El periodista, asentado en California, ganó un Pulitzer escribiendo sobre el deporte y la vida
Sin huir del humor en sus columnas, fue clave narrando el deporte americano durante la Guerra Fría. El béisbol, el boxeo, el baloncesto y las carreras de caballos y coches hicieron de él uno los sportswriter más grande de los Estados Unidos.
Cuando Woody Allen acababa de reunir, en Granujas de medio pelo, a sus tres cómplices para dar el golpe a un banco y dar forma a la tienda de galletas que actuaba a modo de tapadera; uno de los cuatro socios cedía todo el peso del plan al dubitativo Allen. «Bueno, aquí todos somos listos. Pero él lleva gafas». Jim Murray, periodista de Los Angeles Times, además de llevar gafas también poseía el talento y el humor ácido que definen la filmografía de Woody Allen.
Murray no era de echarse flores, sino que eran sus compañeros, incluso el mismísimo Muhammad Ali, quienes se encargaban de echárselas. En una ocasión, el púgil afroamericano antes de subir al cuadrilátero, saludó efusivamente al reportero. «Jim Murray, el mejor de todos los tiempos». El periodista fue uno de los precursores de un término que no cuajó en la otra orilla del Atlántico, siempre fue algo muy americano. Sportswriter.
El periodista «de raza» trazado por Hollywood no era el perfil de Murray. Aunque la brillantez de Hollywood era su mundo. No se acercaba a los incansables reporteros dibujados por David Fincher en Zodiac ni a Bob Woodward y Carl Bernstein del Washington Post en Todos los hombres del presidente. Tras haber ganado el premio Pulitzer en 1990, sacó a relucir su lado cómico. «Creí que para ganar un Pulitzer tenía que tumbar un gobierno, denunciar la corrupción o señalar al presidente». Una vez la ceremonia finalizó, Nancy y Ronald Reagan le acompañaron en la cena de celebración.
Humor desbordante
Era un dandi que vestía de punta en blanco. Sus columnas se acercaban a las de mitos como Tom Wolfe o Gay Talese. Los Ángeles-Nueva York, Costa Oeste-Costa Este. Jim Murray siempre fue alguien muy apegado a Los Ángeles. Además, no era raro verle cenar con Marilyn Monroe o que se cartease con Marlon Brando. Los suyo era llegar a la cabina de prensa del estadio, de béisbol, o al pabellón y explicar a los lectores de Los Angeles Times aquello que presenciaba. El fenómeno Murray se extendió por todos los Estados Unidos y sus cuatro columnas semanales se llegaron a leer en 150 periódicos de todo el país.

«El otro día perdí a un viejo amigo», empezaba Murray en una de sus piezas. “Era azul, torpe, lloró y vio cosas alucinantes conmigo. No sé por qué me dejó. Aburrimiento, quizá”. En alusión a la fallida operación en uno de sus ojos. Puro Woody Allen. No fueron pocos los estadounidenses que se sabían de memoria sus líneas, como aquel que es capaz de reproducir los diálogos de su película favorita. Murray, que escribía para el gozo del lector, hizo del humor su estandarte. «La sátira es la mejor bala en el arsenal de un escritor para combatir la injusticia», admitía.
Un periodista de Sports Illsutrated definió las piezas de Jim Murray. «Una columna de Murray es… una esquina en la sección de deportes donde un boxeador no es noqueado, sino que se ‘convierte en una especie de coágulo de sangre’. Donde los jugadores de golf dejan de ser atletas y ‘son tiburones fuera de la piscina’. Y donde la Indy Car se convierte en una ‘carrera de lirios’». Jim Murray fue uno de los grandes exponentes de la cultura o literatura deportiva huyendo del ruido y el fanatismo de la que varias publicaciones y periodistas, estadounidenses o europeas, han recogido su testigo.
El día que se cumplieron 25 años de su fallecimiento Los Angeles Times, su hogar, publicó un artículo recordando su figura. «Nunca hubo ni habrá alguien como Murray», escribía el multipremiado periodista Bill Dwyre. Murray acabó conquistando los corazones de los lectores e incluso hubo quien, en un partido de béisbol, pidió que sustituyera a Richard Nixon en la Casa Blanca. Las conversaciones que podría haber mantenido con Henry Kissinger. En tiempos de crispación y confrontación permanente cabe ensalzar figuras como la de Jim Murray.


