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Sara Barquinero: «El espacio de la amistad en entornos más masculinizados es muy violento entre mujeres»

La chica más lista que conozco, una incursión en el ámbito académico

La nueva novela de Sara Barquinero, de la mano de Lumen, una denuncia al abuso de poder en las universidades y la poca sororidad en las aulas como tratado filosófico.

Un mundo nuevo

En La chica más lista que conozco, Sara Barquinero cuenta la historia de Alicia, una chica que va a Madrid desde Valladolid a estudiar filosofía. Allí, descubre otro mundo. Un lugar de conocimiento, donde potenciar todas sus inquietudes, estudiar y saber todo sobre su pasión.

'La chica más lista que conozco' | Fuente: Penguin Random House (Lumen)
‘La chica más lista que conozco’ | Fuente: Penguin Random House (Lumen)

Sin embargo, Alicia no solo aprenderá académicamente. Aprenderá sobre la vida y conocerá cosas que sería mejor no conocer. El abuso de poder por parte de profesores, el sentirse especial porque alguien superior te ve como a un igual, el sentimiento de pertenencia a un lugar. Una denuncia en forma de novela a una realidad que todos sabemos que existe, pero nadie hace nada para evitarla.

La chica más lista que conozco

Pregunta: ¿Cómo y cuándo te surgió la idea de escribir La chica más lista que conozco?

Respuesta: Yo estaba haciendo el doctorado, primero con mucha ilusión, luego un poco amargada y al final odiando al universo un montón, y empecé a escribir algunos de los fragmentos que son más ensayísticos y ácidos.

Ya en ese momento pensé que eso podría ser una novela, pero lo retomé cuando ya había publicado Los Escorpiones y no sabía por dónde tirar. Me pareció que era donde más emoción podía tener, y que además era muy distinto a Los Escorpiones, así que no corría el riesgo de repetirme.

Alicia

P: ¿Quién es Alicia?

R: Cuando cree el personaje de Alicia, quería que resultase simpática a los lectores. Porque una de las críticas que me hacían en mis libros anteriores era «muy bien tu libro, pero todos tus protagonistas me caen mal».

Fue como «voy a intentar hacerla más simpática». No sé si lo conseguí. Pero el dibujo que me hice a mí misma para representar el personaje fue «cada vez que consigue algo, ya no le gusta». Desde esa insatisfacción la cree.

El mundo académico

P: En La chica más lista que conozco, entramos en el mundo universitario desde dentro, ¿qué nos querías enseñar o qué querías denunciar del interior del ámbito académico?

R: No sé si sería tu caso, pero lo que a mucha gente nos pasa es que, cuando eres más joven, piensas que la universidad es un templo de saber, donde te vas a realizar, donde vas a hacer las amistades para toda la vida… Sobre todo si ese momento no lo has tenido en el instituto. Entonces la universidad es tu espacio de sueño. Pero luego hay muchas decepciones.

Quería denunciar cómo se trata el conocimiento humanístico últimamente en las universidades en general como si fuera un producto científico, un producto reglado y burocratizado.

Quería hablar de las relaciones entre profesores y alumnas, y también quería, en cierto modo, mostrar la belleza que hay al aprender, que no fuese todo todo negativo. Que también el componente del deseo, sea deseo erótico o deseo de conocimiento, que ha estado siempre en la filosofía y que es muy bonito.

Abusos de poder

P: Dentro de este mundo, también nos enseñas la parte de ese poder que tienen los profesores hacia los alumnos, incluso también los abusos que se ejercen a veces hacia ellos. ¿Querías que La chica más lista que conozco fuera una especie de denuncia?

R: Sí. Me parece que no sé cómo seguimos consintiendo que esto suceda. No sé cuál será tu experiencia, pero yo en todas las universidades que he estado había chanchullos. Tenía muchas compañeras denunciando la misma situación.

Hay intentos de solucionarlo como las propias asociaciones feministas, que yo creo que es lo que más apoyo da, y unidades de igualdad, pero en general se queda ahí. Hay un libro de Sara Ahmed, que utilice mucho cuando escribía la novela, que se llama ¡Denuncia!, que retrata muy bien este mundo.

Lo que me parece flipante es que si yo le cuento a cualquier persona que esto sucede, nadie se sorprende, pero nadie hace nada para cambiarlo.

Nadie me ha dicho «¿en serio pasa esto?». Nadie. Todo el mundo dice «sí».

