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Las claves para comprender las elecciones alemanas

Las elecciones alemanas se celebrarán este domingo en un contexto de agitación económica, social y política

La economía alemana no atraviesa por su mejor momento. La preocupación por los potenciales aranceles del presidente Donald Trump sobre productos de la Unión Europea es muy real en un país que, junto a China y los Estados Unidos, es uno de los tres grandes exportadores del planeta. Esto se suma a que la fuerza de trabajo industrial en Alemania ha caído progresivamente. La mano de obra industrial se ha desplomado de un 40% en 1990 a tan solo un 27% hoy. Por ello, el maltrecho sistema industrial alemán ha provocado un receso en la eurozona.

Alemania se encuentra en un contexto social en el que, una generación después de la reunificación, la profunda división en la sociedad perdura. Ateniéndonos a las elecciones del Parlamento Europeo de 2024, el partido de ultraderecha Alternative für Deutschland (AfD) fue votado como la primera fuerza política en Alemania oriental, con un 29,7% de los votos y cuarta en la Alemania occidental con un 13%. Ya en las elecciones federales de 2021 la AfD obtuvo resultados positivos.

Intención de voto en las generales alemanas. | Fuente: Forsa Institute for Social Research and Statistical Analysis

La irrupción de la AfD en el panorama político pone de manifiesto el quebradizo panorama político por el que atraviesa el Estado germano. Esto se evidenció de igual manera con la implosión del gobierno de coalición “semáforo” de Socialdemócratas (SDP), el Partido Liberal (FDP) y los Verdes el pasado mes de noviembre.

Entre esta agitación y división, hay un asunto que se ha puesto en el foco de todos los partidos alemanes de izquierda a derecha: la inmigración. Según una encuesta reciente de Tagesschau, la mayoría de los alemanes coincide en querer que su país acoja a menos refugiados, aunque preferirían que la medida viniese directamente de la UE.

La inmigración como tema central de la campaña

Para Friderich Merz, líder del partido de la oposición, Unión Demócrata Cristiana (CDU), y candidato favorito para convertirse en el nuevo canciller, el sistema social de bienestar del país ha actuado como un “factor motivador” para la llegada de inmigrantes. Merz ha desarrollado un plan de cinco puntos para la migración. En él, se compromete a endurecer la ley de asilo alemana. Aunque de hacerlo supondría una violación de las leyes de asilo tanto de Alemania como de la UE y la normativa de las Naciones Unidas.

Merz ha sido acusado además, de romper con el “cordón sanitario” impuesto a la AfD y de retroceder sobre su propia posición al aceptar votos de la AfD para presentar estas medidas antinmigración. A pesar de que el texto fue finalmente rechazado en el Bundestag, la estrategia de Merz ha sido profundamente criticada, incluso por su predecesora Angela Merkel.

Merz ha defendido su posición asegurando que el sistema de inmigración y asilo de la UE es disfuncional e insiste en la violencia cometida por los «beneficiados» de este sistema. Esto se produce en un momento de tensión migratoria en Alemania tras los apuñalamientos en Baviera el pasado enero o el atropello masivo de un vehículo en Múnich que dejó al menos 30 heridos. La CDU insiste en que la frontera debe volver a estar vigilada y que todas las llegadas irregulares deben ser devueltas. Esto supondría una congelación de las admisiones, lo que va en contra del Tratado Schengen.

Una política migratoria importada de Europa

El plan de Merz está profundamente inspirado en uno similar de Mette Frideriksen, primera ministra de Dinamarca. Con su política de asilo cero y su dura política ante la inmigración ha incluido recortes en las prestaciones y ha intensificado las deportaciones. Dinamarca se ha convertido en el modelo de los lideres europeos que buscan el cierre de sus fronteras y que pretenden emular.

Los diferentes partidos que se presentan a las elecciones tienen sus propias visiones respecto sobre inmigración. Por su parte, los socialdemócratas, partido del actual canciller, Olaf Scholz, reniegan de las políticas de cierres de fronteras y las denegaciones de permisos de asilo que propone el modelo danés de Frideriksen que pretende imponer Merz. Los verdes también se muestran en contra de un cierre permanente de fronteras y han reivindicado el derecho de las personas a solicitar asilo. El partido a la izquierda de los socialistas, Die Linke, asegura que el sistema danés es “inadmisible”.

En los partidos de la derecha las propuestas son algo más contundentes contra la inmigración. Los liberales apoyan la propuesta de denegar asilo, mientras que la AfD sugiere saltarse la burocracia europea y apostar directamente a la policía federal alemana en las fronteras.

El declive del sistema económico alemán

Además de la inmigración, la economía es una de las protagonistas en esta campaña y se sitúa como uno de los factores que más preocupa al electorado. En los últimos años, Alemania ha pasado de ser la potencia económica europea a el “hombre enfermo” del continente. La situación es compleja en un país que depende de su industria y las exportaciones mucho más que otras grandes economías.

