La exposición Desenfocado. Otra visión del arte, reflexiona sobre el valor de la estética de lo borroso en pintura y fotografía, y se podrá visitar en CaixaForum hasta el 12 de abril
León Battista Alberti, uno de los arquitectos más importantes del Renacimiento italiano, decía que el arte tenía que ser como una ventana por la que asomarse. En su tratado De la Pintura (1485) señalaba que el arte debía ser capaz de captar la realidad de forma fiel. Pero, ¿qué sucede cuando la realidad que refleja no es nítida ni definida? ¿Cuando la mirada pasa de lo concreto, a lo ambiguo y desenfocado?
Esta idea es la que trata de recuperar la exposición Desenfocado. Otra visión del arte, organizada por el Musée l’Orangerie de París junto a Fundación la Caixa. Con más de 70 obras pertenecientes a artistas como Mark Rothko, Yves Klein y Gerhard Richter, la exposición pone en valor el desenfoque en la estética artística, que encuentra en el siglo XIX y XX su máxima expresión.

Aunque el desenfoque suele asociarse al arte contemporáneo, sus raíces se rastrean mucho antes. Desde el Renacimiento al Impresionismo, pasando por la fotografía, muchos artistas adelantaron estos principios, que comenzaron a generalizarse a partir de la Segunda Guerra Mundial. La exposición se centra en este período convulso e inestable, pero también abierto a la experimentación, que permitió a los artistas explorar el desenfoque en sus obras.

Está organizada en cinco espacios a través de cuadros, fotografías, vídeos e instalaciones de 55 artistas. Realiza un breve recorrido por los orígenes del desenfoque artístico, pasando por las nuevas técnicas de las primeras décadas del siglo XX. El ecuador de la exposición se centra en obras posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando el desenfoque pasó a ser un ejercicio de memoria y testimonio. Los últimos dos espacios recogen obras más cercanas en el tiempo y reflexionan sobre cómo el mundo, la realidad, la identidad y la memoria son conceptos difíciles de captar.
Los orígenes del desenfoque
El desenfoque en arte está muy asociado a la intención de los autores en sus obras, y su historia es más antigua de lo que parece. Se trata de un recurso visual que consiste en la pérdida de nitidez de los contornos, formas y detalles de una imagen. Ha sido utilizado por artistas de diferentes disciplinas como herramienta expresiva, técnica para conseguir profundidad o como elemento simbólico en el cuadro. El salto consistió en pasar de reflejar la realidad tal como era a partir de la definición de las figuras, a priorizar efectos visuales y simbólicos.

En la pintura del Renacimiento, artistas como Leonardo Da Vinci utilizaron la técnica del sfumato como ejercicio de desenfoque. Esta se conseguía aplicando varias capas de pintura muy finas, unas sobre otras, hasta llegar a la disolución de la figura. En la Gioconda, se advierte cómo el sfumato fue utilizado para simular el alcance de la vista humana en el paisaje y conseguir realismo en el rostro de la protagonista. Dentro del panorama español, Velázquez también era conocido por “pintar el aire” y rostros borrosos de personajes cortesanos como forma de enfatizar los recursos visuales del cuadro.
Sin embargo, no fue hasta el siglo XVII cuando se empezó a hablar del desenfoque artístico, el flou francés, popularizado por el cronista André Félibien. El nacimiento de la fotografía también tuvo su impacto, ya que sustituyó la misión artística de reflejar la realidad, y permitió explorar lo borroso en las imágenes.
Sin embargo, el paso decisivo se realizó con las aportaciones del Impresionismo y Posimpresionismo, a finales del siglo XIX. Los pintores comenzaron a preocuparse por el uso de la luz y el color frente al realismo. En este contexto, Claude Monet inició con su serie Los nenúfares la tendencia de emplear lo impreciso como elemento expresivo. Este fenómeno marcó un antes y un después, adelantando el trabajo de muchos pintores posteriores.

La intención de lo borroso
A partir de los nenúfares de Monet, los pintores contemporáneos comenzaron a emplear el desenfoque de manera consciente y conceptual. Si bien en siglos anteriores se había utilizado como forma de expresión o parte de la técnica, los artistas pasaron a emplearlo para hablar de temas como la memoria, la identidad o el paso del tiempo. Lo borroso se convirtió entonces en una metáfora visual de lo incompleto y lo ambiguo.
A principios de siglo XX y gracias a los avances científicos, se descubrieron nuevas formas de observar la realidad, como los rayos X, el microscopio o el telescopio. Las imágenes obtenidas por estos medios se convirtieron en una inspiración para los artistas, que experimentaron con aquello que no se percibe a simple vista.

Las ilusiones ópticas se popularizaron durante estas décadas.Obras como las de Vincent Dulom juegan con la disolución de las formas y contornos para crear halos de color. En muchas ocasiones, estas técnicas se utilizaron para crear representaciones de sueños, paisajes y superficies borrosas, tal como hicieron Mark Rothko y Hans Hartung.


Después de la Segunda Guerra Mundial, la metáfora del desenfoque se volcó sobre la memoria y el recuerdo del conflicto. Ante un periodo de inestabilidad y crisis, lo borroso se utilizó en arte como una estrategia para expresar el horror de lo vivido, por ejemplo, en los campos de concentración. La vaguedad artística fue en este periodo un ejercicio de memoria, olvido y testimonio, y adquirió una dimensión política a la que muchos artistas recurrieron.
La modernización de la fotografía llevó la estética del desenfoque a otro nivel, ya que pasó de ser visto como un fallo de técnica a un recurso estético. A menudo, fue utilizado por los artistas para para sugerir movimiento, subjetividad e identidad. Estos avances adelantaron la imposibilidad de captar la realidad de forma objetiva, al estar condicionada por el artista que lo crea y el ojo que lo admira.
En obras más contemporáneas, el desenfoque permite que el espectador participe en la interpretación de la obra y recurra a los sentimientos, recuerdos e imaginación para completarla. A partir del desenfoque, el artista invita al espectador a adoptar otra mirada para completar lo que no está claramente definido.

A través del desenfoque, los artistas han buscado revelar lo que está dentro de cada espectador, pero que una imagen nítida oculta. La relectura de lo borroso y ambiguo en el arte permite romper y fracturar la mirada artística tradicional para acercarse a una más simbólica. Se demuestra que, más allá de la ventana de Alberti, existen más cosas que el arte debe reflejar.

