Después del anuncio de alto el fuego, aún quedan preguntas por responder
Llegó, bombardeó y puso fin a la guerra −o eso es lo que el presidente Donald Trump quiere hacer creer al mundo. Dos días después de que una flota de bombarderos furtivos atacara las instalaciones nucleares iraníes, Trump anunció un alto el fuego “total y completo” en la guerra entre Israel e Irán. “Me gustaría felicitar a ambos países, Israel e Irán, por tener la resistencia, el coraje y la inteligencia para poner fin a lo que debería llamarse la guerra de los 12 días”, escribió en Truth Social.
Mientras subían las acciones y bajaban los precios del petróleo, el ministro de Asuntos Exteriores iraní dijo que no había un acuerdo formal, pero afirmó que Irán pararía si Israel lo hacía y se refirió a la guerra en pasado. “Las operaciones militares de nuestras poderosas Fuerzas Armadas para castigar a Israel por su agresión continuaron hasta el último minuto”, publicó en X. Según los informes, Trump había conseguido primero que Israel aceptara el alto el fuego y luego había enviado la propuesta a Irán a través de intermediarios cataríes. Trump dijo que Irán detendría las hostilidades en primer lugar, seguido de Israel 12 horas después. Ambas partes “mantendrán la paz y el respeto”, explicó. Más tarde declaró a NBC News que esperaba que el alto el fuego durara “para siempre”.
Intervención y represalias
El anuncio es el último de una serie de giros sorprendentes desde que Israel lanzó un ataque sorpresa contra Irán el 13 de junio. Aviones y células de inteligencia israelíes arrasaron muchas de las defensas aéreas de Irán, asesinaron a científicos y generales nucleares y empezaron a destruir un programa nuclear muy disperso que había llevado a Irán al umbral de la adquisición de bombas nucleares. Estados Unidos intervino el 22 de junio con la “Operación Martillo de Medianoche”. Los bombarderos B-2 volaron en una misión de 37 horas desde Missouri para lanzar 14 bombas GBU-57 “Massive Ordnance Penetrator” (MOP) sobre las instalaciones de enriquecimiento de uranio de Natanz y, especialmente, de Fordow. Unos 30 misiles de crucero Tomahawks lanzados desde submarinos alcanzaron también un complejo de instalaciones nucleares en Isfahan.
Irán respondió al día siguiente con represalias simbólicas, disparando 14 misiles -uno por cada MOP estadounidense- contra la base aérea estadounidense de al-Udeid, en Qatar. Todos menos uno fueron interceptados y, gracias a la alerta temprana de Irán, nadie resultó herido», publicó el presidente. Dos horas después proclamó el alto el fuego.
J.D. Vance −el vicepresidente, que estaba hablando en Fox News cuando el Trump hizo el anuncio− dijo que la incursión estadounidense había cumplido sus objetivos. “Sabemos que no pueden construir un arma nuclear”. El stock de uranio enriquecido de Irán probablemente había sido enterrado en los ataques, afirmó.
El futuro de Oriente Medio
Tres preguntas se ciernen ahora sobre la región: ¿podrá mantenerse el alto el fuego?, ¿se alcanzará un acuerdo diplomático de seguimiento para restringir el programa nuclear iraní? y ¿se estabilizará Oriente Medio tras la guerra?
Empecemos por el alto el fuego. Ni Israel ni Irán han confirmado formalmente el cese de las hostilidades, pero ambos tienen buenas razones para dejar de luchar. El régimen teocrático iraní lleva mucho tiempo cantando “Muerte a Estados Unidos”, pero durante décadas ha tratado de evitar un enfrentamiento directo con la superpotencia, prefiriendo en su lugar recurrir a milicias interpuestas y a la diplomacia ocasional. Es impopular en su país, sus fuerzas armadas parecen impotentes frente a Israel y sus aliados en toda la región se han debilitado. Con la entrada de Estados Unidos en la guerra, puede que Irán prefiera ahora lamerse las heridas.
