema familiar sobre la aceptación y el amor.

Inspirada en anécdotas personales del autor y desarrollada bajo la dirección de Mireia Gabilondo, esta pieza invita al público a reflexionar sobre la aceptación de las experiencias ajenas y las ilusiones que todos compartimos. Las funciones se están llevando a cabo en el Teatro Pavón del 5 de febrero al 27 de abril, y las entradas están disponibles en su página web.

Con la actuación estelar de Eva Hache y un talentoso elenco que incluye a Carolina Rubio, Iñigo Aranburu e Iñigo Azpitarte
Pase gráfico ‘Nunca he estado en Dublín’ | Fuente: Laura Oliver Urbano

Antes de ver la obra, las expectativas ya eran altas. Al fin y al cabo, no solo la sinopsis de la obra atrapa, sino que además el elenco es espléndido y era difícil que todo en conjunto saliese mal. Además, tuve el honor de entrevistar a Eva Hache justo el día antes del estreno, y eso solo hizo que aumentar mis ganas de ver el trabajo tan maravilloso que sabía habían hecho. Ahora que ya he tenido el placer de disfrutar de la obra, voy a contaros un poco mi perspectiva técnica.

Eje central: relaciones familiares y mentiras

La obra desarrolla todo en base al eje central que son las relaciones familiares y las mentiras. ¿Cómo reaccionarías si tu hija ve cosas que tú no ves? Esta pregunta está lanzada de la manera brillante. Unos padres que llevan 3 años sin ver a su hija, porque ella salió del armario y ellos ‘no estaban preparados’.

Una comedia desternillante que se desarrolla durante una cena de Navidad donde los lazos familiares se ponen a prueba.
Pase gráfico ‘Nunca he estado en Dublín’ | Fuente: Laura Oliver Urbano

Después de una larga reconstrucción familiar, el hermano de ella, que sigue viviendo con los padres, la convence para venir a pasar la noche de Navidad con ellos. El gran reencuentro. Y no solo esto, trae a su novia. Y de nuevo, ¿cómo reaccionarías si tu hija ve cosas que tú no ves? El autor juega con esta premisa de manera preciosa, utilizando incluso la famosa cita de Antoine de Saint-Exupéry ‘Lo esencial es invisible a los ojos’.

No solo esto, sino que en el proceso de unos padres intentando no volver a hacer las cosas mal con su hija, tenemos a una familia donde todos mienten de una forma u otra. Y de manera brillante, se consigue tratar todo desde la comicidad, consiguiendo conectar a cada situación con el público. Sin duda, consiguiendo así crear una comedia desternillante donde los lazos familiares se ponen a prueba.

Actuaciones

¿Cómo consigues que todo esto funcione? Una de las grandes patas de la mesa, los actores. Entre otros, gracias a ellos se alcanza esta comedia desternillante.

  • Eva Hache, como siempre brillante. No deja indiferente a nadie. Su timing cómico y su expresión facial, además de su energía, convierte en una experiencia única esta obra de teatro.
  • Carolina Rubio y su versatilidad. Su capacidad de alternar tonos serios y cómicos, logrando que el público se identifique con todas sus emociones, incluso en las situaciones más ridículas. Ella refleja perfectamente la condición emocional humana.
  • Iñigo Aranburu y su ritmo. El interés del público iba de la mano de cómo él junto a la creación de personaje, construía situaciones mágicas. Desde su discurso sobre todo lo que sabe sobre el colectivo y sus calcetines, hasta la explicación de porqué la actitud positiva nos puede salvar.
  • Iñigo Azpitarte y su expresividad corporal. Era imposible no sentirse conectado a él. No solo por su trabajo, sino también con la implicación emocional con los otros personajes en escena, que hacía que el humor resultase más auténtico.
Con la actuación estelar de Eva Hache y un talentoso elenco que incluye a Carolina Rubio, Iñigo Aranburu e Iñigo Azpitarte
Pase gráfico ‘Nunca he estado en Dublín’ | Fuente: Laura Oliver Urbano

Además de esto, la química entre todos ellos, ya que consiguen entre todos crear una atmósfera que permite al público desde el minuto uno desconectar de la rutina. Consiguiendo también, no solo producir momentos de risa, sino una constante reflexión.

Dirección y Guion

Buen elenco unido a buen dramaturgo y buena directora, es el tándem perfecto. Y en esta obra ocurre. Markos Goijolea, de manera ejemplar, ha conseguido escribir, para mí, una de las comedias teatrales más divertidas que he visto en mucho tiempo. Un diálogo inteligente donde hay conectados miles de detalles a lo largo de la obra. Además de un juego de palabras que le daba más valor a las situaciones y que aportaba un ritmo magnífico.

Sin duda, sin Mireia Gabilondo esto no habría sido posible. Ella ha conseguido unir de manera extraordinaria, el valor del guion al trabajo del elenco. Parece que los personajes estén escritos para los actores, y la sincronicidad que se ve en el escenario, sin duda viene de la mano de Mireia.

Esfuerzo técnico

No se puede olvidar a todos los técnicos que han hecho que esto sea posible. La escenografía con Fernando Bernués que, unido al diseño de iluminación de Xabier Lozano, crean la atmósfera perfecta. Vemos una casa, podría ser la casa de cualquiera de los espectadores, vemos espacios delimitados en un lugar totalmente abierto.

Una comedia desternillante que se desarrolla durante una cena de Navidad donde los lazos familiares se ponen a prueba.
Pase gráfico ‘Nunca he estado en Dublín’ | Fuente: Laura Oliver Urbano

A esto se le añade el trabajo de vestuario, con Ana Turrillas, que ayuda a definir la personalidad de cada uno de los personajes. Y la música, con Iñigo Azpitarte, cerró el ambiente para atrapar al espectador durante todo lo que dura la obra.

Todos ellos consiguen complementar la historia y el humor de la obra. Sin olvidarnos que como ayudante de dirección está Virginia Rodríguez, que la regidora es Cristina Berhó, y que la directora de producción es Nadia Corral y la producción viene de parte de Octubre Producciones y La Tentación. Si todos ellos, esto no habría sido posible.

Sin duda, es mi gran recomendación ahora mismo, ya que es una obra de teatro completísima. Una comedia desternillante que se desarrolla durante una cena de Navidad y donde todos los lazos familiares se ponen a prueba. No solo desconectarás sino que además reflexionarás sobre temáticas tan necesarias como las relaciones familiares y las mentiras.

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