La gala, que abrazó la autenticidad artística y la música en directo, escoltó el galardón al mejor disco nacional del año, colocando ‘Todas las cosas buenas’ y la música independiente por encima de Rosalía, Guitarricadelafuente o Amaia
Se respiraba intimidad desde todos los rincones de la especial y entrañable Sala Berlanga, en Madrid. La entrega de una nueva edición (y resolución final) de los Premios Ruido aguardaba por delante una noche brutal. Por encima de la expectación de conocer quién iba a ser el mejor álbum nacional, estaba el éxito de conseguir un buen homenaje a la creatividad, el arte o la virtud que rodean la música en directo. Una gala que estaba siendo transmitida en directo por un programa especial, El Resto es Ruido de Radio 3.
«El ganador se ha definido por solo 3 votos»
Sospechosos habituales, entre los 12 discos finalistas, y por ende, los múltiples artistas que pudieron acudir a la gala. Rufus T Firefly, el grupo indie liderado por Victor Cabezuelo y Julia Martín Maestro (esta no pudo estar presente en el evento), acudía nominado por cuarta ocasión. Fue, de hecho, la ecléctica y armoniosa Camina a través del fuego la canción tocada en vivo encomendada a poner los primeros acordes de la gala.

Después de afinar los oídos de la mejor manera, Sebas Alonso dedicó unas palabras iniciales antes de presentar a los álbumes finalistas. En una combinación a pares de un tono socarrón y cercano, pero también con sinceridad y orgullo, explicaba que “era la primera vez que más artistas nominados se habían logrado traer” y que “el ganador se había definido por 3 votos”.
El engranaje mecánico de la gala se basó en ir saltando de grupo o artista en grupo o artista para intercalar declaraciones. Unas de los mismos desarrollando su proyecto, otras con carácter retroactivo de presentación meramente informativa. “Si hemos dado en el clavo con este álbum ha sido sin quererlo”, comentaba Víctor Cabezuelo, el guitarra de Rufus T Firefly, primer grupo de todos los nominados en tomar micrófono. “Solemos hacer lo que nos da la gana, y eso gusta, y con este disco eso ha gustado”, cerraba.
La gala, el dinamismo de ver música en vivo y la convicción de rescatar su significado de fondo
La realidad es que tan solo seis de los 12 álbumes pudieron ser comentados por sus autores en la gala. Dicho dicho núcleo de nominados -por más o menos coincidencia, los que cuentan con mayor bagaje comercial o mainstream– no asistió o pudo asistir al lugar. Sin embargo, la atención no se desviaba de lo realmente importante a nivel trasfondo, la magia que impera en los Premios Ruido: que el pulso verdadero de la música esta en el afán de llegar a una comunión de sensaciones, dejando de una parte los cálculos de repercusión atados a la industria musical.
Y surfeando ese adepto, se fueron sucediendo también triunfantes actuaciones en directo, donde el protagonismo lo recogieron, además de los mencionados Rufus, la pareja Repion o la formación, shego. Las primeras se atrevieron con El sueño dura una semana y realizaron un llamamiento en lo alto del escenario: «Queremos una colaboración con Amaral». Su presencia no se quedó ahí, sino que la gran sorpresa que escondía el guion de la gala fue la unión de acordes entre Rufus y Repion, que colaboraron en uno de los momentos de la noche para interpretar Viernes (tema de Repion) y Canción de paz (tema de Rufus). Durante el turno de shego, pese a algunos problemas técnicos, salió en exclusiva un single que cambia una etapa al completo para Irene Garry, Raquel Cerro, Charlotte Augusteijn y Elena Sabio: amiamiga.
El cierre que ensalza un adepto
“¿Os habéis dado cuenta? No ha habido publicidad… aquí solo buena música”, ensalzaba la periodista Alex Gara, presentadora del evento, en una de las transiciones. Y es que uno de los motivos del éxito de los Premios Ruido es su declaración de intenciones. No perder la oportunidad de dar reconocimientos musicales sobre reivindicaciones. Todo ello, clave en su esencia, emancipándose de la solemnidad impostada y pomposa escenificación que siempre sugieren los encuentros forzados que invitan a ser las galas más tradicionales.

Antes de llegar al desenlace, estaba previsto que pudieran estar presentes los ganadores del Premio Ruido del año pasado, la banda Alcalá Norte, pero no pudieron tampoco acudir a la gala. Fue entonces cuando el veterano periodista Julio Ruiz premió al disco Todas las cosas buenas como campeón. 14 canciones en donde las texturas inmersivas y ese sonido entre psicodélico y emocional marcaba las pautas. El trabajo, que combina momentos introspectivos con pasajes más expansivos, batió a discos como Daisy (Rusowsky), LUX (Rosalía) o Si abro los ojos no es real (Amaia).

«Como es muy inesperado no se que decir”, hablaba emocionado Víctor Cabezuelo, «pero lo compartimos con Repion, ojala poder tocar juntos mas veces». Una idea deambulaba sobre la sala, y fue entonces cuando uno de los líderes de Rufus T Firefly decidió convertirla en emblema: «Se lo dedico a la gente que quiera hacer música con el corazón y no con la cartera”.
Los finalistas del XI Premio Ruido
- Amaia – Si abro los ojos no es real
- Carlos Ares – La boca del lobo
- Frente Abierto – Guerra a todo eso
- FUET! – Make It Happen
- Guitarricadelafuente – Spanish Leather
- Pumuky – No sueltes lo efímero
- Repion – 201
- Rosalía – LUX
- Rufus T. Firefly – Todas las cosas buenas
- rusowsky – DAISY
- shego – No lo volveré a hacer
- Valeria Castro – el cuerpo después de todo