En cuanto a Israel, es poco probable que Benjamin Netanyahu, el primer ministro, desafíe a Trump después de aclamar su histórica intervención militar. Además, fuentes militares israelíes consideran que han destruido casi todos los objetivos de su lista. De hecho, algunos sugirieron que Israel podría declarar la victoria y dejar de atacar a Irán, incluso sin un alto el fuego formal. Netanyahu puede pensar ahora que ha logrado una victoria que define su legado contra el archienemigo de Israel. Trump, por su parte, no querrá que la guerra se alargue, después de haber asegurado a los estadounidenses que no los estaba metiendo en otra “guerra eterna” después de las de Irak y Afganistán, que ha denunciado durante mucho tiempo.

El programa nuclear iraní
Sobre el programa nuclear, Irán no desaprenderá la tecnología que domina. Humillado y resentido, el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, aún podría decidir que su régimen necesita armas nucleares para sobrevivir. Aunque la mayoría de sus instalaciones hayan sido destruidas, el programa podría reanudarse en secreto. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) dice desconocer el paradero de las existencias oficiales iraníes de 400 kg de uranio altamente enriquecido (UME), concentrado al 60% de pureza. Si Irán tiene centrifugadoras de enriquecimiento ocultas, podría fabricar material fisible apto para armas (normalmente del 90%) con relativa rapidez. Eso bastaría para diez bombas.
Un acuerdo nuclear firmado por el presidente Barack Obama en 2015 permitió a Irán un programa de enriquecimiento limitado, bajo inspecciones internacionales. Su objetivo era mantenerlo a un año de poder fabricar una bomba de material fisible. Trump derogó el acuerdo en su primer mandato y, en vísperas del ataque de Israel, se calculaba que Irán estaba a días o semanas de conseguirlo. El temor se acentuó por los informes de inteligencia de que había comenzado a trabajar para acelerar el proceso de fabricación de una ojiva nuclear que quepa en un misil.
En las últimas negociaciones con Irán, Trump ha exigido algo más cercano al “enriquecimiento cero”. Su enviado especial, Steve Witkoff, propuso un acuerdo para salvar las apariencias que permitiría a Irán enriquecer uranio como parte de un consorcio regional fuera del país. No está claro si ese acuerdo sigue sobre la mesa o si Israel o Irán lo aceptarían.
Estabilidad a largo plazo
Por último está la cuestión más amplia de la estabilidad regional, y si puede establecerse mientras los mullahs revolucionarios sigan en el poder en Teherán. Si Israel detecta un programa nuclear clandestino, se sentirá obligado a regresar, con o sin ayuda estadounidense. También querrá que se limiten las armas convencionales de Irán y su apoyo a las milicias, después de más de un año de lucha contra los aliados y apoderados del régimen, y de rechazar los misiles de Irán, Líbano y Yemen.
Algunos en Israel y Estados Unidos piensan que la calma sólo puede garantizarse en última instancia con la caída de Jamenei. El 23 de junio, Israel intentó socavar los instrumentos de represión del régimen bombardeando la célebre prisión de Evin y el cuartel general de la milicia Basij, que ha reprimido las protestas contra el régimen. Los iraníes no hicieron caso de los llamamientos de Israel para que se alzaran contra los envejecidos mullahs. Eso siempre fue fantasioso mientras caían las bombas. Pero si los combates terminan, y los iraníes empiezan a contar el coste de los errores de los ayatolás, aún podría haber una reacción violenta. Hasta entonces, Israel y sus aliados árabes querrán que Estados Unidos siga garantizando la seguridad de la región.

Con la Operación Martillo de Medianoche, Estados Unidos demostró su papel indispensable. Pero muchos en la administración Trump quieren que Estados Unidos deje de ser el policía del mundo o al menos concentre sus recursos en el Pacífico para contener a China. Vance, una voz importante entre esos “moderados”, dijo que la naturaleza del régimen de Irán es una cuestión que debe decidir el pueblo iraní. Pero añadió: “Si Irán está desesperado por construir un arma nuclear en el futuro, tendrá que enfrentarse a un ejército estadounidense muy, muy poderoso”. Una intervención dramática seguida de un alto el fuego dramático no equivale −todavía− a una paz duradera.