Sororidad en las aulas

P: También hablas de las asociaciones feministas dentro de la universidad, de la sororidad, de las amigas dentro del ámbito académico, pero también vemos como, por ejemplo, Alicia tiene esas amistades que vienen y se van, esa poca sororidad en la amistad en el mundo universitario. ¿Cómo quisiste enfocar este tema?

R: Me parecía que muchas veces, en la literatura reciente, se han hecho grandes alabanzas de la amistad femenina frente a las relaciones románticas heterosexuales. Lo entiendo porque sin nuestras amigas todo sería mucho peor.

Pero cada vez hay una perspectiva demasiado alegre y supongo que toda persona reconocerá lo que veo de que, muchas veces, el espacio de la amistad en entornos más masculinizados como la política, el pensamiento… es muy violento entre mujeres. Hay un montón de celos a veces. Es muy triste, pero muchos hombres hacen discutir a dos amigas o hacen que dos personas que no se conocen se odien, cuando en realidad la culpa es de él. Quería retratar eso.

Las amistades en entornos masculinizados

P: Hay una frase en el libro que me gustó mucho y me llamó la atención porque lo retratas tal cual, que es «La sororidad femenina no es algo que pueda darse por sentado en un contexto académico».

R: Es que es tal cual. Yo intento siempre luchar contra ese impulso que todo el mundo tenemos. Una amiga tuya, en teoría, se ha presentado a una beca y no te ha avisado que había una beca. Es que eso me parecía que también había que hablarlo. O, según en qué entornos, puñaladas traperas.

Aquí todo el mundo haciendo una tesis de Judith Batler y los afectos y ¿luego qué?

Ser de provincia

P: Hay algo que atraviesa todo el libro, pero sobre todo lo vemos al principio, que es el hecho de que Alicia es provinciana, de Valladolid, e intenta esconderlo. Sus compañeros ven el ser provinciano como algo menor, algo malo. ¿Cómo querías enfocarlo?

R: No sé si se trata tanto de ser de provincias o no, pero siento que algunas personas que hemos accedido al capital cultural más tarde, o primero desde la soledad de tu casa y luego en un espacio en el que la gente lee los mismos libros que tú, no se habla mucho de cómo a veces hay una sensación de impostura, de no saber cómo moverte. Que tampoco es culpa de esa gente.

Hay gente que viene de entornos que ya existe ese capital cultural y sabe manejarse perfectamente. Conoce muchas referencias, lo sabe todo y se siente muy segura de sí misma, pero hay gente que llegamos y nos sentimos en bragas. Y no tenemos estrategias. Esto se habla muy poco. No se habla de que mucha gente que tiene un papel en la cultura, en la política, viene de una tradición de gente que ya lo ha hecho.

Un tratado filosófico

P: Es muy interesante también la estructura. Hay una hipótesis, una demostración, una observación, como si fuera un tratado filosófico.

R: Primero iba a ser más ácida la novela. Pero pensé, para empezar todo el mundo no conoce el mundo académico, entonces tengo que mostrarlo desde unos ojos que lo van descubriendo a la vez que el lector.

También quería mostrar la fascinación, la inocencia, sino me habría salido una novela más amargada. Alguien que ya está de vuelta de todo, contándote lo mal que está todo. Que hay novelas así que son estupendas. Leí una de Ferrari, que se llama Se acabó el recreo, que tiene esa óptica y mola también. Pero yo quería algo distinto.

Pero claro, si iba con Alicia todo el rato no podía ser tan cínica porque es una chavala de 18 o 19 años. Entonces dije es mi novela, hago lo que quiero, la parto en dos. Y luego, a la estructura, he tratado de ironizar un poco con el mundo académico.

Una realidad común

P: ¿Hasta qué punto es ficción y hasta qué punto no? ¿Has metido detalles de tu vida?

R: Me he inventado todo el montaje. Yo no he vivido las mismas cosas que Alicia. No todo esto es inventado, pero hay muchos fragmentos sueltos que están en otro orden, en otra situación o concatenados de otra manera, que eso son cosas que han visto estos ojitos y que no se van a olvidar de ello.

El proceso creativo

P: ¿Cómo ha sido el proceso creativo de La chica más lista que conozco? ¿Ha sido diferente a Los Escorpiones?

