Ya en la década de los bulliciosos sesenta, la vivienda era una de las cuestiones marcadas en la agenda pública
El salario medio de un joven en España es de 1.050 euros, una cifra preocupante en comparación al resto de países comunitarios. La descompensación entre salarios y precios de alquiler o compra es total.
En la película Dos o tres cosas que yo sé de ella (1967), el director francés Jean-Luc Godard impugna las políticas emprendidas por el ex general y, por aquel entonces, Presidente de la República Francesa, Charles de Gaulle. Godard, máximo exponente de la nouvelle vague, es especialmente crítico con el imperialismo occidental en enclaves repletos de tensión como Vietnam o Corea. Ya en la década de los bulliciosos sesenta, la vivienda era una de las cuestiones marcadas en la agenda pública. En el film, el difunto cineasta también se queja, además de las tendencias inflacionarias, del difícil acceso a la vivienda.
El escritor estadounidense Mark Twain decía que la historia no se repite, pero rima. Algunos problemas acaban por persistir. Si la nouvelle vague francesa rebatió un sistema inamovible, una nueva oleada de jóvenes grita por tener acceso a una vivienda digna. En la burbuja de seguridad y libertad europea, la cuestión habitacional hace peligrar los proyectos de vida de toda una generación. Una juventud que se enfrenta a ser eternamente joven por no poder emanciparse. Los datos son tétricos. El salario medio de un joven en España es de 1.050 euros, una cifra preocupante en comparación al resto de países comunitarios. La descompensación entre salarios y precios de alquiler o compra es total. El alquiler medio de tan solo una habitación es de 425 euros. Para acceder al alquiler de la totalidad de una vivienda un joven español debería destinar el 122% de su sueldo.
El Gobierno ha señalado en repetidas ocasiones que esta es la legislatura de la vivienda. Prueba de ello es la presencia de una Ministra de Vivienda sentada cada martes en La Moncloa durante el Consejo de Ministros. Sin embargo, las movilizaciones no cesan. Prácticamente se cuenta una manifestación cada semana. Sea en Madrid, Barcelona o Sevilla. También en Canarias, Málaga o Mallorca, donde interviene el fenómeno del turismo de masas, que pervierte el acceso de la vivienda en detrimento de los residentes. La nueva oleada es decidida y valiente. Formada y leída. Con empleos precarios y sin hogares dignos. La oleada que no quiere ser eternamente joven.

