Queridos machitos. Bueno, queridos no. Más bien temidos. Opresores. Machistas. Maltratadores. Violadores. Esto va para vosotros:
Una niña. Una joven. Una mujer. Cuando es maltratada, se transforma en roca. El problema es que tú, el Macho, tienes el poder de manejar esa roca. Posees la capacidad de arañar, pisar y golpearla. En el instante preciso en el que comienza una interacción depredadora, el carácter de la víctima comienza a transformarse. El material que parecía moldeable, inocente, se reseca, se torna infranqueable. Ella misma crea una capa aislante a su alrededor, estéril, sin posibilidad de reproducir emociones. De la arcilla blanda surge un mineral indestructible, plagado de salientes y rugosidades.
En ese entonces ya es incapaz de sentir. Las cosas que le hacían daño pierden su importancia y las que le hacían feliz, también. Ese metamorfismo arrastra consigo el sufrimiento y deja atrás el amor. Esa niña, esa joven, esa mujer de corazón dulce va deshaciendo los lazos que la unen a las personas. No quiere. No ama.
Los días son rutina y se refugia en sustancias que la alejan de la realidad. Mientras, por dentro está cada día más rota, cada instante más vacía…
Cuando una chica es maltratada, experimenta un sentimiento quizás desconocido hasta el momento, la necesidad irresoluble de borrar el pasado, recuperar la inocencia mental y física.
Hace mucho tiempo que la mirada perdida, el pulso acelerado y la respiración entrecortada han dejado de ser síntomas de amor. Ahora se traducen en incomprensión, ella busca el “por qué”. El “cómo”.
El comentario sobre las “denuncias falsas” se ha vuelto obsoleto. No solo debido a las cifras oficiales, sino al hecho de que casi todas nosotras hemos sufrido, o conocemos a alguien que ha sufrido las consecuencias de este modelo social machista. Pregúntanos. Pregúntate. Cómo es posible que todas conozcamos víctimas y ninguno conozca agresores. Y no preguntes cuántas, pregunta por qué.
Porque todas sabemos cosas que callamos, cosas que fragmentan el relato de nuestras vidas, mientras vosotros hacéis de nuestros cuerpos objetos y de nuestras opiniones corrientes inaudibles de viento.
Querido macho, temidos machos, siento deciros que traigo malas noticias para vosotros. Vuestro maltrato conlleva la unión. Una feminista. Cada vez más fuerte, alta y, sobre todo, más libre.
No consentiremos ni una más.
Porque no queremos ser ni una menos.

