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Intrahistoria F1: Abu Dhabi, el juez y verdugo de la Fórmula 1

El escenario donde nacen campeones, se rompen alianzas y el mundial se decide bajo los focos

En la Fórmula 1 hay circuitos que son escenarios y otros que son sentencias. Yas Marina pertenece a los segundos. Bajo las luces del desierto, entre hoteles que cambian de color y rectas interminables, Abu Dhabi ha ido construyendo una reputación insólita: ser el lugar donde se definen historias que marcan épocas. Aquí no solo se ganan carreras; aquí se coronan jóvenes prodigios, se desatan rivalidades internas y se reescriben campeonatos en una sola vuelta.

El nacimiento del campeón más joven

La noche del 14 de noviembre de 2010 comenzó como una final abierta y terminó como el prólogo de una era. Sebastian Vettel llegaba tercero en la clasificación general. Nadie tenía al alemán como favorito a llevarse el título; todos miraban a Fernando Alonso y a Mark Webber, pero Yas Marina siempre ha tenido debilidad por las sorpresas.

Vettel ganó la carrera con autoridad mientras el caos estratégico atrapaba a sus rivales en el tráfico. De repente, sin que casi nadie lo viera venir, aquel joven de 23 años se convirtió en el campeón del mundo más joven de la historia. Fue el punto de partida de la hegemonía de Red Bull y el momento en el que la F1 comprendió que el chico del dedo alzado estaba allí para quedarse.

Para Alonso, en cambio, aquella noche quedó marcada como una de las más dolorosas de su carrera. Llegó líder, con un margen que parecía suficiente, con un tercer título al alcance de la mano. Pero Yas Marina, inmune a las previsiones, lo empujó hacia un callejón sin salida estratégico que convirtió una coronación casi escrita en una derrota imposible de olvidar. Desde entonces, 2010 no solo es el inicio del reinado de Vettel: es también la herida que acompaña a Alonso cada vez que la Fórmula 1 regresa a Abu Dhabi.

La batalla final bajo las luces

Seis años después, el circuito volvió a ser un escenario de tensión absoluta. No había dos equipos luchando: había dos compañeros de garaje enfrentados por un título que llevaba cociéndose desde 2014.

Hamilton ganó la carrera. Lo hizo, además, a su manera: gestionando el ritmo, apretando y levantando, intentando incomodar a Rosberg en cada vuelta. Pero el alemán, frío como una mañana de invierno en Wiesbaden, no se inmutó. Su segundo puesto le bastó para ser campeón del mundo y para poner punto final a una historia que había marcado a toda una generación de aficionados.

Daniel Ricciardo, Nico Rosberg y Lewis Hamilton
Daniel Ricciardo, Nico Rosberg y Lewis Hamilton | Fuente: @F1 (X)

Nico Rosberg se bajó del coche con el título y, días después, anunció su retirada. La rivalidad más intensa de la era híbrida había encontrado su epílogo perfecto. Yas Marina actuó como juez, Hamilton como vencedor de la carrera, Rosberg como vencedor del mundo.

La última vuelta que cambió la historia

Y entonces llegó 2021. El final más polémico, más diseccionado, más debatido de la Fórmula 1 moderna. Lewis Hamilton y Max Verstappen igualados en puntos en la última carrera. Un campeonato que ya era histórico antes incluso de que se apagara el semáforo.

El resto es un relato que ya forma parte del imaginario colectivo: el coche de seguridad provocado por el accidente de Nicholas Latifi a falta de cinco vueltas, la gestión confusa de la FIA que tardaría meses en justificar, la decisión de permitir que solo algunos doblados recuperaran la vuelta, la resalida inesperada.

Max Verstappen, con neumáticos blandos nuevos, frente a un Lewis Hamilton que no pudo parar sin perder la posición. Una última vuelta que comenzó con Hamilton liderando y terminó con Verstappen lanzándose por el interior en la curva 5, aprovechando el agarre extra y la incertidumbre reglamentaria. El adelantamiento. El silencio atónito en Mercedes. La explosión emocional del muro de Red Bull.

Fue así como Verstappen levantó su primer título mundial. No fue solo un final polémico, sino que la resolución que se tomó todavía divide opiniones. Obligó a la FIA a revisar sus procedimientos, pero que, guste más o menos, ya pertenece a la historia grande del deporte. Abu Dhabi, otra vez, se convirtió en el escenario de un giro dramático que será citado durante décadas.

Un final que vuelve a tener sentido

Mientras Abu Dhabi enciende sus luces y el circuito empieza a teñirse de azul y oro, el campeonato llega a ese punto en el que las cuentas ya no se hacen con calculadora, sino con pulso. Tres pilotos, tres trayectorias distintas y un solo título en juego. Lando Norris aterriza en Yas Marina como líder, con una ventaja que no es cómoda, pero sí real: si sube al podio, el campeonato será suyo.

Comparativa entre los tres contendientes al titulo
Comparativa entre los tres contendientes al titulo | Fuente: @F1 (X)

Frente a él, Verstappen aparece como ese rival que nunca se descarta, capaz de convertir una carrera normal en un terremoto deportivo. Ha llegado a la última cita un paso por detrás, pero con la sensación de que aún le queda un golpe por dar. Y, a su lado, Oscar Piastri, paciente e incisivo, instalado en ese lugar donde los sueños se mezclan con las posibilidades matemáticas y la calma australiana convive con el hambre por un primer gran título.

Es un final extraño y hermoso, sin embargo, todo eso queda suspendido cuando el mundial viaja a Abu Dhabi. Allí, entre curvas anchas, rectas interminables y focos que no perdonan nada, basta un neumático mal calentado, una parada que dura una décima más de lo debido o un adelantamiento al límite para que la historia entera se incline hacia un lado o hacia otro.

Yas Marina puede que no siempre reparta títulos, pero siempre reparte historias. Historias que definen ciclos, que revelan caracteres, que ponen a prueba nervios, fiabilidad y valentía. La Fórmula 1 no sería la misma sin sus grandes escenarios. Y Yas Marina, entre luces, rascacielos y sombras del desierto, se ha ganado a pulso ser uno de ellos. Un circuito que no solo cierra temporadas, las decide.

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