Los móviles son la herramienta perfecta para mantenernos en un estado de hiperactividad constante
Algunas comunidades autónomas han actuado y prohibido el uso de los teléfonos móviles en los colegios hasta los 16 años. En las aulas universitarias responder al exceso con exceso no debería ser la respuesta.
La ronda empieza en Instagram, luego se mantiene unos pocos minutos en el timeline de Twitter y más tarde, un tiempo con las últimas publicaciones en BlueSky. Podría ser la rutina de un joven universitario nada más levantarse, pero es la de un estudiante de Historia mientras el profesor expone el panorama continental previo a la Gran Guerra. El tema es apasionante. Alemanes acostumbrados a ganar, franceses dubitativos y los indescifrables pueblos balcánicos. El surgimiento de una nueva Europa es interrumpido por el móvil. Sobre el pupitre y a unos pocos centímetros del ordenador.
Para los estudiantes universitarios tener el móvil encima de la mesa es una tentación. Es el fruto prohibido. Pueden resultar valiosas herramientas de aprendizaje y acceso rápido a la información, pero también hay que resaltar su alto impacto en los niveles de distracción y déficit de atención. Convertido en una prolongación de la misma mano, ya no existe autocontrol que les impida retweetear el último meme en redes sociales.
Algunas comunidades autónomas han actuado y prohibido su uso en los colegios hasta los 16 años. En las aulas universitarias responder al exceso con exceso no debería ser la respuesta. A los estudiantes se les acaba la juventud y ya empiezan a vislumbrar la verdad. El actor Willem Dafoe dijo una vez que en la vida solo hay dos cosas seguras, los impuestos y la muerte. Cuando se dispara el flash en la foto de la orla esta frase retumba.
El último like llega cuando a un nacionalista bosnio-serbio le da por cargarse al archiduque de Austria. Europa arde y el alumno ni se inmuta. El móvil abstrae de la realidad y, a la vez, permite acceder a un sinfín de información. Aun así, las prohibiciones no suelen llegar a buen puerto y el fomento de los buenos hábitos es el camino. La pobreza del cine llegó cuando Netflix impuso el modelo ‘What the Fuck’. Así lo ironiza el maestro italiano Nanni Moretti de forma brillante en su último film. La Vespa por el patinete y el libro por el móvil. Necesitamos estímulos constantes y sobreactividad. Un WTF permanente en nuestras vidas.