Durante el gobierno del canciller Gerhard Schroeder (2002-2005), Alemania vivió un periodo de reformas laborales. Gracias a ello, se contribuyó a la caída del desempleo y aumento el nivel de vida de los trabajadores. Con la estabilidad económica, el país germano encontró refugio en un modelo económico basado en la actividad industrial, estableciéndose como un líder en el mercado automovilístico.

Esta economía de corte industrial alimentó la demanda de energía asequible importada desde Rusia. Con la seguridad de la energía rusa, Angela Merkel decidió acabar con la energía nuclear del país tras el desastre de Fukushima de 2011. En 2021, un año antes de la invasión rusa de Ucrania, Alemania importaba de Rusia un 32% de gas, un 34% de crudo y un 53% de carbón.

Para 2022, los alemanes se habían vuelto dependientes de la energía rusa, por lo que, en 2022, el precio del gas aumento en un 111%. En 2023, con el cierre de la última planta nuclear del país, el gas alcanzo una subida de un 165% con respecto a 2019.

El aumento de los precios en la energía ha hecho que la industria alemana no pueda ser competitiva. Durante 2023, hubo una caída de un 20% en la producción en sectores que requerían una gran demanda de energía. La crisis energética ha exacerbado una caída en la producción que asola a Alemania desde 2017.

La dependencia de las exportaciones

Sin duda, el talón de Aquiles de la economía alemana son las exportaciones, sobre todo a China. A pesar de que el país europeo se ha beneficiado enormemente de las exportaciones a los chinos, el país asiático está pasando de ser un consumidor a un competidor.

Durante la década de 2010, los grandes grupos automovilísticos alemanes obtuvieron enormes beneficios. Durante esos años, el mercado chino producía muebles y productos electrónicos que no podían competir con los alemanes. Los años siguientes, China comenzó a producir los mismo que los alemanes.

Las importaciones de vehículos de fabricación china a la UE están perjudicando seriamente a la industria líder de Alemania. Según la revista TIME, en 2024, China exportó 5 millones de vehículos, mientras que Alemania tan solo exporto 1.2 millones. Se estima que la capacidad de producción automovilística china es de unos 50 millones de vehículos anuales. Si China mantiene su producción podría satisfacer la mitad de la demanda mundial.

Mientras que Estados Unidos y China han pasado los últimos años invirtiendo en innovación y desarrollo, Alemania se ha centrado en tratar de rescatar su industria manufacturera. El país se ha convertido en “anciano” que trata de adaptarse a la era digital. La precarización digital en el país se evidencia con la falta de inversión en fibra óptica. En Alemania, tan solo el 11.2% del internet del país funciona con fibra óptica.

La cuestión de la ultraderecha

En los mítines de campaña de la AfD se han podido escuchar estos meses como los militantes coreaban “Alice fuer Deutschland” (Alice por Alemania), haciendo referencia a la líder del partido Alice Weidel. Para algunos, estos canticos resultan ofensivos; la prensa alemana ha subrayado como estos canticos recuerdan al “Alles fuer Deutschland” (Todo para Alemania), un eslogan de la era nazi que los seguidores de Hitler entonaban y que, han ocasionado una condena al miembro de la AfD Bjoren Hoecke.

La líder de AfD, Alice Weidel, junto al Primer Ministro húngaro, Viktor Orbán. | Fuente: @alice.weidel
(Instagram)

La AfD se ha establecido como uno de los principales partidos con cerca de un 21% de los votos. En Alemania, existe un consenso para implantar un «cordón sanitario» en torno a partidos de extrema derecha por el estigma que genera sobre su pasado Nazi.

Los asientos que se prevé que la AfD ocupe en el Bundestag pueden complicar la formación de gobierno a Merz si se decide mantener el cordón sanitario. Las elecciones pueden resultar en una coalición tensa de los conservadores con los socialdemócratas, similar a la del último mandato de Merkel en 2017.

Los retos de un posible gobierno de Merz

Si Merz consigue hacerse con el cargo de canciller, existe una posibilidad de que se debilite el cordón sanitario a la AfD, lo que podría ayudar a la normalización de sus medidas. Nos hallamos ante un periodo en el que las normas establecidas están siendo cuestionadas y transgredidas. Trasladando esto al contexto del oscuro pasado alemán, esta situación puede desenvolver en un peligroso resultado.

Los roces de Merz con la AfD pueden acarrear otros retos complicados. Las declaraciones del vicepresidente de los Estados Unidos, JD Vance, durante la Conferencia de Seguridad de Múnich sobre Ucrania han puesto en alerta a los líderes europeos. La posición europeísta de Merz sitúa al candidato al frente de cualquier posible acuerdo entre Rusia y Ucrania.

Muchos miembros de la clase trabajadora alemana, en especial en la Alemania oriental, están profundamente insatisfechos con lo que consideran una «perdida de dinero» en el apoyo alemán a Ucrania. Después de Estados Unidos, Alemania es el país que más apoyo militar envía a Ucrania. La AfD propone reducir la ayuda militar a Zelensky y presiona a Kiev para llegar a un acuerdo con Moscú. Esto acorrala a Merz, quien tendrá que buscar un balance entre las expectativas internacionales y las presiones domésticas.

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