La reportera ha logrado más que un simple espacio en Ni que fuéramos Shhh convirtiéndose en una de las sensaciones del programa
Durante esta semana, Marta Riesco ha vuelto a demostrar por qué su lugar siempre ha estado en los programas creados por Óscar Cornejo y Adrián Madrid. Además de su carisma y profesionalidad, su capacidad para conectar con la audiencia ha sido clave en su ascenso como personaje televisivo.
A Todo Riesco
Hace ocho meses, Marta regresó a nuestras pantallas como una de las reporteras de Ni que fuéramos, y cada día, con sus alocadas misiones, ha conseguido devolvernos el surrealismo a la televisión.
Lo vivido ayer fue un ejemplo perfecto de ese gamberrismo que los espectadores esperan. Tras estar durante horas en la puerta del despacho de Díaz-Patón, pareja de Agatha Ruiz de la Prada, debido a las desafortunadas declaraciones que hizo sobre la polémica de la diseñadora, Patón salió visiblemente enfadado y hablando por teléfono, pidiendo que le dejaran tranquilo. Pocos minutos después, comenzó lo que para todos se convirtió en uno de los momentos más surrealista vivido en televisión en estos meses.
Cruz y Raya
La reportera lo siguió hasta el garaje, y el abogado respondió a todas las preguntas que se le hacían mediante mímica. Las únicas palabras que logró sacar de él fueron que su héroe era el cómico José Mota. Mientras él buscaba su coche, Marta se preparó para realizar una persecución en el vehículo de producción del programa. Sin embargo, para sorpresa de todos los espectadores, Patón salió a pie, cargado de varias bolsas.
Un trayecto interminable
Durante más de diez minutos, Riesco siguió a Patón hasta una parada de autobús, donde él continuó respondiendo a sus preguntas con gestos. Al llegar a la parada, Patón pensó que podría dejar atrás a Marta, pero no se esperaba que ella se subiera detrás de él, dejando unas imágenes ya icónicas para la televisión.

No para, no para, no para
Eso debió pensar Díaz- Patón al ver que ni Marta Riesco ni su cámara se bajaban del trayecto, dispuestos a seguirlo hasta su destino. Patón ya más participativo, incluso se ofreció a bailar con la reportera y dejó una recomendación de lectura para los espectadores.

Casi al término del programa, el abogado y Riesco bajaron del autobús, con Atocha como posible destino. Sin embargo, tras los largos minutos de persecución, Marta decidió dejar que el abogado continuara solo su camino. Y así, entre risas y situaciones inesperadas, Marta Riesco se ha consagrado como la reportera que, Ni que fuéramos a dudar de su talento, siempre deja huella en cada emisión.

