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China: ¿potencia revisionista o defensora del statu quo?

El ascenso de China cuestiona la hegemonía estadounidense, pero también revela las contradicciones de una potencia que se ha beneficiado del mismo orden internacional que pretende transformar

Mientras Pekín desafía la influencia estadounidense en Asia y reivindica un mayor protagonismo internacional, su crecimiento económico ha estado estrechamente ligado a la globalización y a las instituciones del orden liberal. Esta aparente contradicción plantea una pregunta fundamental: ¿busca China acabar con el sistema internacional actual o simplemente redefinir las reglas del juego a su favor?

Después de la disolución de la Unión Soviética en 1991, una gran parte de los líderes de las potencias occidentales pensaron que la democracia liberal había ganado definitivamente la batalla ideológica. Así lo argumentaba Fukuyama en su famoso libro “The End of History and the Last Man”. Según esta lógica, tanto el comunismo como los regímenes autoritarios eran inherentemente ineficaces en comparación a la democracia liberal occidental, ya que esta podía considerarse el sistema político más desarrollado para la humanidad. De esta manera, dicha superioridad había quedado demostrada definitivamente con la victoria del bloque estadounidense.

Sin embargo, el orden internacional liberal establecido por Occidente (bajo un momento unipolar y hegemónico de Estados Unidos) está cada vez más cuestionado. En este sentido, podemos distinguir principalmente entre potencias defensoras del “statu quo”, y potencias revisionistas que quieren modificarlo o acabar con él.

Potencias defensoras del statu quo vs potencias revisionistas

En 2014, Walter Russell Mead identificaba como potencias defensoras del sistema internacional liberal principalmente a Estados Unidos, la Unión Europea, y los aliados estadounidenses con los que este tiene acuerdos de cooperación y seguridad. Estas potencias han promovido desde el año 1991 las instituciones internacionales, el comercio internacional, la globalización, así como el equilibrio de poder establecido en ese momento.

Por otro lado, potencias como China, Rusia o Irán han desafiado este sistema con diferentes modelos de gobierno internacional desde entonces. Principalmente, buscan modificar la distribución regional del poder. Rusia, bajo el régimen de Putin, ha buscado restablecer la influencia sobre los antiguos territorios soviéticos. Un claro ejemplo es la invasión a gran escala de Ucrania de 2022. El régimen de los Ayatolás ha tratado de erigirse como el gran defensor del islam frente a la influencia americana en Oriente Medio a través de Siria y su “Eje de la Resistencia”, con Arabia Saudí y sus aliados como principales contrincantes. Por su parte, China ha incrementado en las últimas décadas la presión militar sobre Taiwán y ha tenido fuertes disputas territoriales con Japón.

Mapa mostrando la localización de Taiwán | Fuente: Wikipedia Commons

China como potencia revisionista

Para China, Taiwán tiene una importancia estratégica de especial relevancia. Cabe destacar que constituye una barrera natural que dificulta su paso hacia el océano Pacífico, al estar Japón y Filipinas bajo la esfera de influencia militar americana. Por lo tanto, un cambio en su control podría afectar directamente al régimen de seguridad de estos países. En este sentido, China estaría intentando modificar el papel de Estados Unidos en la seguridad del Pacífico, aunque Xi Jinping ha reiterado en numerosas ocasiones esta reivindicación como una cuestión únicamente de soberanía y reunificación nacional.

Otra cuestión importante es el control sobre el mar de China Meridional. China mantiene fuertes reivindicaciones marítimas que se superponen con las de otros países colindantes, como Filipinas, Brunéi, Malasia o Vietnam. Además, ha creado arrecifes e islas artificiales para controlar estas zonas, con una ampliada presencia naval y de guardacostas que constantemente tienen disputas con las autoridades de los estados mencionados. En 2016, un tribunal establecido por la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS) declaró como inadmisible la reclamación jurídica China sobre esta cuestión. Pese a ser estado miembro de UNCLOS, China rechazó esta decisión y afirmó que carecía de validez vinculante, quebrando así el derecho internacional.

Sin embargo, ¿hasta qué punto puede considerarse revisionista una potencia que, al mismo tiempo que cuestiona la hegemonía estadounidense en Asia, se ha convertido en una de las principales beneficiarias del sistema económico internacional?

China como beneficiaria del sistema internacional liberal

Sin duda, desde su inclusión en la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001, China se ha beneficiado enormemente gracias a la globalización, el comercio internacional, la deslocalización manufacturera de Occidente y las instituciones económicas internacionales del llamado “statu quo”.

Gráfica de la evolución de PIB de China desde su incorporación a la OMC | Fuente: elaboración propia a partir de datos del Banco Mundial

No obstante, el carácter revisionista de China presenta una contradicción fundamental: su ascenso como potencia económica se ha producido precisamente dentro del orden internacional que supuestamente pretende desafiar. Como muestra la evolución de su PIB nominal desde 2001, año de su entrada en la Organización Mundial del Comercio, la economía china ha experimentado una expansión extraordinaria, pasando de aproximadamente 1,3 a más de 19 billones de dólares en 2025. Este crecimiento coincide con su creciente integración en los mercados internacionales y en las cadenas globales de producción.

Esta realidad permite recuperar los argumentos de G. John Ikenberry, quien, frente a la visión de Walter Russell Mead, destaca la capacidad del orden internacional liberal para integrar a las potencias emergentes. Según esta interpretación, China no tiene necesariamente incentivos para desmantelar un sistema del que obtiene importantes beneficios. Por el contrario, su estrategia puede entenderse como un intento de transformar determinados aspectos del equilibrio internacional, especialmente el predominio estadounidense en Asia, sin renunciar a las ventajas de la integración económica global.

El sistema internacional es hoy más complejo

La dificultad para clasificar a China como una potencia completamente revisionista pone de manifiesto la complejidad del sistema internacional actual. En un mundo cada vez más multipolar, numerosos estados adoptan posiciones diferentes según sus intereses estratégicos.

India constituye un ejemplo de esta realidad. Mientras que pertenece a los BRICS junto a China y Rusia, forma parte del Diálogo de Seguridad Cuadrilateral (Quad), un foro de cooperación estratégica al que pertenecen Japón, Estados Unidos y Australia. Por su parte, Turquía es un estado miembro de la OTAN, pero frecuentemente desarrolla una política exterior propia en su entorno regional, y coopera con Rusia en diversas cuestiones.

Estos casos reflejan la importancia de conceptos como la autonomía estratégica y el multialineamiento, mediante los cuales los estados buscan maximizar sus intereses sin plegarse plenamente a aquellos del bloque al que pertenecen. De esta manera, podríamos categorizar a China como una potencia selectivamente revisionista, dejando atrás la clasificación binaria mencionada al inicio del artículo.

En definitiva, el ascenso chino pone de manifiesto las dificultades de dividir el mundo entre potencias revisionistas y defensoras del statu quo. Pekín cuestiona el predominio estratégico estadounidense en Asia, pero al mismo tiempo continúa participando en unas instituciones económicas internacionales que han contribuido a su desarrollo. Por tanto, más que plantear una transformación completa del orden internacional, China parece buscar una redistribución del poder que le permita desempeñar un papel más relevante en su configuración. Quizás la cuestión no sea si China pretende mantener o destruir el sistema existente, sino qué partes de ese sistema está dispuesta a defender y cuáles aspira a cambiar. Puede que China no busque destruir el sistema actual, sino configurarlo de manera que pueda sustituir a un Estados Unidos cada vez menos presente en este.

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