Marcado por avances tecnológicos y renovadas ofensivas en el terreno, este conflicto marca una nueva perspectiva de guerra
Lejos de una negociación efectiva, el conflicto de 1.462 días continúa con ataques directos. El Ejército ucraniano continúa con la reconquista de ocho localidades y 400 kilómetros cuadrados en dirección a Oleksandrivka desde finales de enero. A su vez, Rusia continúa atacando infraestructuras ucranianas, como centrales eléctricas y de transporte.
En el plano militar y político, el presidente ruso, Vladímir Putin, opta por el desarrollo tecnológico y el refuerzo de sus Fuerzas Armadas, tras los golpes de drones ucranianos en Bélgorod. Mientras tanto, se prepara una nueva ronda de negociaciones para la última semana de febrero, incluyendo un posible intercambio de prisioneros.
El nacimiento de una región y de un conflicto
Su origen se remonta a la historia reciente de la región ucraniana, vinculada a la desintegración de la Unión Soviética (1991). Definiendo así las fronteras nacionales en Europa del Este. Desde entonces, Ucrania ha buscado consolidar su independencia y acercarse a instituciones internacionales como la Unión Europea y la OTAN, mientras Rusia ha reivindicado su influencia sobre los territorios que considera estratégicos y de “interés histórico”.

Una situación agravada tras la anexión de Crimea por parte de Rusia (2014) y el estallido de la guerra en el Donbás, donde grupos separatistas apoyados por Moscú se enfrentaron al ejército ucraniano. Estas tensiones, acumuladas durante años, se desató en febrero de 2022, cuando Rusia lanzó una invasión a gran escala, marcando el inicio de la fase más sangrienta y prolongada del conflicto.
La acusación de Zelenski a Putin
Los intentos de negociación en este conflicto se han llevado a cabo de forma intermitente durante estos años. Las reuniones formales se han celebrado en varias ocasiones, mediadas por terceros países (como Estados Unidos, Turquía o Suiza). Aun sin un acuerdo definitivo. Esto ocasionado por las demandas de cada bando. Mientras Ucrania exige recuperar la totalidad de su territorio ocupado y garantías de seguridad internacional, Rusia condiciona cualquier alto en fuego a la cesión de regiones estratégicas (Donbás, Jersón o Zaporiyia).
A pesar de estas dificultades, el jefe de gabinete de Zelenski, presidente ucraniano, ha adelantado una posible reunión a final de semana. Pese a esto, los expertos afirman que, pese a la voluntad de diálogo, las posturas de ambos Estados dificultan un desenlace que beneficie a ambos. Llegar a un acuerdo solo será posible cuando una de las partes ceda, lo que no está previsto para ninguno de los involucrados.
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Mientras el conflicto se desarrolla, la comunidad internacional mantiene su apoyo sostenido a Ucrania, en los diferentes ámbitos militares, financieros y diplomáticos. La Unión Europea ha aprobado paquetes de asistencia económica y militar que incluyen préstamos, ayudas directas y sanciones a Rusia. Mientras, organismos como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la OTAN siguen promoviendo el respeto a la soberanía ucraniana.
Además, mantienen el conflicto como tema constante de debate y seguimiento en los foros internacionales. Como ejemplo más reciente, el Gobierno finlandés concederá 20 millones de euros en ayuda humanitaria a Ucrania. Con el motivo de contribuir a aliviar la «crítica situación», el Ejecutivo finlandés señaló como decisivo los ataques rusos a la infraestructura energética, dejando así a millones de personas sin calefacción, electricidad o agua.
No obstante, el país que ha mantenido un papel activo como mediador político, ha sido Estados Unidos. Además de proveedor clave de asistencia militar y financiera para Ucrania. Aun así, Washington ha conservado sus canales diplomáticos con Moscú, gestionando algunas cuestiones estratégicas como seguridad nuclear o comercio energético. Manteniendo un mínimo de comunicación que evita un conflicto directo, pero controlando la relación con ambos países.
¿Rusia fuera de juego?
Debido al foco del conflicto, Rusia enfrenta un aislamiento mediático en múltiples foros. Un ejemplo más reciente es el veto en los Juegos Olímpicos. Los atletas rusos han sido vetados de participar bajo su bandera, en esta competición y otras, participando bajo el nombre de AIN (Atletas Individuales Neutrales). Buscando así, presionar a Moscú para reconsiderar su política agresiva hacia Ucrania.
No obstante, pese a estas medidas y la ayuda internacional, Rusia ha aprovechado su derecho de veto el Consejo de Seguridad de la ONU. De esta forma, busca bloquear resoluciones que condenen sus acciones o impongan sanciones. Evidenciando el control narrativo de Rusia que no se deja atemorizar por las medidas del resto de países.

La información como arma
Pese a este apoyo mediático, la difusión de información manipulada, los deep fakes y la propaganda empeoran el conflicto bélico. Ambas partes recurren a audios o vídeos manipulados, o incluso discursos, para confundir al enemigo y moldear la percepción pública. Estos últimos se diseñan para reforzar la narrativa de cada bando. Putin enfatiza la “protección de los rusoparlantes” y el deber histórico de Rusia, mientras que Zelenski llama a la unidad nacional y a la solidaridad internacional.
Junto a ataques cibernéticos, filtraciones de correos y la difusión de noticias falsas sobre acuerdos de paz o rendiciones, la comunidad internacional ha intensificado el fact-checking (proceso de verificación de información) para separar la realidad de los relatos construidos. Este conflicto que ha permanecido durante años, ha creado una nueva forma de guerra, combinando material tecnológico para los ataques y estrategias digitales para este conflicto moderno.