R: Sí. Precisamente por hablar de estas cosas que no se hablan como las condiciones materiales, yo cuando escribí Los Escorpiones era estudiante o trabajaba en el doctorado o trabajaba de correctora o estaba en paro. Pasaron muchas cosas por ahí. Y tampoco había publicado en gran parte del proceso, entonces había más inseguridad en muchos sentidos.

Aquí súper bien, la verdad. No vivo exactamente de la escritura, pero vivo de cosas muy relacionadas con la escritura y que me quitan mucho menos tiempo que mis trabajos anteriores. Me dieron una beca para escribirlo, entonces a nivel material muchísimo mejor.

De hecho, la he acabado súper rápido, y en parte ha sido porque podía tomármelo como un trabajo. Sí que han cambiado mucho mis lecturas y a la gente que quería imitar, pero al final soy cuadriculada en la escritura. Entonces más o menos a nivel de proceso parecido. Pienso mucho antes de ponerme a escribir para que luego salga un poco del tiro.

Composición de los personajes

P: ¿Cómo ha sido la creación de todos estos personajes? Porque cada uno tiene una personalidad y una psicología muy propia.

R: Muy fácil. Hay típicos personajes de Facultad de Humanidades y típicos profesores de Humanidades. Lo que hacía era componer. Por ejemplo, Daniel es el típico chico con guitarra, de izquierdas, que se hace el intelectual. Todas conocemos a millones. He abstraído a todos los que conozco hasta crear un tipo. Así un poco con todos.

P: ¿Cómo decidiste este título?

R: El título me vino enseguida. Porque muchas veces hablando con amigas o en una asociación feminista en la que estuve de cómo nos seducen los hombres a través de alabar nuestra inteligencia, nuestra valía.

Al menos por el tipo de persona que somos, estudiantes de Humanidades, que alguien nos diga «eres la chica más guapa que conozco» la verdad que no me engañan, sé que me están regalando la oreja. No tiene el mismo efecto sobre mí.

Pero cuando un hombre, que tiene cierto poder, cierto intelectual, dice que eres la chica más lista que ha conocido nunca, aunque aún seas muy joven, hay algo de ti que quiere creerlo. Entonces lo tuve superclaro.

Referencias e influencias

P: Durante toda la novela vemos un montón de influencias, incluso tenemos al final una bibliografía. Pero, ¿cuáles han sido algunas de tus mayores influencias o en las que más te has inspirado para esta novela?

R: Para la cuestión de las denuncias de abuso sexual o de acoso en la universidad, un libro que se llama ¡Denuncia! de Sara Ahmed. Es tal cual. Fue triste porque leyendo el libro, aunque anoté muchas cosas, no aprendí nada nuevo. Lo que hice fue reconocer cosas que yo ya había visto. Pero bueno, me ha ayudado mucho a centrar la cabeza.

Para hablar de esta experiencia del provincianismo, de Didier Eribon, Regreso a Reims. Para la forma de la novela, El libro y la hermandad de Iris Murdoch y La trama nupcial de Eugenides.

Para crear una protagonista que fuese un poco gris, porque Alicia a veces sigue un poco al profesor, un libro que se llama Mi educación de Susan Choi. A nivel de filosofía, sobre todo Sartre es lo que más trabajé y me vi obligada a meterme un poco en Platón. Pero lo que más tiempo le dediqué fue a Sartre.

Reconciliación con la filosofía

P: ¿Sabes qué va a ser lo siguiente? ¿Tienes algún proyecto o estás escribiendo algo?

R: No sé. Este libro me ha ayudado a reconciliarme con la filosofía que, después de entregar la tesis, no me apetecía mucho seguir por ahí. Entonces me planteo si probar el ensayo. Pero de esto no hay nada escrito todavía, pero algo me dice que quizá me apetece probar el ensayo. Todavía no sé de qué ni nada, pero quizá por ahí.

Una denuncia

P: ¿Qué quieres que los lectores se lleven cuando lean La chica más lista que conozco?

R: Depende del lector. Siento que gran parte de esos lectores y lectoras van a sentirse identificados. Para bien o para mal. Para en sus malos momentos, haberse sentido reflejados, o también para reírse. A mí me gustaría que la gente se riera un poco leyendo el libro.

Para la gente que quizá le resulte más ajeno este mundo, que sirva un poco de denuncia de una realidad que todos sospechamos que existe, pero de la que quizá no se sabe tanto.

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